En su primer viaje a Europa, Obama enfrenta un mundo más desafiante

En su primer viaje a Europa, Obama enfrenta un mundo más desafiante
A pesar de su popularidad, es blanco de críticas tanto de sus aliados como de sus adversarios
WASHINGTON.- Mientras prepara su primer viaje a Europa como presidente de Estados Unidos, Barack Obama enfrenta desafíos al poderío norteamericano desde varios frentes, con aliados y adversarios por igual, envalentonados ante las penurias económicas del país.

A pesar de su inmensa popularidad en todo el mundo, cuando aterrice mañana en Londres para la cumbre del G-20, Obama se encontrará con el resentimiento que despiertan el capitalismo al estilo norteamericano y los recelos por los remedios que ha propuesto para paliar la crisis. Y cuando hacia fines de esta semana se reúna con la OTAN, ni siquiera intentará convencer a la alianza militar de destinar más tropas a Afganistán.

No es probable que regrese con resultados de sus esfuerzos por iniciar un diálogo con los líderes de Irán, que hasta ahora han respondido con dura retórica. Y tendrá que ponerse a prueba en encuentros cara a cara con los representantes de China y Rusia, que se preguntan hasta qué punto ha decaído la capacidad de Estados Unidos para dominar la agenda global.

No es muy probable que Obama presione a otros países para que se comprometan a gastar más fondos para estimular sus propias economías, a pesar de que a Washington vería con buenos ojos que los países europeos aumentaran su gasto para intentar generar una recuperación económica mundial.

"Nadie le está pidiendo a ningún país que venga a Londres a comprometerse a hacer más en este momento", dijo Michael Froman, viceconsejero de seguridad nacional. En cambio, los líderes del mundo sí intentarán "hacer todo lo necesario para restablecer el crecimiento global", añadió.

Las voces desafiantes surgen, en parte, por el descontento que aún persiste por el modo en que el gobierno de Bush hizo uso del poderío norteamericano. Pero se han intensificado aún más por la sensación que existe en muchas capitales de que Estados Unidos ya no está en condiciones de dictar a otras naciones qué modelo de política económica deben aplicar, ni de imponer su voluntad en otros ámbitos, como la guerra en Afganistán.

"Hay en este momento un desafío directo a los paradigmas que Estados Unidos ha tratado de venderle al resto del mundo", dijo Eswar S. Prasad, ex jefe de la división de China del Fondo Monetario Internacional (FMI). El colapso bancario en Estados Unidos, que precipitó la crisis mundial, ha llevado a un replanteo fundamental del "estilo norteamericano" como modelo para el resto del mundo. Pero si bien su presencia despierta oposición a determinadas políticas estadounidenses, Obama es recibido por muchos europeos como la encarnación de los ideales de Estados Unidos.

"El resto del mundo anhela su llegada", dijo Kenneth Rogoff, economista de Harvard. "Por un lado, lo criticarán, y criticarán el modelo estadounidense. Pero todos quieren escuchar que será capaz hacer milagros".

La encrucijada ha dejado a los asesores de Obama debatiendo de qué manera el presidente podría proyectar tanto la potencia estadounidense como el nuevo modelo internacional cooperativo que su equipo viene prometiendo. Obama intentará demostrar confianza en que su programa de estímulo funcionará, aunque admitirá que llevará tiempo. Dirá que ya ha puesto todas las piezas en su lugar para arreglar la economía estadounidense, pero reconocerá que en un sistema global las naciones no pueden construir muros para proteger su economía individual.

Robert D. Hormats, vicepresidente de Goldman Sachs, dijo: "El presidente debe demostrarle al mundo que entiende que el asunto no es solamente salvarnos a nosotros mismos".

Y Obama debe hacer todo esto en medio de una recesión mundial por la que casi todo el mundo culpa a Estados Unidos. "El buen nombre de Estados Unidos ha sufrido las consecuencias de esta crisis, y el resto del mundo ya no está dispuesto a quedarse callado mientras Estados Unidos le da clases sobre cómo debe conducir su política económica", dijo Rogoff.

Un funcionario de Obama reconoció que al presidente le resultará más difícil exhortar a otros países a que adopten el modelo estadounidense. Pero Robert Gibbs, vocero de la Casa Blanca, dijo que Obama irá a Londres para "escuchar, además de liderar".

En el pasado, funcionarios estadounidenses viajaban a la India, Brasil, China y Sudáfrica para sermonear sobre la necesidad de los mercados abiertos, el libre comercio y la desregulación. Pero ahora, algunas de esas mismas políticas -particularmente, la desregulación- son consideradas culpables del reciente colapso.

"Los mercados emergentes creen ahora que pueden hacer lo que quieren sin ser presionados por Estados Unidos", dijo Prasad. Para Obama, el problema se agrava debido a que el camino que ha elegido para sacar a su país de la crisis -un alto nivel de gasto público- no está al alcance de otros países. Los gobiernos europeos se muestran mucho más escépticos ante los enormes programas de estímulo porque ya tienen importantes redes de seguridad social y más temor a la inflación que Estados Unidos.

Así, cuando Obama se reúna con otros líderes en Londres, enfrentará una división filosófica, con Estados Unidos a la defensiva, no sólo en temas como el comercio y la regulación financiera, sino también en asuntos de seguridad nacional y diplomáticos.

Después de Londres, Obama viajará a la frontera franco-germana para una cumbre de la OTAN, en momentos en que los aliados europeos buscan retirarse de Afganistán cuando Estados Unidos envía más tropas y dinero.

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