Primeras señales de un renacer en Haití

Comenzaron a reabrir algunos comercios y bancos; el gobierno reubicará a 400.000 damnificados en las afueras de Puerto Príncipe
PUERTO PRINCIPE.- Las hermanas haitianas Dania y Mathania Gabrielle, de 17 y 15 años, tuvieron que crecer de golpe. Ya sin escuela a la que ir, porque quedó en ruinas tras el sismo, salieron a vender frutas y verduras en un puesto callejero frente a la plaza Saint Pierre, el mismo sitio en el que duermen por la noche.

"Nuestros padres ya no están y nadie nos ayuda. Necesitamos el dinero para sobrevivir", cuenta Dania, que ofrece mangos a buen precio. En la misma cuadra, repleta de gente, los comerciantes volvieron a vender pan fresco, gaseosas y remeras.

Aunque a paso muy lento, Puerto Príncipe empieza a despertar de la pesadilla que vive desde que fue asolada por el terremoto hace más de una semana. En las calles se advierte cada vez más venta de alimentos y bebidas; varios supermercados reabrieron; los bancos que quedaron en pie lo harían desde mañana y miles de haitianos que aún resisten en los precarios campos de refugiados atiborraron ayer las ventanillas de las agencias donde empezaron a llegar envíos de dinero desde el extranjero.

"Hace dos días que con mi abuela y mi hermano no comemos. Con los dólares que me mandó mi hermana desde Miami podremos sobrevivir por lo menos un mes", dijo a LA NACION Jean Baptiste Kerlens, de 28 años, que pasó largas horas en la fila de Sogé Express, en Petion Ville, a la espera del dinero. Ya antes del terremoto, muchas familias haitianas dependían de las remesas, sobre todo, las que llegaban de Estados Unidos, donde viven 800.000 haitianos.

Una de las principales preocupaciones de las autoridades es inyectar varios millones de gurdas (la moneda local) en la devastada economía haitiana para encender el motor del consumo y, eventualmente, de la reactivación. Como primera medida, el gobierno abrió ayer ventanillas provisionales del Banco República de Haití, en el centro de Puerto Príncipe, junto a los escombros de lo que era el Parlamento, bajo fuerte controles.

Allí sólo se podían depositar cheques y dinero y retirar un monto limitado de efectivo. Hoy será el turno de los bancos comerciales en las provincias y mañana en la capital.

También con una estricta vigilancia, varios supermercados reabrieron en los últimos dos días en distintos barrios. Pero todos enfrentan el mismo problema. "Sólo cash", advierte un cartel en la entrada del Foodmax en Delmas. "Todavía no viene mucha gente porque casi no circula efectivo. Abrimos sólo cuatro horas por día. Mantener abierto el supermercado exige mucha energía y el precio del combustible para los generadores se ha disparado", dijo a LA NACION Allen, el encargado del negocio.

Quejas por los precios

Antes del sismo, el litro de nafta costaba poco más de un dólar; ahora el precio se ha disparado a casi tres dólares en la reventa. En los grandes supermercados ya se puede ver carnes, lácteos y productos envasados, pero los haitianos también se quejan por el fuerte aumento de los precios de los alimentos después del terremoto. Opciones más baratas se consiguen ya en las propias carpas de los campos de refugiados, donde se pueden comprar o intercambiar alimentos.

"Aquí viven las personas del barrio, no hay delincuentes", dijo a LA NACION Abigahille, como la llaman los vecinos, mientras prepara un guiso de arroz, maíz blanco y carne de cerdo en la plaza Crevou. "Les vendo porciones a los que van consiguiendo algunas gurdas. Pero son muy pocos. No hay nada de trabajo y nada de dinero", agregó.

Mientras los haitianos intentan retomar su vida después de la tragedia, el gobierno ya empezó las tareas para mejorar las condiciones sanitarias en los campamentos provisionales de la capital e iniciar luego la reubicación de la población. En la plaza Saint Pierre ayer ya no se quemaban las pilas de basura acumuladas en las calles. Por primera vez desde el sismo habían llegado dos camiones recolectores, según contaron los vecinos.

También allí se instalaron baños químicos ante el creciente temor a la propagación de enfermedades. "Una vasta operación está en marcha. Vamos a reubicar a los sin techo", dijo el ministro del Interior haitiano, Paul Atoinne Bienaimé, que explicó que ya se crearon algunos campamentos en las afueras de la ciudad para unos 10.000 damnificados.

Para transportarlos hacia el Norte y el Sur desde la capital, el gobierno contrató decenas de ómnibus. Se calcula que por lo menos 500.000 personas perdieron sus hogares sólo en la capital, donde se levantaron 480 campos de refugiados, según la Organización Internacional de Migraciones (OIM). El plan de reubicación está cargo de la Dirección Nacional de Agua Potable y Saneamientio (Dinepa), que dirige el argentino Sergio Mazzucchelli. "Como solución provisional ya se están instalando miles de letrinas en plazas y parques y están en evaluación varios lugares fuera de Puerto Príncipe para construir refugios y que finalmente la gente pueda abandonar los campamentos", dijo a LA NACION Mazzucchelli.

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