Primer paso, pero falta mucho

Por: Ricardo Kirschbaum

En lo formal, se pusieron en marcha y pueden canalizar el descontento peronista en la Provincia. No es un hecho menor que Macri haya aparecido como jefe de la entente entre De Narváez y Felipe Solá. Hay varios motivos, entre ellos que el jefe de Gobierno haya entendido que no puede despreciar la lógica de la política

El principal es que se puede construir un serio desafío para el oficialismo, algo importante pero no suficiente para vencerlo en octubre.El problema es que no hubo acuerdo todavía en lo esencial, es decir en las candidaturas. De Narváez no quiso bajarse de su propuesta de hacer una interna abierta para definir quién debe encabezar la lista de diputados, algo que Solá rechaza con vehemencia. Macri no se mete en este detalle central porque para él, por ahora, todo es ganancia. Sabe, sin embargo, que si no hay acuerdo sobre la candidatura este espacio puede morir no nato.

Solá quiere ser diputado -lo es ahora y le quedan dos años de mandato- solo para anotarse en la grilla de los presidenciables. Para poder competir en octubre, el ex gobernador debería renunciar a la Cámara e intentar ser reelecto. Como se ve, solo es una maniobra para tomar envión en la carrera presidencial.Macri tolera que Solá quiera lo mismo que él porque necesita mostrar que su partido no es un movimiento vecinalista porteño y que tiene cartas fuertes para disputar la Casa Rosada. Este brote del peronismo disidente pone un límite preciso a la posibilidad remota de que toda la oposición se uniera contra Kirchner en la Provincia. Esto se confirmará cuando se defina si De Narváez acepta o no cederle a Solá el primer lugar de la lista.

Si se niega, la alianza deberá ser reformateada

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