Primero están las elecciones, después la crisis

Por Hernán De Goñi,

Cuando el Gobierno instaló la amenaza de crear un organismo que se haga cargo del comercio exterior de granos, la primera lectura que causó fue bastante lineal. Con el fantasma de la Junta Nacional de Granos como telón de fondo, parecía una movida destinada a amedrentar a la dirigencia del campo, que luego de su encuentro con Débora Giorgi y Florencio Randazzo había quedado bastante desanimada por la escasa perspectiva de cambios en la política agropecuaria.

La segunda lectura que surgió estaba en línea con una obsesión personal de Néstor Kirchner: forzar la venta de la soja que los productores todavía mantienen en sus silos, y generar una liquidación de divisas que aligere la presión de demanda que hoy sólo sostiene el BCRA.

Sin embargo, y aunque nadie ofreció precisiones sobre este proyecto, esta claro que para conseguir el efecto deseado más que nacionalizar la operatoria habría que expropiar los granos, algo que ningún juez avalaría.

Lo que sí podría hacer un ente como el imaginado en la Quinta de Olivos es recrear los “precios sostén”, con el objetivo de garantizarle un mejor ingreso a algunos productores (aquellos a los que decida comprarle el Estado). Esto, ni más ni menos, es equivalente a bajar las retenciones para algunos, aunque con el único formato digerible para el kirchnerismo: otorgado como un gesto bondadoso de redistribución y ejecutado con discrecionalidad política.

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