Primera pulseada por el plan económico con los republicanos

Obama fue al Congreso a apurar a los legisladores por su paquete anticrisis.
Durante su campaña electoral, Barack Obama dijo que es necesario terminar con los enfrentamientos ideológicos en Washington y que la crisis económica requiere que demócratas y republicanos trabajen juntos en la búsqueda de un camino que permita superarla de una manera bipartidaria. Pero ¿qué hará Obama si los republicanos insisten en oponerse al paquete de reactivación económica que presentó al Congreso? ¿Está dispuesto a ofrecer concesiones o, por el contrario, prevalecerá la actitud "yo gané las elecciones"? ¿Cuánto margen de maniobra tiene? Sin duda, éste es el primer gran test de Obama.

Tras la reunión que tuvo ayer con líderes republicanos de la Cámara de Diputados, Obama reconoció que hay diferencias "filosóficas" con respecto a cómo reactivar la economía. El paquete de medidas que presentó por un total de US$ 825.000 millones prevé unos US$ 275.000 millones en recortes impositivos y US$ 550.000 millones en trabajos públicos, energías alternativas y programas para reforzar la seguridad social. Los republicanos argumentan que el recorte de impuestos tiene que ser mayor. Objetan el financiamiento de programas destinados a la contraconcepción, la asistencia para el pago del ingreso a la universidad y la renovación de los museos en Washington. Argumentan que este tipo de programas no crearán nuevos empleos.

Trascendió ayer que, durante las reuniones que tuvo con los líderes del Congreso en el Capitolio, Obama dio a entender que, si bien está dispuesto a hacer concesiones a nivel de los gastos, no concederá nada a nivel de los impuestos. Los demócratas controlan la mayoría en ambas cámaras.

Obama es consciente, sin embargo, de que los republicanos podrían obstruir el paquete en el Senado haciendo lo que llaman un "fillibuster", es decir, prolongando la discusión sobre el mismo asunto indefinidamente. Entonces la pregunta es ¿cuán lejos están dispuestos a ir los republicanos?

El índice de popularidad de Obama hoy es de 68% el más alto desde que John F. Kennedy asumió la presidencia en 1961. En el 2001, Bush tenía 57% mientras que, en 1993, Bill Clinton tenía 58%.

En ese contexto, los republicanos saben que, si obstruyen el paquete de Obama ahora, podrían pagarlo en las legislativas del 2010. Al mismo tiempo, quieren dejar en claro que no están de acuerdo con el paquete, porque si es aprobado y fracasa, podrán capitalizar el fracaso. Tanto el líder de minoría republicana en Diputados, John Boehner, y el líder de la minoría republicana en el Senado, Mitch McConnell, están haciendo equilibrios en una cuerda que está realmente floja. Si bien elogian en público la actitud bipartidaria de Obama y la apertura al diálogo y a las buenas ideas incluso si son republicanas, al mismo tiempo insisten con que están preocupados porque no creen que el paquete de estímulo sea balanceado.

El único que se ha atrevido a lanzar una virulenta y pública ofensiva contra Obama es un presentador de radio, el ultraconservador y popular Rush Limbaugh. Sin ningún tipo de preocupación electoralista, Limbaugh dijo que esperaba que "Obama fracase" y, de esa manera, capitalizó el vacío que dejó Bush. Hay estrategas demócratas que temen que Limbaugh se transforme en el perro de ataque que fue durante el gobierno de Bill Clinton y, más específicamente, durante el Sexgate. A la Casa Blanca también le preocupan unos 50 legisladores demócratas conservadores que consideran que lo más importante es reducir el déficit fiscal.

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