La Presidenta dijo que hay un plan de desestabilización

Afirmó que los reclamos son provocados y amplificados con fines políticos; empezó el paro del subte
Sin dar nombres, en un día de nerviosismo, con prolongadas reuniones reservadas en el Gobierno y pocas horas antes del paro total dispuesto por gremialistas del subte, la presidenta Cristina Kirchner planteó sospechas sobre el origen de las protestas de los últimos días. Las consideró "amplificadas" y "provocadas", y denunció un plan de desestabilización en marcha.

En un duro discurso, la jefa del Estado manifestó suspicacias sobre los reclamos sociales que tomaron las calles en los últimos días. Dijo que surgieron "hechos puntuales" que buscaron "poner de mal humor a la sociedad" y en su párrafo más sugerente, lanzó: "Todos tienen el derecho legítimo de aspirar a ser presidente, pero debemos acostumbrarnos a que la forma de llegar es votando cada cuatro años y no a través de crear situaciones muchas veces amplificadas".

En su discurso, la Presidenta hizo también una advertencia: "Creer que a través de esta metodología, que alguna vez le dio resultado a alguien, las historias pueden repetirse monocordemente, en realidad le costaron mucho a un país".

Minutos después, en la Casa Rosada identificaron al ex presidente Eduardo Duhalde como el destinatario de las críticas presidenciales, según dijeron fuentes oficiales a LA NACION.

En ese contexto, los obispos expresaron en el inicio de las deliberaciones de la asamblea del Episcopado su "gran preocupación" por el clima de crispación social e intolerancia que se vive en el país.

En tanto, anoche a las 21.45, comenzó el paro de subtes, una hora antes del cierre normal del servicio, a pesar de haber sido declarado por el Gobierno, sólo por hoy, como un servicio esencial, es decir, como el que brinda un hospital.

Cristina Kirchner habló más de media hora, ayer, mientras presentaba el primero de una serie de convenios que la Anses firmará esta semana con las provincias para la puesta en marcha del plan de asignación para la niñez que lanzó el Gobierno hace dos semanas.

Compartió la escena nada menos que con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, enfrentado con los Kirchner, a quien la Presidenta le reprochó por pedir orden en las calles. "El orden es bueno, lo que no es tan bueno si lo logramos a palos", dijo Cristina, y miró a Macri, que permaneció serio todo el acto, y sin aplaudir ni una vez las palabras presidenciales.

El discurso de la jefa del Estado se dio en el mismo momento en el que la Policía Federal desalojaba a un grupo de manifestantes que pretendían acampar en la Plaza de Mayo, lo que terminó con incidentes y detenidos, y en medio del ultimátum de las organizaciones sociales para que sean incluidas dentro del plan de empleo que puso en marcha el Gobierno, que amenazan con manifestaciones en varios puntos de la ciudad.

Además, la ofensiva oficial surgió unas horas antes del paro de los trabajadores del subterráneo que no responden al gremio de la Unión Tranviarios Automotor (UTA), aliado al líder camionero y de la CGT, Hugo Moyano, que dejará sin servicio a más de un millón de usuarios.

La medida de fuerza, por su impacto social, provocó nerviosismo y reuniones de todo tipo en los despachos del primer piso de la Casa Rosada que terminaron ayer con una declaración conjunta del Ministerio de Trabajo y de Planificación, que calificó al subte como un servicio esencial. Esto obligará a la empresa concesionaria, Metrovías, a prestar un servicio de emergencia y a la Justicia, a actuar para evitar interrupciones del cronograma alternativo (de lo que se informa por separado).

A las corridas, el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, llegó tarde ayer al acto de la Presidenta en la Casa Rosada y debió pasar al escenario cuando ya estaba hablando Cristina. Se quedó incluso buena parte de la tarde en el despacho presidencial con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo, además de la Presidenta.

Sospechas

Para que no quedaran dudas de sus palabras, la jefa del Estado ratificó en su discurso sus sospechas sobre las protestas. "Tenemos situaciones provocadas, y estoy hablando de provocadas en términos literales, de provocación", insistió. Y agregó que también había "situaciones reales" que debían ser contempladas. Fue entonces cuando acusó a los medios, a quienes les recomendó "separar la paja del trigo" e informar con "claridad".

Cristina Kirchner desmintió que existiera una situación de creciente tensión social. "No estamos ante algo como el 2001. Hay pequeños grupos por ahí de 100, 200, 300 personas o menos, 70 o 15 personas, que cortan el tráfico y que lo hacen puntualmente", sostuvo.

Además, la Presidenta planteó que hay sectores que quieren "crear una sensación que no existe en la sociedad" y defendió su plan de asignación para los niños y adolescentes de padres desocupados o trabajadores informales. "La asignación básica ha sido muy bien recibida por toda la sociedad y, fundamentalmente, por quienes van a ser sus beneficiarios", dijo.

Esguince por trabajar de jardinera

Cristina Kirchner tiene un esguince en el tobillo derecho, lo que la obligó a llegar ayer a la Casa Rosada en silla de ruedas. Aunque el médico presidencial, Luis Buonomo, le aconsejó no caminar, sólo usó la silla una sola vez y se mostró igual, con dificultad para trasladarse, pero subida a su tacones altos. "Hoy tienen una presidenta un tanto averiada, como diríamos en la batalla naval, pero no hundida", dijo la mandataria en un acto. La Presidenta debió hacerse radiografías ayer en el Centro de Diagnóstico por Imágenes Maipú, en Olivos. Trascendió que el esguince fue producto de una torcedura mientras realizaba tareas de jardinería en su casa de El Calafate.

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