La Presidenta, con impunidad estadística

Por Jorge Oviedo

El primer dato alarmante respecto de la información oficial de inflación -ya no corresponde llamarla medición, pues no se mide- es la fecha en la que fue difundida. Los datos no sólo son increíbles; además, al Gobierno le tomó casi la mitad del mes difundirlos. Lo mismo pasó con la recaudación, que en lugar de aparecer el primer día hábil se difundió el tercero, para permitir que la Presidenta utilizara la cifra, con una interpretación engañosa, en un acto de propaganda oficial.

Esta manipulación de los datos genera una situación muy grave y preocupante, en particular cuando el oficialismo enfrentará este año una elección crucial con un clima adverso. El kirchnerismo, que no ha vacilado en mentir desembozadamente sobre los datos de inflación, ¿respetará el resultado de las urnas o intentará falsearlo si le es adverso?

No es posible ninguna discusión técnica acerca de la consistencia de las fantasiosas cifras del Indec. ¿Se puede discutir seriamente cuando se dice cuánto variaron los precios, pero se oculta cuáles fueron los valores al inicio y al final?

¿Es serio que la presidenta Cristina Kirchner se haya pasado 2008 anunciando medidas impositivas sobre el campo para "cuidar la mesa de los argentinos" en un año en que, según el Indec, la canasta básica aumentó sólo 0,4%? Si las cifras del organismo oficial son ciertas, la primera mandataria mentía o estaba gravemente equivocada cuando decía que sin las retenciones móviles habría dramáticos aumentos para los consumidores.

Para un país con división de poderes, en el que se celebran elecciones y es perfectamente posible la actividad política en favor y en contra del oficialismo de turno, lo más escandaloso de todo es que durante dos años los Kirchner hayan podido fraguar por lo menos uno de los indicadores cruciales de la economía y seguir haciéndolo sin, hasta ahora, consecuencia alguna.

Si la sociedad pareciera haber tolerado con sólo algunos sobresaltos sememejante cosa, ¿por qué habría de comportarse mejor un próximo gobierno?

Hay que ser justos y decir que durante el hoy aborrecido menemismo ?que estuvo donde estuvo e hizo lo que hizo respaldado por el voto popular? se construyó el mejor sistema estadístico que la Argentina haya tenido en toda su historia. Es ese nivel de información monetaria, fiscal, financiera y presupuestaria el que permite valorar con mayor justicia la gestión del riojano.

Hoy, los presupuestos paralelos, los monumentales decretos de necesidad y urgencia, la cantidad de indicadores que no se elaboran, no se difunden o directamente se falsifican hacen muy difícil seguirle los pasos al matrimonio gobernante. Manejan la cosa pública con vocación absolutista, sin someterse a limitaciones ni controles y evitando todo lo posible tener que dar información. No han pagado costos electorales significativos por ello, hasta ahora.

Si el modelo estadístico y de información pública de los 90 es un logro destruido por los patagónicos, no es menos cierto que fue perfeccionado por exigencias externas: el país necesitaba fondos de afuera y convencer a quienes los prestaban. La Argentina no construyó su mejor sistema estadístico para sí; tal vez por eso ha tolerado casi con indiferencia su destrucción.

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