Por primera vez, Monsanto le gana una pulseada al Gobierno en el conflicto por patentes

La Cámara en lo Civil y Comercial Federal dijo que la firma no incurrió en un abuso cuando frenó embarques de harina y aceite de soja argentina en puertos europeos
La estadounidense Monsanto, la mayor semillera mundial, pudo celebrar ayer su primera victoria judicial de la saga de controversias que la enfrentaron desde 2005 con la Secretaría de Agricultura. El entonces titular de la cartera, Miguel Campos, había demandado a la empresa ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia por considerar que Monsanto estaba haciendo abuso de su posición en el mercado cuando intentó frenar embarques de harina y aceite de soja argentina a su llegada a los puertos europeos para reclamar el pago de regalías por las semillas de la oleaginosa vendidas en el país de origen. Pero la Cámara en lo Civil y Comercial resolvió en un fallo que se conoció ayer que “no existen en esta oportunidad elementos de juicio que sean suficientes para determinar que Monsanto Company y/o Monsanto Argentina hubieran incurrido en alguna conducta contraria a la defensa de la competencia”.

Daños y perjuicios

Además de de frenar embarques en puertos europeos, Monsanto demandó a importadores ingleses, españoles, dinamarqueses y holandeses, entre otros, por comprar productos derivados de soja argentina, país donde no podía –y aún no puede– generalizar el pago de los derechos.

Estos juicios que, por ejemplo, la enfrentaron con Cargill en Inglaterra, culminaron con una serie de reveses en primera instancia para la semillera. Monsanto optó por solucionar el conflicto judicial mediante un acuerdo entre privados en el caso de Cargill, apeló el fallo en España y en Dinamarca está a la espera de definiciones, aunque con poco optimismo.

Pero mientras Monsanto buscaba perjudicar a los compradores, los importadores europeos buscaban reaseguros en los productores locales. Así, según había denunciado la Federación Agraria Argentina (FAA), los importadores de ese continente comenzaron a descontar a los productores hasta u$s 90 en el valor de la soja para cubrirse de posibles fallos favorables a Monsanto. Entonces, Campos comandó la presentación de la Argentina como parte interesada en los juicios iniciados por Monsanto. En esta presentación, obtuvo la adhesión de la FAA, entidad que históricamente defiende el llamado uso propio –sin pago de regalías– de las semillas por parte de los pequeños productores.

En paralelo, el ex secretario presentó la demanda en la Comisión de Defensa de la Competencia.

Para Monsanto, todo el proceso fue un golpe en términos de imagen pública, pero la empresa evitaba así presiones desde otros países, como los Estados Unidos, Brasil y Paraguay, con los que tiene acuerdos de pago de regalías. En la Argentina más del 98% de la soja que se cultiva es transgénica.

En un comunicado, Monsanto indicó ayer que seguirá trabajando por desarrollar “una plataforma sólida que permita el lanzamiento de nuevas tecnologías que le otorguen una mejor rentabilidad al productor”.

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