Un presidente llorado como lo fue Perón

Por Fernando Gonzalez

Apenas fallecido, a las 20.30 de ayer, Raúl Alfonsín nos brindó el último regalo de una trayectoria que lo instaló en la historia argentina. Es que era curioso, en estos tiempos de tremendo descrédito de la política, ver llorar a simples ciudadanos que se acercaban hasta su departamento de la avenida Santa Fe, la misma casa de un hombre de clase media en la que vivía antes de ser presidente.

Se ganó un adiós con congoja popular, una medalla exótica para estos días de facebook y desencanto posmoderno. Hay que remontarse hasta Juan Domingo Perón para encontrar un presidente llorado como en estas horas se lo llora a Alfonsín. Serán sus hitos que parecen más imponentes cuando se los compara con el presente y será que sus notorios errores empequeñecen al lado de lo que hicieron sus sucesores. ¿Qué es sino la cantinela destituyente que hoy denuncia Néstor Kirchner cuando se recuerdan los cuatro intentos de golpes carapintadas contra Alfonsín? ¿Y los trece paros sindicales por motivos que harían reir a Hugo Moyano?

Tal vez lloramos tanto a Alfonsín porque nos deja en un país que sigue siendo adolescente. Una Argentina que nunca aprende y que tiene más pobres y menos justicia que la que había cuando él gobernaba.

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