Primero la denuncia, después el silencio

La gravedad de la denuncia que hizo José Pihen sobre el presunto pago de "sobresueldos" a funcionarios del Gobierno de Juan Schiaretti amagó con tener derivaciones impensadas.
Pero el tema no fue más allá de una bravuconada del jefe del Sindicato de Empleados Públicos, ensayada al fragor de una protesta callejera en reclamo de una suba salarial para los dependientes de la administración.

Pihen, uno de los más experimentados caciques del sindicalismo cordobés, debió tener alguna información precisa para lanzar aquella "bomba". Pero optó luego por minimizar su propia presunción y refugiarse en un sugestivo silencio.

De la misma forma, ningún exponente de la oposición política en la Provincia –léase el juecismo y el radicalismo– tomó la denuncia para pedir explicaciones al Ejecutivo sobre una práctica que, sin bien no sale de los límites del rumoreo, se sospecha que es tan habitual como de vieja data.

Un dirigente ligado al juecismo confió –con el compromiso de no revelar su nombre– que durante el gobierno de José Manuel de la Sota se pagaba a los ministros, secretarios y directores, un "plus" que orillaba el valor de un sueldo, además de "viáticos" sin rendición de cuentas.

En distintos tramos de aquella gestión, Luis Juez se desempeñó como director de Vialidad Provincial y luego como fiscal Anticorrupción. Se fue del gobierno delasotista en medio de un escándalo y destilando acusaciones de corrupción contra funcionarios de aquella administración.

Nada dice que el hoy senador nacional electo y líder del Frente Cívico haya sido uno de los beneficiarios de aquellos presuntos emolumentos extras. Pero, ¿no hubiera sido prudente que, tras las graves sospechas disparadas por Pihen, Juez saliera a dar su versión de los hechos para poner algo de claridad sobre la cuestión?

El propio Schiaretti quedó incomodado por los dichos del jefe del SEP, ya que fue vicegobernador de De la Sota y hoy ocupa el sillón que le cedió su ex aliado. El silencio ganó también a empinados dirigentes del radicalismo que se desempeñaron en puestos clave del Ejecutivo durante los gobiernos de Eduardo Angeloz y Ramón Mestre.

¿Lo de Pihen fue apenas fuego de artificio o se trata de una denuncia que, por su contenido, merece un debate antes que pase al olvido irremediable?

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