Prevén que habrá 40% de pobres en Mendoza a fin de año

Ya alcanzó los niveles de 2004. A la par de la inequidad crecen el descontento y la conflictividad social

La pronunciación del Vaticano sobre la "escandalosa" situación de pobreza en Argentina reflotó el debate en el país sobre el constante aumento de la inequidad económica, y la difícil realidad de los cada vez más miles de personas que se encuentran bajo la línea de pobreza.

Desde el Gobierno provincial aseguraron la semana pasada que ésta alcanza ya a casi el 30% de la población, aunque desde consultoras privadas estiman que esa cifra ronda el 35% y proyectaron, dados el ritmo actual de la economía provincial, que para fin de año alrededor del 40% de los mendocinos tendrán ingresos inferiores al costo de la canasta básica real, considerablemente más costosa que la calculada por el Indec.

Los números denunciados por el Vaticano se corresponden con lo que los organismos económicos privados venían anunciando. Éstos se convirtieron, desde que el Indec fue intervenido en el 2005, en el termómetro de la realidad económica. Desde la consultora local Evaluecon, aseguraron que, al cabo del primer semestre del año, el porcentaje de población pobre era de poco más del 32%. "Si la tendencia continúa, para fin de año seguramente estaremos alrededor del 40%", dijo José Vargas, economista y director de Evaluecon. "Esto puede cambiar pero es muy difícil, ya que tendría que haber fuertes acciones del gobierno nacional, cosa que no se vislumbra", opinó el especialista.

La propia Ministra de Desarrollo Humano de la provincia, Silvia Ruggeri, aseguró la semana pasada que los índices de pobreza en la provincia se acercan al 25%, y que la indigencia llega al 10%. Mientras, la administración de Jaque deberá afrontar toda esta situación en medio de una delicada situación financiera. La caída de la recaudación ha hecho que las previsiones presupuestarias no estén acordes al dinero disponible, por lo que el Gobierno ya ha previsto cierto inevitable nivel de endeudamiento para no recortar partidas de, por ejemplo, la obra pública.

La situación de conflictividad y descontento social, mientras tanto, se hace cada vez más perceptible. Los constantes despidos y los aumentos en los servicios acrecientan aún más el enojo de la población, y, según prevén desde algunas organizaciones sociales, la mutación de ese descontento en movilizaciones y marchas es casi inevitable. "La inequidad y la pobreza que han crecido casi sin obstáculos desde 1975 reflejan una situación de injusticia, que la población no está dispuesta a soportar", explica la socióloga Graciela Cousinet. "Esto en algún momento estalla, la gente no lo va a aguantar indefinidamente", opinó la especialista.

Uno de los más sentidos temores desde los distintos sectores es que se retome la senda que desembocó en el caótico diciembre de 2001. "La realidad económica no es tan grave", explicó Vargas. "No estamos ni siquiera cerca de lo que pasaba en los meses previos a la caída de De La Rúa. Estamos, sí, más cerca de lo que pasaba en 2004 o 2005, antes del gran despegue económico de la primera etapa de los Kirchner", dijo el economista.

Para Cousinet, una de las diferencias más cabales con la gran crisis de principios de milenio es justamente la enseñanza que aquella situación dejó. "Uno de los elementos diferenciadores es la aparición de organizaciones barriales, que demuestran la mayor conciencia de la sociedad respecto del problema que la pobreza representa. Se sabe que es importante actuar, porque sino desembocamos en los problemas de violencia y delincuencia que nos acosa hoy. El inconveniente, tal vez, es que nadie da, además de un diagnóstico del problema, pautas para solucionarlo", indicó la socióloga.

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