Presupuesto: ¿gran ajuste o ficción?

Por José Luis Espert

Otra vez, la Argentina está en problemas fiscales. En el margen, la Nación casi no tiene superávit primario para pagar los intereses de la deuda por $ 17.000 millones anuales, las provincias tienen un déficit primario arriba de los $ 10.000 millones y no tenemos acceso a los mercados para refinanciar los vencimientos de capital por 18.000 millones de pesos.

Cuando termine 2009 habrán transcurrido casi siete años de "modelo productivo", durante los cuales, según el eslogan kirchnerista, se creció a tasas chinas. La única excepción, siguiendo con la versión oficial, es el presente año recesivo, por culpa de una crisis financiera internacional causada a su vez porque el primer mundo no siguió las recomendaciones del peronismo de perseverar en la cultura del trabajo y el esfuerzo, reemplazándola por la obsesión de fabricar dinero con más dinero. Sin embargo y según la presidenta Cristina Kirchner, el presidente Barack Obama está sacando a los Estados Unidos de la crisis con verdaderas medidas peronomics. A lo mejor, en un futuro cercano, los norteamericanos llamen a su presidente el "Perón negro".

Si el país creció a tasas chinas, obviamente que también lo hizo la recaudación, que además sumó impuestos como el del cheque (si bien renació en 2001) y las retenciones a las exportaciones (en 2002). El aumento de los ingresos del fisco nacional más provincial entre 2003 y 2009 será de $ 316.000 millones, pero como el gasto público subirá $ 329.000 millones, el país tendrá un deterioro fiscal respecto de 2002 de $ 13.000 millones. Así, el déficit del Gobierno consolidado de 2009, será de $ 30.000 millones (2,5% del PBI).

Esta cifra supera en 75% al promedio del déficit fiscal de la convertibilidad de $ 17.000 millones (en pesos de hoy) o de 2% del PBI, situación que es insostenible porque ahora tenemos vedado el acceso a los mercados de deuda por la pésima imagen externa que la Argentina construye de sí misma día a día: cooptación de sectores de producción (campo, petróleo, servicios), de la oposición política, de la justicia, de los medios de comunicación, "valijagate", supuesto lavado de dinero en el financiamiento de la campaña presidencial, dibujos del Indec, dantescas pretensiones sobre nuestra relación con acreedores e instituciones financieras internacionales, etcétera. Y si por esas casualidades pudiéramos colocar deuda externa, sería a tasas siderales, salvo que antes se haga un gran ajuste fiscal.

¿Será esto lo que tiene en mente Amado Boudou en el proyecto de presupuesto 2010? ¿O será el mismo dibujo de un gasto público que, sólo en los papeles, crece poco?

El presupuesto fija una pauta de crecimiento del gasto primario nacional de un 12,3% respecto de 2008, a pesar de que tanto entre 2003 y 2008 como en los primeros ocho meses de 2009 y también en agosto pasado lo hizo al 29,2% anual. Bajar 16,9 puntos porcentuales (29,2% al 12,3%) la tasa de crecimiento del gasto primario nacional (nivel de $ 250.000 millones en 2009), como plantea el proyecto de presupuesto, implica un ajuste, sólo a nivel nacional, de $ 42.300 millones. Si se hiciera extensivo a las provincias estaríamos hablando de un total de $ 71.000 millones o de US$ 18.000 millones o el 6% del PBI. Lo bueno: no se trata de bajar el nivel, sino la tasa de crecimiento.

Pero parecería ser que esta vez tampoco les tocará hacer un ajuste en serio del gasto público a los gobernadores. Por un lado ya se discuten cambios en la ley de irresponsabilidad fiscal (25.917) en el seno del Congreso para que se ablanden los inexistentes límites que las provincias tienen para malgastar el dinero de los sufridos contribuyentes. Por otro, el proyecto de presupuesto autoriza a la Nación a asumir como propia la poca deuda directa de las provincias con organismos internacionales, a asistirlas financieramente más aun (artículo 73) y a hacer quitas y reprogramaciones sobre las deudas de las provincias con la Nación (artículo 74). Finalmente, el presupuesto estima que las provincias recibirán $ 8900 millones más por coparticipación, fija $ 3500 millones más por trasferencias de la Nación y $ 8200 millones adicionales del Programa de Asistencia Financiera. Total: $ 20.600 millones más que en 2009. Fiesta total. Cuasimonedas, abstenerse.

O sea, una vez más, el proyecto de presupuesto tiene preparado el jubileo para las deudas y los problemas de caja provinciales. Eso sí: la prenda de cambio será una nueva ronda de indignidad de los gobernadores para con el Gobierno, que será para el Guiness de los récords.

El proyecto estima una suba de la recaudación federal del 16,1% (IVA, ganancias, etcétera) para llegar a un nivel anual en 2010 de $ 353.700 millones. Con una inflación promedio del 6,1% y un PBI que aumenta el 2,5% en términos reales, el PBI nominal crecería el 9%. Esto significaría una elasticidad en los ingresos respecto del PBI de 1,79, cuando en el período comprendido entre enero de 2004 y agosto 2009, la relación recaudación-PBI fue de 1,23, o sea muy inferior a la hipótesis presupuestaria. Llama más la atención aún que los disparadores del aumento de la recaudación sean las retenciones que crecen un 33,4% y los aranceles a la importación con una suba proyectada del 34,7%, cuando el Gobierno trata de que no se exporte nada y de que se importe menos (el 75% de la caída de las importaciones por US$ 17.000 millones en 2009 se deberá a nuestra política de "apertura" al mundo).

La duda de Boudou

Si se cumpliera la proyección de crecimiento del producto que hace el Gobierno, pero la elasticidad fuera de 1,23 en vez de 1,79, el alza en la recaudación sería del 11,07%, 5,03 puntos porcentuales por debajo del 16,1% presupuestado. Esto implicaría percibir $ 15.000 millones menos (1,3% del PBI). O sea, para poder recrear un superávit primario (hoy casi en cero) de casi $ 30.000 millones como plantea el presupuesto, el Gobierno puede tener que hacer un ajuste cercano al 5% del PBI respecto de la tendencia fiscal de hoy, pero sobre la tasa a la que crece el gasto (por ahora).

Alguna duda debe tener el ministro Boudou de que este ajuste se haga. Es raro que un gobierno que disfruta de la autarquía y el aislamiento internacional como el actual, esté tratando, a su peculiar manera (artículo IV del FMI sin opiniones del FMI, reprogramación de la deuda con el Club de París sin acuerdo con el FMI, pago cash de los holdouts para que reciban más quita que en marzo de 2005 y dividir a los acreedores buenos de los fondos buitre) de acercarse a la civilización como comenzó a ocurrir en las últimas semanas.

Cuanto antes se haga el necesario ajuste fiscal, mejor (2011 es año electoral). Así, evitaríamos que más tarde haya que hacer un ajuste mayor al necesario y que el país sufra más de lo que ya lo hace a una clase política que no tiene ninguna conexión entre la función de gobierno y el bien común.

El autor es economista y socio de Espert y Asociados.

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