Por primera vez se ponen en riesgo los 180 días de clases

Desde 2003, una ley exige un calendario mínimo para todo el país. Especialistas coinciden en que la calidad se asegura con un piso de cantidad.
Estar más en la escuela implica aprender más? El debate vuelve a cobrar protagonismo hoy, cuando SUTE y Gobierno estudian la manera de recuperar los días de clases perdidos. Los sucesivos paros docentes y la eliminación de los globales jugaron en contra para el cumplimiento de los 180 días reglamentarios, que no peligraban desde que se impusieron por ley nacional en 2003.

“A efectos de que los niños no pierdan la posibilidad de adquirir los conocimientos que se esperan en un año normal de actividades, el ministerio se encuentra estudiando alternativas”.

Lo anterior bien podría tratarse de una noticia de esta semana, pero es un extracto de lo que reproducía Los Andes en abril de 1988.

Ese fue uno de los años más críticos en materia de huelga docente y la entonces ministra de Cultura y Educación, María Inés Abrile de Vollmer, debió negociar arduamente con el gremio para recuperar el casi mes y medio de clases perdido. Aunque ya en aquella época el ideal eran los 180 días, esos años los alumnos mendocinos sólo tuvieron un promedio de 140 jornadas hábiles.

Un panorama tan difícil, como el que debió enfrentar la gestión de Octavio Bordón, no se vivía hasta el presente político de Celso Jaque, claro que ahora con una ley que exige ese ciclo mínimo. Por eso, esta semana el Ministerio de Gobierno tomó la posta y tendrá plazo hasta el martes próximo para aceptar o rechazar la propuesta que el viernes le presentó el sindicato.

A cambio de que le devuelvan los descuentos aplicados, los docentes proponen recuperar los días con jornadas institucionales donde la comunidad escolar trabaje sobre valores y problemáticas que le afectan, como la violencia escolar.

Hay que aclarar, que históricamente Mendoza se ha posicionado como una de las provincias con mayor cantidad de días lectivos. Además, cuando se habla de devolver horas de trabajo, los maestros siempre advierten que en estas tierras las escuelas tienen media hora más de actividad diaria comparado con otras jurisdicciones.

Lo cierto es que la idea de definir un mínimo de jornadas para el ciclo lectivo se viene hablando hace décadas, pero recién fue a fines de 2003 que el Consejo Federal de Educación lo patentó en la ley 25.864. La medida pretendía poner a la Argentina en un pie de igualdad respecto de parámetros educativos internacionales.

Eso es lo que dice la norma, pero cuando las exigencias del calendario escolar comienzan a apretar, siempre renace el debate de si estar más tiempo en la escuela equivale a incrementar la calidad.

“Haber sumado días de clases en la Argentina no ayudó a obtener mejores resultados académicos, por el contrario, han empeorado en los últimos años. Creemos que lo que debe hacer el Gobierno es aplicar herramientas para mejorar la calidad de la enseñanza y exigir que se dé la currícula completa”, opinó Cristina Rasso del SUTE.

Hugo Duch, en cambio, sostiene que este tiempo mínimo debe ser cumplido. Al final de su gestión, en 2002, decidió sumar una semana de clases, que se incluyó desde principio de año en el calendario escolar. “No existía la obligatoriedad ni tuvimos tantos paros ese año, pero consideramos que con la crisis que el país vivía entonces era necesario sumar horas-clase”, apuntó el ex titular de la DGE.

Igual postura tomó Emma Cunietti, que ganó una semana de clases al incorporar los globales durante su mandato al frente del gobierno educativo. “La cantidad no es un efecto de la calidad, pero es una condición básica. Se necesitan más horas para generar hábitos que hoy la sociedad no está enseñando”, explica.

Los 180 días fueron un lema para la ex funcionaria,

quien recibió no pocas críticas al adelantar el inicio del ciclo lectivo en febrero, cuando “muchos ponían como argumento el tema de la cosecha”, recuerda.

Aunque ahora cueste cumplir con esta base, es el mínimo de días que se maneja en el mundo. Los países europeos y otros desarrollados plantean como piso 200 ó 210 jornadas anuales.

Incrementar el tiempo pasado en el aula es una tendencia mundial, también el reemplazo de vacaciones largas por cuatro cortas al año, como en Chile o Estados Unidos.

La pregunta, entonces, es ¿cómo hasta hace unos años los chicos aprendían lo mismo en un calendario mucho más reducido? “Se han ido sumando muchas materias a la currícula, como Inglés, Plástica, Música; por eso se volvió necesario sumar más horas de las materias claves como Matemáticas y Lengua”, especificó Cunietti.

Pero el desafío sigue, pues la nueva Ley de Educación Nacional ahora propone la incorporación de nuevos contenidos, como un segundo idioma para todos, como Educación Vial o Educación Sexual.

Comentá la nota