Presiones y agitación por aumentos salariales en el centro de la crisis laboral

Por Julián A. de Diego

En el plano local, el primer trimestre cierra sin aumentos de salarios generales ni convencionales, y con pronósticos reservados sobre sostenimiento del empleo y caída del nivel de actividad

Mientras suspensiones, subsidios, procedimientos de crisis y medidas de emergencia comienzan a generar preocupación por su proyección en el tiempo, y comenzaron a producirse bajas a través de un paulatino ‘goteo’ algunos sindicatos piensan en reclamar una suma fija ya y aumentos diferidos para segundo semestre. En las encuestas más confiables, la preocupación mayor de quién tiene trabajo es su temor a perderlo, y entre los que buscan empleo, prevalece su incertidumbre para obtener un empleo estable. Llama la atención que esta realidad social haya quienes reclaman aumentos, que para los propios trabajadores es un exabrupto verbal, en momentos en donde se pide a los líderes prudencia y pragmatismo frente al avance lento pero inexorable del ajuste.

En Estados Unidos, tratando de encontrar una plataforma de rebote desde el fondo del abismo, sigue buscando mecanismos de reascate (bailout) sigue adelante con la reestructuración de las empresas (downzising), y en todas las organizaciones se habla del new jobless como una nueva forma de desempleo, que obliga a los nuevos desocupados a generar una renovada estrategia para sobrevivir. Es clara la diferencia entre unemployment y jobless o joblessnes, el primero es desempleo con amparo en el seguro y regreso -en un plazo razonable-(‘ida transición y regreso’ al arte oficio o profesión originales, el segundo es la pérdida del empleo y del oficio, y la necesidad de buscar nuevos horizontes fuera de los esquemas originales en otra actividad (Rev. Fortune, 23 feb 2009, pág. 60 y ss.).

Esta primera oleada, que ya hizo sentir los ajustes corporativos, y la reducción de importaciones importantes, y pasará a una segunda oleada en donde se reajustarán los negocios internacionales y en especial los regionales, (se realizaron ajustes con prescindencia del resultado de los negocios en cada país). Todo ello sin perjuicio de la reducción del nivel de actividad del mercado interno.

Si nos instalamos en perspectiva, no solo resulta inexorable que el impacto del ajuste siga profundizando sus efectos, sino que además nos impondrá una reacomodación de los negocios en función de los nuevos paradigmas que permitan restablecer el nuevo orden económico internacional. Recordemos que los rescates con emisión y deuda de la Reserva Federal, centran su eje en salvar a la empresa de la bancarrota, para que a partir de su supervivencia vuelva a crecer. Estas bases requieren de un replanteo de los costos, de los parámetros de la competitividad, y en especial, de los recursos humanos de las organizaciones.

En el plano local, el primer trimestre cierra sin aumentos de salarios generales ni convencionales, y con pronósticos reservados sobre sostenimiento del empleo y caída del nivel de actividad. El adelantamiento de la fecha de las elecciones está precipitando procesos que debían ser analizados con prudencia y sobre todo, con la premisa de que se pueden generar tentaciones pre-electorales. Al respecto, comenzaron ciertos sondeos para buscar el pago de un incremento salarial por lo que resta hasta el 30 de junio, en donde se especula con una suma fija de pago único (v.gr. $200), una suma fija repartida en tres cuotas (v.gr. $360 en tres cuotas de $120), o en una suma que sirva de base para la futura negociación convencional(v.gr. suma fija trasladada a las categorías convencionales). Nada más arbitrario ni distorsivo que una suma fija -que achata categorías- y que sube artificialmente el piso con proyecciones futuras sobre la escala convencional. En todos los casos se refiere a sumas no remunerativas, y por ende, no tienen efectos en materia laboral (base de cálculo de las prestaciones remunerativas) ni en el marco de la seguridad social (aportes y contribuciones). A este primer tramo de las aproximaciones entre sindicatos y entidades empresarias, se le adicionan dos corrientes. Una más prudente que solo plantea la suma fija y un reencuentro de las negociaciones después de las elecciones, y la otra, más agresiva, que busca el reconocimiento de un aumento porcentual, en donde las peticiones parten de valores relativamente bajos, como por ejemplo el 7%, pasando por quienes creen que la inflación rondará durante el 2009 el 12/15% tratando de recuperarla, y la tercera opción, que directamente plantea un valor alto (no menor al 18%) llegando a reclamos que en los convenios de básicos más bajos llegan al 30%. Fuera de que estos guarismos plantean a simple vista una postura disparatada, no solo porque en una economía que no crece, un aumento salarial importa -en una muy simple ecuación-una reducción proporcional de cantidad de puestos de trabajo.

La crisis y los rescates, el nivel de actividad y el empleo-desempleo, los aumentos convencionales o el Estado recuperando su poder de imponer aumentos generales, inexorablemente serán temas de debate en las campañas electorales, y una zona de riesgo inminente frente a las tentaciones proselitistas o demagógicas.

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