La Presidenta y Kirchner tratan el futuro de Moreno, en El Calafate

Habrá una reunión clave, dice gente muy próxima a Olivos. Las alternativas en danza.
A pesar de que su nombre no apareció en el recambio de gabinete anunciado días atrás, aún no está dicha la última palabra sobre quien es, de lejos, el funcionario más cuestionado del Gobierno. Fuentes políticas con mucho acceso a Olivos afirman que este fin de semana, en El Calafate, se volverá a considerar el futuro de Guillermo Moreno.

"Esto no significa necesariamente que lo vayan a sacar. Pero seguro que la Presidenta y Néstor Kirchner van a tratar el caso". Es la enigmática información que la fuente comentó a Clarín.

Por lo que cuenta, el informante desconoce la decisión final. Entre otras razones, dice, porque todavía no fue tomada y porque, además, eso es parte del hermetismo con que suele actuar el matrimonio presidencial.

La evaluación en El Calafate es la que haría cualquier analista político: una cuestión de costos y beneficios, como pasa con tantas cosas. Puesto en palabras de la fuente: "¿Qué es menos malo. Pagar de una sola vez todos los costos o seguir pagándolos constantemente? Hubo un cambio de gabinete, pero la repercusión fue que Moreno seguía. Y se habló más de todo lo que eso significaba que de los cambios mismos".

Sigue el comentario: "Moreno sirvió para una etapa, cuando era necesario parar la inflación, ordenar los precios y los costos de las empresas. Pero no sé si ya es útil. Perdió poder de fuego".

Habría que añadir que la pérdida de capacidad de fuego del secretario de Comercio Interior corre pareja con la misma pérdida que sufrió Kirchner después del 28. Parte de ese escenario es que, tras la sonora derrota electoral del Gobierno, muchos empresarios ya empezaron a dejar de temerle a Moreno.

Entre varias, una alternativa es que el funcionario no sea mandado de plano a su casa, sino que se le asignen otras tareas fuera del foco económico. Una más, mantenerlo donde está pero quitarle el control del INDEC. En este supuesto poco cambiaría, si se considera el ancho espacio de maniobra asignado al secretario de Comercio Interior multipropósito.

Es impensable que el flamante ministro de Economía hubiese insinuado alguna condición: se le conoce empuje y ambición suficientes como para saber que eso no se hace en el universo K. En sus cercanías aseguran que Amado Boudou trabó "una buena relación" con Moreno, desde que ambos integraron el llamado mini gabinete productivo.

Pero las cosas han cambiado: Boudou estaba allí como jefe de la ANSeS; ahora es el jefe de Economía. Lo tiene adentro.

La ministra de Producción, Débora Giorgi, también forma parte de ese mini gabinete y padece a Moreno, inmóvil y sin animarse a darle batalla.

El hombre le maneja todo el comercio exterior, autoriza exportaciones y frena importaciones, controla precios y cadenas de producción, hace y deshace respecto de empresarios con quienes que ella intenta articular líneas de acción. Según un consultor que conoce la entretela, "en la realidad, nadie la considera un interlocutor válido".

Giorgi sabe lo que todo el mundo conoce, incluido el ministro de Economía: que a Moreno el poder le viene delegado desde Olivos. Y que su modus operandi cuaja con el que más le gusta a Kirchner.

Hoy mismo Giorgi tiene un conflicto larvado con Brasil, por el filtro a importaciones de ese país y sin siquiera considerar que algunas integran cupos pactados entre empresas de ambas partes. Poderosas cámaras industriales de San Pablo ya han llevado sus quejas al secretario de Comercio Exterior brasileño, con la intención de que escalen más arriba si no aparece una solución en esa instancia.

Una regla no escrita en el Mercosur es que los socios evitan conflictos cuando alguno de ellos está en medio de un proceso electoral. Acá los comicios ya pasaron y llega el momento en que la ministra de Producción deberá poner la cara ante los funcionarios de Brasil.

"Lo mejor sería que Moreno dé un paso al costado, que lo presente como una determinación propia favorable al Gobierno y vaya a la Presidenta con su renuncia indeclinable". Es lo que afirman otras fuentes del Gobierno; desde luego, los empresarios asienten.

Claro que para que cualquier cosa resulte efectiva, en Olivos deben aceptar que el funcionario ya no es útil, sino costoso. Hubo muchos intentos así que chocaron contra el mismo frontón y se vinieron abajo, como los de Alberto Fernández y Sergio Massa cuando eran jefes de Gabinete en funciones.

Hay unos cuantos, dentro del Gobierno, que esperan una definición en El Calafate, aunque ignoren que allí se tratará el caso este fin de semana. Y puede que, a caballo de la necesidad de conseguir un poco del aire que escasea, le haya llegado la hora al secretario de Comercio Interior.

Queda, sin embargo, algo sin duda más importante: las desquiciadas estadísticas del INDEC. Por muy servicial y útil que se lo considere, Moreno es finalmente un alfil del poder político.

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