El primer año recesivo del modelo Kirchner

 El primer año recesivo del modelo Kirchner
Por Eduardo Fracchia Economista IAE

Como se vio con la recaudación de enero, el modelo de dos superávits gemelos está desafiado. El Gobierno precisa reinventar su estrategia en medio del año electoral. De lo contrario, las urnas pasarán factura una vez más

La economía en 2009, estará subordinada más que nunca a la política, dado que hemos entrado en un período preelectoral que, conforme avancen los meses, se puede poner más tenso y dinámico. No se han tomado medidas de fondo en esta administración desde 2002, sino que desde el Ministerio de Economía se fueron atendiendo los problemas de la coyuntura a medida que fueron apareciendo. El canje fue quizás la cuestión más importante de las encaradas con relativo éxito pero a su vez ha influido, en parte, en nuestro aislamiento financiero por el problema de los hold outs. Las reformas estructurales brillaron por su ausencia y el corto plazo ha sido lo dominante.

La crisis internacional impacta a la economía argentina en tres direcciones. La magnitud de estos efectos determinará la tasa de crecimiento esperada. En primer lugar cabe considerar el estancamiento mundial que se concentra en los países centrales. Esto constituye un dato frecuente para Japón pero no para Europa y USA que suelen funcionar con tasas de 2 o 3% de crecimiento en régimen. Reduce la caída de demanda agregada internacional el precio de las materias primas agrícolas lo cual impacta negativamente sobre la tasa de aumento del PIB a través de menores exportaciones. Algo similar vivimos en la gestión de De la Rua entre el 2000 y 2001 y fue duro para la convertibilidad. El choque negativo externo también sube el riesgo país, aumentando el costo del financiamiento público y privado y, por este camino, también reduce la tasa de crecimiento del PIB. Es el credit crunch, más fuerte incluso para Brasil por ser más abierto al mercado de capitales internacional. El tercer canal de impacto de la crisis proviene del potencial efecto sobre la cotización del dólar, ya que la crisis internacional forzó a la salida de capitales. Esto indujo a la depreciación de varias monedas de la región con la consiguiente presión en Argentina para subas de la paridad peso/dólar. Casi todas las monedas latinoamericanas se han devaluado y mucho. Como los países tenían y tienen regímenes flexibles no se notó tanto en materia de inflación.

Existieron desde 2003 a la fecha incentivos a incrementar el consumo que redujeron la frugalidad económica. También la presión tributaria sobre el ingreso fue creciendo hasta tender al 27% del PIB en 2008. De esta manera, la propensión marginal a ahorrar tendió al 18% del PIB lo que resulta a todas luces insuficiente para financiar la tasa de inversión cercana al 24% registrada hasta hace algunos trimestres.

Según estimaciones de organismos internacionales, se espera, por primera vez desde 1982 (el año de la crisis de la deuda en la región) una caída en el comercio mundial de más de 3% para el próximo año debido a la crisis financiera internacional que provocó un descenso de la demanda global. Por otro lado, la contracción crediticia también afecta a las exportaciones (a través de su financiamiento) junto con las fuertes reversiones en los tipos de cambio ya mencionadas. La economía argentina está transitando un período de condiciones económicas internacionales adversas. En este marco de referencia hemos visto que los mercados de materias primas han reaccionado con mucha fuerza, con caídas de precios que se aproximan al 50% respecto de sus picos a mediados de este año en el caso del petróleo y el cobre, y en torno a 40% para granos como es el caso de maíz, trigo y soja. Se espera estabilización de precios y posterior recuperación, por el aumento en el consumo de energía, alimentos y materias primas industriales en China, India y otros países emergentes que seguirán creciendo a un ritmo que se prevé acelerado.

En definitiva como se vio con la recaudación de enero el modelo de dos superávit gemelos está desafiado. El Gobierno precisa reinventar su estrategia en medio del año electoral. De lo contrario, las urnas pasarán factura una vez más.

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