Presidente con el dedo del ayatolá

En la ceremonia en la que Jamenei aprobó un segundo gobierno del ultraconservador se vieron las divisiones políticas.
Con un beso en el hombro del líder supremo, Mahmud Ahmadinejad selló ayer su segundo período como presidente de Irán. La ceremonia en Teherán fue formal y austera y el objetivo uno solo: que el ayatolá Ali Jamenei emitiera su bendición para la investidura formal de mañana.

Pero si acaso la ceremonia –a la que solo tuvo acceso la televisión estatal del régimen– tenía por objeto transmitir una imagen de unidad política tras meses de disturbios, lo único que logró fue poner en evidencia las luchas de poder por las que atraviesa en estos momentos el establishment iraní. Ayer, en las butacas, brillaron por su ausencia dos ex presidentes, Akbar Hashemi Rafsanjani y Mohammed Khatami, y dos candidatos derrotados en las presidenciales, Mir Hossein Musavi y Mehdi Karrubi.

El beso simbólico que Ahmadinejad le encajó en la túnica al ayatolá a la altura del hombro, comparado con el beso en la mejilla y el abrazo que se dieron los dos hombres hace cuatro años, cuando el ultraconservador fue electo por primera vez, también sirvió para marcar lo fundamental del cambio de clima. La escena llegó incluso a ser confusa, ya que, en un primer momento, parecía que el líder supremo solo quería estrechar su mano, pero Ahmadinejad, de una manera extraña, se apresuró, se inclinó y buscó el beso. La relación entre ambos, sobra decirlo, no atraviesa su mejor momento, siendo los nombres del futuro gabinete del mandatario electo el eje de fuertes disputas.

Como telón de fondo, por si fuera poco, las voces de repudio contra el juicio masivo que comenzó el sábado contra unas cien personalidades del campo reformista –también transmitido por TV– bajo cargos de promover una "revolución de terciopelo", comienzan a oírse cada vez más.

Tal es así que ayer, mientras Ahmadinejad inclinaba su cabeza ante el gran ayatolá, la esposa de Mohammed Abtahi, uno de los clérigos de mayor jerarquía que se encuentran en el banquillo, aseguró que a su marido o lo drogaron o bien lo torturaron para que declarara de la forma en que lo hizo.

Abtahi, un ex vicepresidente conocido bajo el mote de el blogger cool por su pluma genial y la forma en que la utilizaba en su blog para realizar denuncias contra el régimen, fue arrestado poco después de las elecciones del 12 de junio bajo cargos de incitar a las protestas. Pasó más de un mes aislado, sin permisos para ver a su familia ni consultar a un abogado.

El sábado, en la apertura del juicio, apareció por primera vez ante las cámaras. Sin túnica ni turbante, su aspecto era el de un tipo demacrado que llamó la atención de todos sus conocidos.

Según declaró ayer su esposa, Abtahi era otro. "Lo vi dos días antes en prisión por primera vez desde que lo habían arrestado y lo vi nuevamente en el juicio. No tengo dudas de que lo drogaron, lo molieron a golpes o le hicieron algo extraño: estaba demasiado desorientado. No parecía entender nada", aseguró Fahimen Mousavinejad.

En la última entrada a su blog (webneveshtela.com) Abtahi había expresado su dolor e indignación al oír los anuncios oficiales sobre el veredicto de las urnas. "Esto es una gran estafa", llegó a escribir.

El cambio fue brutal. En los tribunales, la semana pasada, el ex funcionario confesó haber conspirado con otros reformistas para perturbar el orden público. Aun más, acusó a Rafsanjani de haber utilizado a Musavi para vengarse de su propia derrota contra Ahmadinejad en el 2005. "En la cárcel cambié, tuve tiempo de pensar. Fue como estar en familia, todos juntos reflexionamos y pudimos llegar a un nuevo punto de vista sobre lo sucedido", le dijo al tribunal.

El ayatolá Jamenei, a su turno, se felicitó, y no dudó ayer en calificar a las últimas elecciones como "una página dorada" en la historia de Irán.

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