PRIMERA B / ITALIANO CAMPEON La famiglia unita

PRIMERA B / ITALIANO CAMPEON La famiglia unita
El pueblo tano vivió uno de los días más felices de su vida: Sportivo Italiano le ganó a Flandria y subió a la B Nacional después de 11 años. La fiesta, toda azzurra.
La primera imagen muestra a unos tipos saltando. Vestidos de azul, saltando. Están adentro de la cancha. Son los protagonistas estelares. La segunda, a más tipos (bueno, mujeres también) saltando, llorando. En este caso, del alambre hacia el otro lado. Por ahí anda un canoso, con barba candado. Todos lo besan, le palmean la espalda, lo abrazan. Claro, amici, Italiano es de la BN. No es sueño, de la mano de Oscar Blanco es realidad. Por eso los tipos festejan, los hinchas están felices. Eduardo Gutiérrez ya le bajó la persiana a un partidito. Pero el 2-1 a Flandria es suficiente para retornar a la categoría luego de 11 años. Sufridos, pero bancados con el sacrificio de una colectividad que le pone el pecho al laburo.

Cuando los abuelos vinieron de Europa trajeron los genes. Los mismos que se ven ahora en la platea. La sangre tana. De hecho, en las duras butacas de cemento saltan varios de esos abuelos. Y por ahí andan los hijos, los nietos, algunos con doble ciudadanía para no olvidar jamás las raíces. Las raíces del esfuerzo. Mudarse, hacer miles de kilómetros y empezar de nuevo. Volver a pararse. A hinchar por un equipo que, casualmente (o no), mostró como principal característica el sacrificio, para mantener la línea sanguínea de un pueblo.

Y ahí va la vuelta olímpica, entonces. Con los referentes (Anconetani, el Chueco Blanco, Saccone). Con los otros jugadores de experiencia. Con los más pibes. Cachín no para de recibir besos y de dar notas. Los jugadores se cuelgan del alambrado para sacarse el grito de adentro. "Y dale ACIA", se escucha. "Otra vez será, Mataderos, otra vez será". Y, de nuevo, vuelta olímpica.

Un plantel unido. Un cuerpo técnico que trabajó a largo plazo. Un equipo que estaba al borde del descenso en el 2007, cuando llegó Blanco, y hoy disfruta. "El Tano ya salió campeón", la gente no le da respiro a su garganta. "Vení, vení, cantá conmigo, que de la mano de Cachín...", siguen las voces. La fiesta es interminable dentro del campo. Los jugadores se agrupan y le apuntan al DT: lo llevan en andas, lo revolean como novio en casamiento. "Tomala vos, dámela a mí, es el equipo de Cachín", la hinchada acompaña.

Está como nunca el estadio, colmado. Abuelos, hijos, nietos, la tanada completa. Ahora, todos de la mano. Rondita primero, corriendo para zambullirse en el césped después. Aluvión de aplausos para Saccone, saludo cortez. Lluvia para Anconetani, éste sí que es de pura cepa. "Italiano se va de la B para nunca más volver", se corea.

El salón de fiestas, entonces, se arma en el vestuario. Y D'Antonio, el presidente, tiene que atender un "pequeño" reclamo: "Queremos premio la...", durito. Y más: "Seiscientas lucas para el campeón", se pide, cuando el presi habló de 200.000 y un tutú.

Pero el carnaval no se detiene por plata. Agua, gritos, reporteros-futbolistas. Manteca Martínez, el más dormilón, está bien despierto. Leo y Seba Gómez ni se acuerdan de la comida, uno de sus "hobbys". Rodas está como siempre: jodón. Larroque y Velázquez madrugan a todos para saltar, como cuando cada mañana se levantan de la cama. Anconetani intenta mantener la línea de referente, no lo logra. El profe Pontoriero pregunta si falta mucho porque se quiere ir a dormir. Todos aplauden porque Fabio Pillani, uno de los ayudantes, no está roncando.

Fiesta en el vestuario. Arriba descansan el metegol, la mesa de ping pong y la que pasó horas sosteniendo las cartas en esos maratones de póker. Alguno le recuerda al doctor Cacho Puebla que se tiene que afeitar el bigote, él se niega. El grupo demostró en el césped la unión que trabó en el día a día, en la intimidad, en cada habitación de la concentración del estadio. En cada apodo que salió a la luz: Musculito (Leiva), Mancuerna (Schmidt), Pelo (Fontenla), Tom y Gerry (Britos y Saccone). En cada asado de los jueves, hecho por el utilero Gustavo. En cada torta de coco y dulce, tiramisú o frutillas con crema, que elabora la señora de Saccone y el Negro lleva de postre, previo pago del plantel, claro. Por algo lo tratan de "poco gastador" y hasta dicen que "no paga ni el peaje". En cada cábala: Anconetani estuvo 25 partidos sin cambiarles los tapones a los botines. Y cuando lo hizo, perdieron con San Telmo. El plantel es una familia. Y la buena onda es tal, que un día Rodas se disfrazó de Saccone, con calza, vincha y todo, y generó la carcajada.

No hay fideos, no es domingo, pero sí está la familia. La italiana, la de los jugadores, no falta nadie porque se olía que éste iba a ser el día de la consagración. El equipo laburó el torneo como un abuelo inmigrante. Lo fue amasando, le puso el corazón. Y el premio, como con aquellos tanos que armaron buena parte de la historia argentina, está a la vista. Italiano es Nazionale. Así, en italiano, pero en la Argentina.

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