El primer veto

Por Mariano Grondona

El trámite a través del cual el oficialismo empezó por aprobar la eliminación o la reducción de las retenciones a vastas zonas que sufren sequía en el Congreso para anular después este beneficio mediante el veto del Poder Ejecutivo, ¿fue una "comedia" o un "drama" de enredos? Si hubiera estado en juego un tema menor, las burdas marchas y contramarchas que acompañaron a este proceso habrían permitido esbozar hasta una pícara sonrisa. Pero el tema no era menor por dos razones. Una, porque permitió a los Kirchner confirmar con inusual prontitud su implacable aversión al campo. La otra razón es que, al recurrir con urgencia al veto contra una decisión que había aprobado abrumadoramente el Congreso, la pareja presidencial dejó escapar un anticipo de la que podría ser su estrategia para aferrarse al poder "más allá" del 10 de diciembre.

Se suponía que el kirchnerismo quedaría en minoría en el Congreso a partir de esta fecha. Algunos sugerían más aún que, en función del éxodo inminente de muchos de sus partidarios, quizá los Kirchner no conseguirían retener ni siquiera su mayoría legislativa "antes" del 10 de diciembre. Pero las holgadas mayorías que obtuvo el matrimonio presidencial en la discusión sobre la delegación de facultades al Ejecutivo, así como la sorpresiva claudicación por parte de la senadora Roxana Latorre de su hasta ayer invariable lealtad a Carlos Reutemann, muestran que, lejos de amainar como algunos imaginaban, los casos de "borocotización" podrían arreciar de ahora en adelante por el efecto conjunto de la enconada lucha por aferrarse al poder de los derrotados el 28 de junio y del "pozo moral" que afecta a parte de la clase política

Ahora ha quedado en evidencia que el Poder Ejecutivo, aun cuando se encuentre en minoría en el futuro Congreso, podría paralizarlo a través del veto. Si la Presidenta veta una ley del Congreso éste, para insistir, necesita los dos tercios de los votos. Ya sabemos que la oposición tendrá la mayoría en ambas cámaras legislativas a partir del 10 de diciembre, pero también sabemos que no llegará a los dos tercios. Así se vislumbra el siguiente panorama: empeñados en retener a sangre y fuego el menguado poder que aún les queda, a partir de aquella fecha los Kirchner podrían apelar a un veto tras otro para enervar las decisiones de la mayoría.

El país se vería de este modo solicitado por dos corrientes contrapuestas. Encuestas confiables hacen notar que, si se repitiera hoy otra jornada como la del 28 de junio, el kirchnerismo obtendría menos votos aún que los que consiguió entonces. En el nivel del voto popular, pues, la derrota de los Kirchner se acentúa. Pero aún así se aferran de tal manera al poder residual de lo que habían ganado de 2003 a 2007, que elevarán al máximo el costo de una transición inevitable que deberán pagar, sin embargo, todos los argentinos.

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