Prioridades y alineamientos

Por Mariano de Vedia

La preocupación por la pobreza, con la expresa inquietud del Papa como telón de fondo, unifica hoy al Episcopado argentino, aunque muchos obispos responden a procedencias y estilos pastorales diversos.

En la propia Iglesia admiten que el Gobierno mismo ha contribuido a fortalecer esa posición unánime en torno del preocupante escenario de la exclusión social, con los sucesivos conflictos que dominaron la relación entre los Kirchner y los obispos.

Más allá de la relación con el Gobierno, la conducción de la Iglesia se identifica con la línea moderada, abierta al diálogo pero distante de los despachos oficiales, trazada hace ya más de una década por el arzobispo Estanislao Karlic y continuada por Eduardo Mirás y Jorge Bergoglio.

En ese estilo, prudente pero con firmeza en los mensajes, coinciden los arzobispos Luis Héctor Villalba (Tucumán), que en el último tedeum llamó a evitar la prepotencia y el atropello", y José María Arancedo (Santa Fe), a quien sus colegas suelen confiarle un papel preponderante en la redacción de los documentos.

La estratégica comisión de Pastoral Social promueve la vía del diálogo y lo pone en práctica en su propio seno, al albergar a obispos de distintas líneas de pensamiento. Integrada por nueve obispos, desde hace cuatro años está en manos del obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, que ejerce un visible liderazgo pastoral, aunque sus miembros tienen identidad propia. Lo acompañan Jorge Lozano (Gualeguaychú), identificado con Bergoglio y sensible a las problemáticas de la juventud y las drogas; Eduardo Martín (Río Cuarto), y Oscar Sarlinga (Zárate-Campana), no identificados con el progresismo.

Promotor de un papel más activo de los laicos, Casaretto reactivó la Comisión Nacional de Justicia y Paz y la puso en manos de Eduardo Serantes, que tuvo una activa participación en la Mesa del Diálogo y hoy trabaja en la búsqueda de consensos y diálogo con los sectores de la sociedad civil.

Aunque tiene independencia y autonomía, Caritas es una pieza vital del andamiaje social de la Iglesia. Con más de 2000 voluntarios y una presencia en todo el país, atiende uno a uno a los pobres y es encabezada por monseñor Fernando Bargalló (Merlo-Moreno), plenamente identificado con Casaretto, su antecesor.

Tanto como la pobreza, el problema de la droga y la delincuencia es una preocupación prioritaria transmitida por Bergoglio a los obispos y sacerdotes. La reciente creación de la vicaría para las villas, en manos del padre Pepe Di Paola, marca una jerarquización de la inquietud por la realidad social que hoy domina en la Iglesia.

Obispos más centrados en el aspecto moral y doctrinario de la Iglesia tienen asignadas otras comisiones. Así, el arzobispo Héctor Aguer (La Plata) conduce el área de Educación, un tema delicado para la Iglesia, y de su voz han surgido los cuestionamientos a la política de educación sexual promovida por el Gobierno en las escuelas.

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