Los primeros borradores de la biblia K

Por Carlos Pagni

Como a todo régimen que alcanzó su alto imperio, al kirchnerismo le está haciendo falta un libro. Muammar Khadafy consagró el Libro Verde de la revolución Libia. Hugo Chávez mandó a escribir un Libro Amarillo de la política exterior bolivariana. Juan Domingo Perón contó con su Libro Azul y Blanco, respuesta al detractor Libro Azul, que había hecho escribir Spruille Braden para que el Departamento de Estado conociera al peronismo. Hasta Carlos Menem quiso tener su Libro Blanco, pero lo frustró aquel empresario que se negó a suscribirlo por razones morales -y que reconoce no haber tenido inconvenientes posteriores por eso-

Los Kirchner están llegando un poco tarde a esa instancia literaria, pero Carlos Zannini se propuso cubrir esa falla. El secretario legal y técnico debe sostener la fama de intelectual que le han creado. Además, Mao Tse-tung, precursor de Néstor Kirchner como objeto de su veneración, también tuvo un Libro Rojo.

Para llevar el ADN del oficialismo la iniciativa debía ser hija de una urgencia, no de un plan. La idea de redactar un texto con los logros materiales y conceptuales de las dos administraciones Kirchner es la respuesta a un vacío de la campaña electoral del Gobierno. En Olivos advirtieron que los candidatos de todo el país, pero en especial los de la provincia de Buenos Aires, carecen de un hilo argumental preciso para enfrentar a sus adversarios y zafar frente a la prensa. Sobre todo cuando al postulado "hay que plebiscitar el modelo" le sigue la pregunta "¿qué modelo?"

Zannini propuso: "Hagamos algo, hagamos un plan" (de tantos carteles que colgó Francisco de Narváez, hasta a los kirchneristas de paladar negro se le pegan ciertas consignas). Kirchner, para quien toda coordinación de voluntades puede ser la semilla de un complot, en este caso admitió que se hiciera una reunión entre sus funcionarios.

Zannini convocó a un grupo de leales en la Casa de Santa Cruz, el lunes pasado a las siete de la tarde. Allí estaban la ministra de la Producción, Débora Giorgi; el director de la AFIP, Ricardo Echegaray; su segundo, Iván Budassi, actual candidato a diputado provincial por la sexta sección de Buenos Aires; la ministra de la Producción bonaerense, Cristina Alvarez Rodríguez; el jefe de Gabinete de Daniel Scioli, Alberto Pérez; Gustavo Marangoni, vicepresidente del Banco Provincia, y un par de expertos provenientes de las ciencias políticas, entre otros.

Zannini ocupó casi todo el tiempo -una hora y media?en arengar a los presentes, como si fueran infieles. Les recordó que "si antes la pelea era entre patria y antipatria, ahora es modelo o antimodelo". Lección para oficialistas empedernidos: cada vez que "El Chino" Zannini se refería a "el modelo" anexaba la jaculatoria "que lleva adelante Cristina y que conduce Néstor Kirchner". En las últimas semanas la fórmula lleva una especie de nota al pie: "?y que apoya Daniel". Un tributo al abnegado Scioli, que el lunes se repitió como un guiño para los bonaerenses Pérez, Marangoni y Alvarez Rodríguez.

Una vez que postuló la existencia de dos veredas, Zannini identificó al que, a su juicio, es el principal vecino de la de enfrente: "Allá están los medios, con Clarín a la cabeza". Estaba entusiasmado el cordobés. Por un momento pudo dejar los expedientes y dictámenes para volver a ser el jefe de aquella unidad básica "Los Muchachos Peronistas", casa matriz del kirchnerismo santacruceño, donde él abjuró del maoismo.

Después de recordar las consignas más belicosas de la campaña oficial, Zannini se quejó: "Los medios de comunicación no quieren contar nuestros logros, así que los tendremos que explicar nosotros en cuanta ocasión se nos presente". Pidió, entonces, a sus catecúmenos que aporten ideas, cifras, sentencias, para redactar una especie de breviario, destinado predicar el kirchnerismo desde ahora hasta el 28 de junio. El documento obligará a negociaciones literarias: esta biblia debe representar al mismo tiempo a peronistas como Hugo Curto y a comunistas como Carlos Heller. Tal vez esta vez haya que aceptar la máxima de Guillermo Moreno: "Jamás dejar algo por escrito".

En su discurso, el abogado de los Kirchner identificó, con argumentos que demuestran que a esa hora lo gana un poco el cansancio, que se debe "apuntar a la clase media y aprovechar que el radicalismo se olvidó de ella". Zannini casi incurre en la cita de "los que se fueron en helicóptero", que tanto agrada a su jefe; pero pareció detenerse ante los ojos saltones de la ministra Giorgi. Ella se revolvió en su asiento y enseguida llevó agua para su molino: "Carlos, la clase media son las pymes. Tenemos que aprovechar y divulgar todo lo que estamos haciendo por las pymes desde el ministerio".

Para seguir las costumbres de Olivos, nadie sirvió nada. En un rincón había una mesa con un termo de botón, al parecer con café, rodeado de tres o cuatro vasitos de plástico. De lejos se sentía que estaba frío. Nadie se sirvió. Para que el kirchnerismo y su libro se inscriban en alguna tradición, Zannini y el resto de los funcionarios comenzaron a planear un homenaje a dos clásicos del nacionalismo de los años 40, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz.

Desde un ángulo del salón, una cuarentona, morocha de buen porte, la socióloga Juliana -la mayoría de los presentes no alcanzó a escuchar su apellido-, insistió: "Además de acordarnos de los intelectuales, tenemos que divulgar la obra de gobierno. Aprovechar que la tenemos a Nacha, que le entra tanto a la clase media, a las separadas? Ella sí que comunica. En cambio nosotros, de tanto hacer y hacer, a los bifes, nos olvidamos de contarlo. Porque, y disculpáme Carlos que haga una autocrítica, nosotros no sabemos comunicar".

Se ve que Zannini odia las generalizaciones -o las autocríticas- porque enseguida aclaró: "No siempre es así, y no lo digo porque esté él presente, pero las publicidades de Echegaray en la AFIP son todas geniales".

Los integrantes de este pequeño comité de campaña quedaron en hacer los deberes para el martes. Ese día volverán a reunirse con los primeros borradores del libro? Curioso: aún nadie eligió un color para el nuevo katecismo.

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