Presidenciables... mucho, poquito, nada

Por Pablo Mendelevich

Aunque ni Néstor Kirchner ni Daniel Scioli renunciaron a los sueños presidenciales y otros jugadores menores alientan también fantasías de llegar a la Casa Rosada, los resultados del domingo dejaron a Carlos Reutemann, Mauricio Macri y Julio Cobos en la primera línea de la carrera hacia 2011 que ya se puso en marcha. Cómo se vive la primera gran batalla del poskirchnerismo

Se podría decir que aquí y ahora, en la desembocadura del ciclo Kirchner & Kirchner, los presidenciables que están dando vueltas suman alrededor de una docena: Reutemann, Macri, Cobos, Carrió, ¿De Narváez pese a su ciudadanía extranjera?, Morales, Binner, Sanz, Das Neves, Solá, Rodríguez Saá, quién sabe, Scioli, algún otro gobernador, o de nuevo un Kirchner. Claro que la mayoría de ellos son segunda selección, respetables aspirantes cuya textura presidenciable no se asemeja a la de las primeras marcas, dicho esto en cuanto a sus probabilidades, al lugar en la góndola, no a calidades ni derechos.

Advirtamos que la danza de nombres disimula el detalle de que no hay otro concurso a la vez tan importante y tan desarreglado: desfilan los concursantes pero se ignoran las reglas de consagración. En ningún partido político -o en lo que queda de ellos-, en ninguna alianza, está definido el método que deberá seguir cada uno para escalar a la candidatura presidencial. Mientras tanto, la legislativa del domingo último premió y castigó para 2011 como si fuera una primaria indirecta, una preclasificación de los presidenciables, aunque todo lo hizo (salvo el triunfo de Cobos en Mendoza) con márgenes ajustados. Como sea, los resultados del domingo dejaron a Carlos Reutemann, Mauricio Macri y Julio Cobos en la primera línea de la carrera hacia 2011, que ya se puso en marcha.

¿Qué es exactamente un presidenciable? "Que tiene posibilidades de ser presidente o candidato a presidente". Visto así, los que desde la semana pasada califican para pelear verdaderamente por el puesto, según buena parte de los analistas políticos, son estos tres claros ganadores. Un peronista -hacendado- relativamente bien digerido por sectores no peronistas, un radical excomulgado que se prestigió poniéndole coto a la bravura del gobierno peronista que integra -y quien luego retornó a medias a su cuna partidaria-, y un político de centroderecha, de mentalidad empresarial, cuyo bajo relieve ideológico le permite sostener asociaciones duraderas con sectores del peronismo tradicional.

Contra lo que podría suponerse, la Real Academia Española entronizó hace muy poco la palabra presidenciable. Viejo rótulo en el subibaja criollo que hasta supo ensancharle la sonrisa a Carlos Ruckauf y mejorarle el peinado a José Manuel de la Sota, dirigentes a los que en otras épocas se meneaba con certeza dentro de un terceto de precandidatos del peronismo, véase cuán volátil es la política argentina. Quien lo completaba no era otro que Reutemann, auténtico veterano de la categoría, sobreviviente impar, el único que pasó la prueba de cambiar de siglo sin dejar de ser, siempre, el presidenciable del futuro.

Pero, ahora, el latente Reutemann, de 67 años, por primera vez combina la decisión de ser candidato con la ausencia de competidores vigorosos entre los dirigentes peronistas que resultaron ganadores el domingo pasado. Distintas son las desventuras que les aguardan a Cobos en el panradicalismo y a Macri -el único de los tres favoritos que se levanta todas las mañanas para ir a gobernar un distrito- dentro del join venture que armó en la provincia de Buenos Aires con el llamado peronismo disidente.

Como es sabido, lo que tienen en común Reutemann, Macri y Cobos es la moderación. El analista y encuestador Eduardo Fidanza, de Poliarquía, lo explica así: "Los tres tienen similares estilos de comunicación, liderazgo y concepción de la política; son tranquilos y dispuestos al diálogo: eso es lo que viene". En cuanto a sus posicionamientos frente a la sociedad, Fidanza explica que después de ganar elecciones la imagen de todo ganador repunta. "Deberíamos esperar para verificarlo, pero tanto Reutemann como Cobos tienen buena imagen, mientras que en los últimos seis meses apreciamos un descenso -cuyas causas no están del todo claras- en la de Macri, ".

Veamos la ficha técnica actualizada de cada uno. Reutemann viene de ganarle en Santa Fe al socialista Rubén Giustiniani por 1,7 puntos, o sea, al gobernador Hermes Binner. En la frialdad de los números se trata de una victoria exigua, pero el contexto tiene algo de levadura, porque según Reutemann, Kirchner apoyó a Binner, entre otras cosas, al sostener con insistencia la candidatura de Agustín Rossi (que en el rubro diputados se quedó casi con el 9,6%, en su mayor parte votos peronistas). Muchos suponían que, antes de perder en la provincia de Buenos Aires, Kirchner pensaba abdicar en favor de Scioli, pero no la presidencia del PJ, de madrugada, sino la del país, en 2011.

Reutemann y su mano derecha Roxana Latorre vivirán en el Senado -bajo el mismo techo que Cobos, que no es senador- los dos años largos que faltan para las presidenciales. ¿Equipo? Además de Latorre, se le atribuye creciente influencia a Celia Arena, recién elegida como diputada nacional, mientras que en el área de imagen y prensa se incorporó hace poco Guillermo Seita, el ex Guardia de Hierro que supo ser materia gris política de Domingo Cavallo y secretario de Medios del primer Menem.

Muchos creen que el ex corredor de Fórmula Uno -igual que Scioli, arrimado a la política por el alquimista de los noventa- es el mejor ubicado de todos los precandidatos presidenciales. Dice Rosendo Fraga: "Es con quien el peronismo obtendría más votos, por la sencilla razón de que es el justicialista más votado por los no peronistas y quien capta, además, el voto del campo que, como se demostró en esta elección, pasó a ser decisivo".

Armados políticos

Cobos tuvo en Mendoza un triunfo electoral redondo: sus candidatos a senadores doblaron (50 a 25) al oficialismo provincial, que había sido acaloradamente patrocinado por Cristina Kirchner (para diputados el batacazo fue algo más suave, 48 a 27). De modo que en su distrito, el tímido arquitecto del voto no positivo ahora le hizo ganar a la oposición una banca en el Senado que se la sacó al kirchnerismo. No debería soslayarse el dato de que, en provincia kirchnerista, el ex gobernador radical avisó que si ganaba iba por la presidencia de la Nación. Los mendocinos sabían que no estaban frente a una mera elección legislativa.

También parece especialmente importante prestar atención al armado político que hizo Cobos en Mendoza, porque ese es el modelo que piensa replicar a nivel nacional en 2011. Además del radicalismo, su Frente Cívico Federal se integró con el Confe (partido propio en ablande), Unión Peronista (línea Felipe Solá) y disidentes del ARI. He aquí otro detalle a considerar, el de los matices de la fuerza que lidera Lilita Carrió en diferentes distritos. Puede conjeturarse que habrá en ese sector intensos debates cuando llegue la hora de dirimir alineamientos con presidenciables.

En cuanto a su equipo, aparte de los dirigentes alineados en el cobismo, como Mario Meoini, Daniel Katz o Alfredo Cornejo, el compañero de fórmula de Cristina Kirchner consulta temas internacionales con Dante Caputo, económicos con Raúl Baglini (además de Laura Montero y Enrique Vaquié) y cuestiones de diverso rubro con Rodolfo Terragno. El gran desafío de Cobos es aglutinar al radicalismo detrás suyo y resolver la compatibilidad con Carrió en el marco de un panradicalismo resucitado que el domingo último ascendió a primera fuerza nacional, prácticamente empatada en votos con el kirchnerismo descendente. Que el de Cobos no es un liderazgo convencional no hace falta subrayarlo: basta decir que se habla del vicepresidente opositor. Un afiliado expulsado "de por vida" de la UCR cuya vuelta quizás se explique administrativamente en la metáfora de que el día que desempató en el Senado nació de nuevo.

Macri, por último, pasó la noche del domingo 28 cargado de emociones y alegrías, aunque eso se debió mucho más al hecho de que sus socios bonaerenses terminaron derrotando a Kirchner en persona que a un suceso en la ciudad de Buenos Aires. Suceso que se produjo, sí, pero para "Pino" Solanas, quien desde una izquierda pulverizada abofeteó con un sorprendente 24,2 por ciento. El alcalde ganó la elección porteña con su vicealcaldesa recién renunciada al timón de la lista, es cierto. Pero el 35 o 36 por ciento que a Gabriela Michetti le iba a permitir llegar a diputada con honores se erosionó -entre otros factores, por el viento huracanado de Solanas, transferencia que confirman varios encuestadores-y terminó en 31,1. Podría imaginarse un diálogo de felicitaciones y consuelos mutuos de Reutemann con Macri en el que se dijeran cosas parecidas: ambos ganaron en sus distritos en elecciones que, si querían pasar a las grandes ligas de 2011, no podían perder. Pero la poca contundencia de sus triunfos no alcanzó para fulminar a los respectivos competidores: Binner, por un lado, y -aunque socios- Solá y De Nárváez por otro.

Binner todavía espera ganar las elecciones locales que habrá sólo en Santa Fe el 2 de agosto y el 27 de setiembre, en el marco de un complejo sistema provincial sustituto de la ley de lemas. En cuanto al trío porteño-bonaerense de Unión-Pro, se ha venido diciendo De Narváez gobernador, Macri presidente. ¿Y Solá? Fraga no lo descarta como candidato a vicepresidente, pero todo está por verse. Hay quien dice, incluso, que los abogados de De Narváez no están definitivamente convencidos de que sea imposible hallar un atajo jurídico por el cual este empresario nacido en Colombia pueda, si quiere, aspirar al llamado Sillón de Rivadavia. ¿Quiere?

Macri -y esto gustan recordarlo sus potenciales rivales con algo de placer que se les nota en la comisura de los labios- no las tiene todas a favor como gobernante, por dos años más y sin lugarteniente, del segundo distrito del país. Además, según Fraga, director del Centro de Estudios para la Nueva Mayoría, "el jefe de Gobierno porteño verá complicada su candidatura en el caso de que efectivamente el peronismo gire hacia el centro con un candidato como Reutemann, como hoy parece".

Dicen en el entorno macrista (todos dicen lo mismo) que no hay planes, todavía, para formalizar el comienzo del camino hacia la Casa Rosada. "Haremos campaña con la gestión", reitera el vocero Iván Pavlosky, uno de los que forman la mesa chica de Macri, con Horacio Rodríguez Larreta, Nicolás Caputo, Marcos Peña y José Torello. El ecuatoriano Jaime Durán Barba no es estrictamente su estratega político, pero se sabe que al virtual futuro candidato sus opiniones le importan.

Fidanza se pregunta si vamos hacia un bipartidismo o hacia un tripartidismo. Como otros observadores profesionales, advierte con cierta claridad que el soporte de organización de Cobos será el radicalismo -o el surgente panradicalismo-, pero ve menos definido el marco de las candidaturas de Reutemann y Macri. Pregunta visionaria: ¿cómo se va a dirimir la puja de espacios entre ambos? Y se podría agregar: el armador Eduardo Duhalde, que mueve hilos en el juego grande del peronismo desde hace más o menos veinte años, ¿a quién volcará su influencia, fluctuante pero nunca extinguida, en las intendencias bonaerenses? Por cierto, a nadie se le escapa que el devenir de las carreras presidenciales estará supeditado a la suerte del gobierno de Cristina Kirchner, quien el domingo comenzó su período -según terminología norteamericana- de pata renga, vistas sus bajas probabilidades de acceder a una reelección.

"Reutemann quiere ante todo garantizar la permanencia de la Presidenta tal como lo marca la Constitución, hasta diciembre de 2011", dice Latorre, quien desde las retenciones móviles completa en el Senado, junto a "Lole", un bloque bipersonal, emancipado del oficialismo. ¿Acaso hay otra opción? Bueno, fue su esposo quien tuvo que salir a desmentir supuestos planes de abandonar el barco en caso de derrota en las urnas. Adviértase además que quien más habló de la necesidad de fortalecer la gobernabilidad en la primera semana de estos dos años y medio de despedida del kirchnerismo no fue un opositor sino Scioli, el encargado de calmar las aguas justicialistas. El domingo también empezaron algo más de cinco meses postelectorales, nada menos, con Congreso preelectoral. ¿Cómo harán los opositores que ganaron para demostrar que cumplirán sus promesas de la reciente campaña y de esa forma probar que merecen acceder al poder en 2011 si recién van a jurar como legisladores apenas unos días antes de que empiece el verano?

Sin alteración de calendario

No hay manera de adelantar el recambio legislativo, alejado por culpa del adelanto electoral. "La única forma de acortar los mandatos de los legisladores -explica el constitucionalista Jorge Vanossi- sería que renunciaran uno por uno, y lo mismo tendrían que hacer sus suplentes". Impensable. Es cierto que hay líderes ganadores, como De Narváez, en Diputados, o Reutemann, en el Senado, que ya están adentro del Congreso, pero a menos que unos cuantos miembros de las bancadas del Frente para la Victoria inviertan su alineación -gimnasia nada extravagante en el peronismo-, no conseguirán el número necesario para imponer temas, sacar leyes propias o rechazar los proyectos del Ejecutivo que no compartan. El problema tan mencionado de la gobernabilidad, si lo hay, no es de mediano plazo sino de ahora, del semestre que acaba de empezar e involucra en forma directa la carrera presidencial. Para decirlo con más énfasis, afecta en forma directa la suerte de los presidenciables.

En principio, una crisis política no parece convenirle a nadie, mucho menos su extremo, un cambio de gobierno anticipado. El hecho de que millones de argentinos se hayan acostumbrado a disfrutar de su ciudadanía con calendarios institucionales alterados no significa que romper la normalidad sea normal. También es imposible acortar el mandato presidencial, por lo menos sin tocar la Constitución. Y a la antipática hipótesis de una renuncia de la Presidenta cuesta descubrirle beneficios para quien supuestamente daría un portazo, sobre todo porque en la absurda situación vigente debería asumir el poder el vicepresidente opositor, quien sí tendría que completar el mandato.

Pero Cobos está entre los que suelen decir que es imperioso llegar en orden al 2011. En 2010, según le hizo saber a LA NACION al ser consultado para esta nota, imagina internas abiertas para consagrar a los candidatos presidenciales. "Y si fuera con boleta única, mejor".

Reutemann, según Latorre, sólo en 2010 largará su carrera presidencial explícita.

Y Macri, por estas horas dedicado más que nada a enfrentar la crisis pandémica, no le pone sordina, como Reutemann, a sus proyectos presidenciales, pero todavía tiene mucho que discutir con sus socios y auspiciantes para definir métodos de promoción. Los tres candidatos suelen decir en público, palabras más, palabras menos, que para 2011 falta mucho. Y los tres saben que no es cierto.

© LA NACION

En campaña

Todos dicen que no es tiempo aún, que para 2011 faltan dos años y medio, un plazo que en la política argentina puede ser demasiado largo, pero todos ya están trabajando en eso. Ninguno de los candidatos anotados en la carrera parece dispuesto a ceder espacios a sus rivales, posibles o reales. Habían pasado pocas horas después de la derrota kirchnerista del domingo 28 cuando ya los distintos afiches de campaña comenzaron a empapelar calles y paredes. ¿Los anotados? Los tres grandes ganadores de la elección, por supuesto: Carlos Reutemann, Julio Cobos y Mauricio Macri, pero también otros cuyas chances hoy parecen más inciertas, como Mario Das Neves. Por ahora nadie quiere resignar aspiraciones.

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