Presente y futuro

En una primera lectura, parece exagerado el optimismo del gobernador Juan Schiaretti por el acuerdo firmado con la Nación. Durante este año, los Kirchner han incumplido todos los compromisos asumidos. Nada indica que no pueda ocurrir lo mismo el próximo año.

Se sabe, el matrimonio presidencial exige alineamiento político a cambio de abrir la caja, aun cuando esos fondos les pertenezcan a las provincias.

El entusiasmo de Schiaretti no es tanto por los fondos que se destrabaron. Su visión optimista radica en que encontró una estrategia para presionar a la Casa Rosada: los recursos ante la Corte Suprema de la Nación y el amague de emitir bonos, fueron una táctica acertada para bajar a los K del pedestal del poder sin límite.

Schiaretti está convencido de que tiene despejado el camino para terminar sin sobresaltos su mandato. El presente financiero parece más previsible. Pero lo preocupante es el futuro. El gobernador asumió con la pesada herencia de un alto endeudamiento. Este problema no se resolverá. Es más, se agravará, porque gran parte de la deuda se refinancia y la Caja de Jubilaciones seguirá siendo un agujero sin fondo. Lo que viene no llama al optimismo.

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