¿El principio del fin?

Por Mariano Grondona

Hay dos interpretaciones sobre la elección del domingo en Catamarca. Una, que llamaríamos "minimalista", es la del Gobierno. Según la interpretación minimalista, aquí no ha pasado nada que sea relevante para la elección crucial de octubre porque la derrota del kirchnerismo en aquella provincia tiene solamente un alcance local. Según la interpretación "maximalista", al contrario, en las urnas de Catamarca se ha manifestado un proceso de alcance "nacional": el agudo retroceso del ex presidente Kirchner, que podría marcar el principio del fin de su hegemonía.

La tesis minimalista no se sostiene porque al querer refutar la "nacionalización" de la elección de Catamarca que imputó como es habitual a los medios, el propio Kirchner ignoró que el principal responsable de la nacionalización ha sido él mismo, no sólo al presidir personalmente la campaña en Catamarca sino también al enviar a uno de sus máximos referentes en el Gran Buenos Aires, el intendente de José C. Paz Mario Ishii, a capitanear el desembarco oficialista en la provincia.

Obsérvese que lo que ha fracasado en la elección del domingo es el modelo de operación política que tantos frutos le había dado al kirchnerismo hasta ahora. La rotunda derrota de Ishii y los suyos en Catamarca, ¿no podría estar anunciando entonces el rendimiento decreciente del clientelismo kirchnerista hasta en el bastión territorial de su poder?

Esta inquietante perspectiva ha de estar preocupando a Kirchner porque la diáspora que lo venía afectando podría acentuarse de ahora en más. Ya hay varios gobernadores que le están pidiendo que se abstenga de participar en las confrontaciones electorales de sus provincias ¿Será posible que, para algunos de ellos, el ex presidente se esté convirtiendo en un "ahuyentavotos"? Dada su irresistible inclinación por confrontar cualesquiera sean las circunstancias, es posible que Kirchner decida pese a ello seguir participando activamente en la campaña y presentarse incluso él mismo como candidato, pero este empecinamiento, ¿no podría incentivar aún más la diáspora que está diezmando a sus partidarios?

Cambiar de bando con prontitud ha sido una de las características salientes de más de un dirigente justicialista. Este hábito, al que cuando no lo favorece Kirchner llama "traición", marcó en Catamarca un nuevo "récord" porque, si la famosa "traición" de Borocotó quedó como un registro hasta el domingo inigualado por su celeridad, esta vez Barrionuevo y Saadi lo superaron holgadamente al cambiar dos veces de bando en una cuestión de horas.

Si la tesis minimalista sobre Catamarca, por lo visto, no se sostiene, falta un buen trecho para que se concrete la tesis maximalista de la que hablábamos al comienzo, ya que la oposición deberá aprobar aún importantes asignaturas pendientes para superar la enconada resistencia de Kirchner antes de que podamos afirmar sin sombra de dudas que el país ha entrado de lleno en el poskirchnerismo.

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