Con las prioridades entremezcladas

Por Néstor O. Scibonal.

El raudo tránsito del kirchnerismo por las últimas semanas de mayoría propia en el Congreso se asemeja a un tren fantasma para los empresarios interesados en vislumbrar hasta qué punto la política puede entorpecer las perspectivas de reactivación. Todos son sobresaltos en esta carrera contra reloj, con prioridades oficiales entremezcladas.

En menos de cuatro meses el kirchnerismo se ocupó de asegurarse el manejo de la caja fiscal (con la prórroga de la facultad de fijar retenciones, de los superpoderes, de los impuestos nacionales más importantes, la aprobación del presupuesto 2010 y la suspensión de la ley de responsabilidad fiscal) y de avanzar sobre las empresas periodísticas privadas (ley de medios). Ahora va por una reforma política a medida, precedida por una caricatura de diálogo con la oposición. También por la suspensión de la ley cerrojo, para reabrir el canje de 2005 y volver a colocar deuda, a fin de financiar el creciente deterioro fiscal.

La reapertura del canje es un avance del pragmatismo de Amado Boudou, aunque signifique un mal trago político para Néstor Kirchner. El ministro apuesta a aprovechar el abrupto cambio a favor en los mercados internacionales, donde los inversores han vuelto a buscar ganancias en los países emergentes, abunda la liquidez y baja el costo de financiamiento para el sector público y el sector privado. Si la Argentina sale del default con los bonistas que no aceptaron el canje y queda a cubierto de eventuales juicios, probablemente podrá volver a colocar deuda voluntaria a costos cuatro veces más bajos que hace seis meses, aunque dos o tres veces más altos que los que este mes han obtenido Brasil, México o Uruguay para títulos de 15 a 30 años. Boudou también se ilusiona con que una operación exitosa permitiría seguir bajando el riesgo país, mantener quieto el dólar, reducir las tasas de interés y dejar atrás la fuga de capitales, que prácticamente se frenó en septiembre y se revirtió en octubre. En este escenario favorable no descarta que algunos dólares salgan de cajas de seguridad o colchones y se vuelquen al consumo. Sería una buena manera de esperar que la futura cosecha de soja (20 millones de toneladas más que este año) vuelva a tonificar la economía y empinar los alicaídos ingresos por retenciones.

La contracara de esta mejor perspectiva está en el costo político. Si bien el kirchnerismo cuenta con número suficiente hasta diciembre para abrir por las suyas la ley cerrojo, en el Congreso se preparan para pasarle facturas por derecha y por izquierda. La oposición peronista y radical apuntará al desborde de gasto electoral, que se traduce ahora en la virtual evaporación del superávit primario por primera vez en seis años, pese a la presión tributaria récord y la estatización de la jubilación privada. Los aliados de izquierda, a su vez, ya dicen que no reconocerán la deuda con los hold outs si antes no se atiende la deuda social. Aunque este debate se producirá antes de que Kirchner ocupe su banca de diputado, le complica los planes. Prácticamente coincidirá con el viaje de Cristina Kirchner a comienzos de noviembre para la reunión del G-20 en Londres, donde se encontrará con el titular del FMI y deberá definir si su gobierno acepta o no la revisión de los números de la economía argentina. Por ahora el oficialismo se refiere con evasivas al tema, debido a sus evidentes dificultades sobre cómo presentarlo a la opinión pública. Incluso, el propio Boudou acaba de admitir que buscará financiamiento voluntario antes de cerrar el canje, aprovechando la actual euforia en los mercados externos. No sería descartable entonces que aquella instancia pueda postergarse, aunque demore la refinanciación de la deuda con el Club de París. No obstante, y para desazón de sus aliados progresistas, Kirchner se habría encargado de enviar al freezer las ideas de una reforma a la ley de entidades financieras y la aplicación de un impuesto a la renta de depósitos a plazo fijo y títulos públicos. Aquí también prevaleció el ala pragmática del Gobierno, aunque esto implica una variante política. Dicen que Néstor Kirchner está reemplazando el eslogan de "vivir con lo nuestro" por la aceptación de otra regla: a mayor financiamiento, más posibilidades de aumentar el gasto público (o no desacelerarlo) en 2010 y 2011, lo cual es funcional a su proyecto electoral.

La ruleta del gasto

El problema es que con un presupuesto que no marca prioridades y concentra el manejo de la caja en Olivos, la asignación del gasto sigue siendo una mezcla de discrecionalidad y misterio. Sólo cada vez que estalla un escándalo se pueden conocer algunos números, casi siempre desconcertantes. Tres ejemplos de la última semana lo demuestran.

Hizo falta la agresión al senador Gerardo Morales en Jujuy para descubrir que la organización social Tupac Amaru maneja fondos nacionales por casi 100 millones de pesos anuales para sostener a 150 cooperativas de vivienda que emplean a 3800 trabajadores y llevan construidas casi 2000 casas, además de tres fábricas, una escuela y nueve centros polideportivos. Esa cifra equivale a casi la mitad del presupuesto de la municipalidad de San Salvador de Jujuy (240 millones) y la convierte en un virtual Estado paralelo. Otra curiosidad es que esa agrupación, liderada por Milagro Sala, que negó su participación en el episodio, está encuadrada en la CTA, a la que el Gobierno sigue negando su reconocimiento como central sindical para no entrar en conflicto con la CGT.

El costo del polémico vuelo especial a Montevideo de Aerolíneas Argentinas, a su vez, resulta una minucia frente a la revelación del déficit de la compañía reestatizada, que trepa a casi 2000 millones de pesos anuales. Con esa cifra se podrían cubrir asignaciones alimentarias de 200 pesos mensuales para más de 800.000 chicos indigentes, que paradójicamente subsidian a quienes viajan en avión.

Para estimular inversiones productivas, que se desplomaron en 2009 por la recesión y la desconfianza, el Gobierno acaba de habilitar un cupo de 800 millones de pesos en desgravaciones impositivas. El monto es comparable con el subsidio que recibe la AFA (600 millones anuales) por la televisación del fútbol "gratis", pero de ninguna manera con el efecto multiplicador de una y otra actividad.

Todos estos contrastes tal vez expliquen por qué en la última encuesta de SEL Consultores apenas el 1% de las empresas consultadas calificó de muy bueno o bueno el clima de inversión, aunque casi el 60% prevea mejores perspectivas económicas para 2010. Seguramente estos temas estarán presentes esta semana en el Coloquio de IDEA, donde habrá debates entre dirigentes de otras entidades empresarias y políticos de la oposición, pero otra vez no figura en el programa ningún funcionario del gobierno kirchnerista.

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