"Era presidente de nada, por eso resolví irme", dijo Villaluenga

El ex titular del Concejo Deliberante de Concepción señaló que los cuerpos legisferantes carecen de autonomía, por lo que pide una reforma.
El ex presidente del Concejo Deliberante de esta ciudad Carlos Macario Villaluenga confesó que su dimisión al cargo y a la banca de edil que ocupaba fue a causa de sentirse "inútil" en la función. Planteó que existe una crisis institucional en el Concejo local, como en todos los de la provincia, como consecuencia de la falta de autonomía. "Asumí una función con una idea diferente sobre el rol del Concejo: contralor del Ejecutivo y generador de ideas en favor de la comunidad. Finalmente, me di con otra realidad: los ediles no pueden hacer nada que no sea acorde con la voluntad del intendente", apuntó a LA GACETA. Así llegó a la conclusión de que "era presidente de nada". "Si no podía hacer algo por la gente con el cargo que tenía, menos lo iba a lograr ocupando la banca. Por eso resolví irme", reveló. Por eso, planteó la necesidad de una reforma política que fortalezca a las instituciones del Estado y la facultad de los ciudadanos de elegir a sus autoridades. El diálogo fue como sigue:

- ¿Usted renunció enojado con el intendente, Osvaldo Morelli?

- No, con él seguimos siendo amigos, pese a que no compartimos criterios de gobernabilidad. Es uno de los mejores intendentes de las últimas décadas. Tiene una gran capacidad de gestión. Además, no conoce la pereza para salir a conseguir cosas. La renuncia la venía masticando desde hace tiempo porque comencé a no sentirme cómodo en mi función. Después se acentuó la sensación de que el cargo y la misma institución son inútiles en estos momentos. Cuando asumí, el Concejo era mal mirado. Pensé revertir esa situación, no lo logré y me frustré.

- Es muy duro con el Concejo Deliberante, ¿a qué le atribuye esta crisis?

- Todo pasa por la falta de autonomía. Lo que sucede a nivel local, sucede en la relación provincia-municipio o Nación. Si se sale en contra del gobernador, José Alperovich, se le cierra el grifo. Esto sería diferente si existiera autonomía y la pluralidad. La mayoría absoluta da lugar al autoritarismo. En estos momentos creo que muchos intendentes desean no trabajar con Concejos Deliberantes.

- ¿Cómo imaginó al Concejo Deliberante?

- Mi concepto era muy diferente. Lo imaginé más vinculado con el Ejecutivo en función de su rol de contralor. También como un permanente aconsejador y promotor efectivo de ideas en beneficio de la comunidad. Se hacen muchas ordenanzas, pero muy pocas se ejecutan. Por eso creo que hay que reducir la cantidad de ediles y que cada uno tenga un seguimiento directo del funcionamiento de las distintas áreas del Ejecutivo.

- ¿Influyó en su decisión la controversia que suscitó la ordenanza 838 de modificación de la contribución para alumbrado público?

- Hubo disidencia en cuanto a la forma de instrumentarla. A la tarifa del alumbrado público hay que ajustarla porque existen luminarias que se deben reemplazar por su antigüedad, y poner otras nuevas. Además, la iluminación genera más seguridad. Eso hay que pagar. Yo propuse que hubiera un incremento consensuado entre todos los sectores de la ciudad a fin de lograr una tarifa equilibrada. La actual no la es. Si se la aprobara el incremento rondaría el 25% en promedio.

- ¿Qué logros rescata de sus 19 meses de gestión?

- Conseguí la máxima austeridad. El presupuesto actual es de $ 1,9 millón, mientras que el de Yerba Buena asciende a los $ 5 millones. Para gastos generales tenemos $ 60.000 y en lo que va del año apenas gastamos $ 11.000.

- Políticamente, ¿qué piensa hacer ahora?

Voy a seguir apoyando al radicalismo. Particularmente, volveré a mi trabajo como arquitecto. Estoy en un proyecto inmobiliario importante para la ciudad. (C)

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