Las presencias y ausencias

Por: Ricardo Kirschbaum

Que haya habido una reunión del Gobierno con los dirigentes rurales y que no haya finalizado con una ruptura es un dato nuevo e importante. Es un resultado, más que el contenido, que alienta a reforzar la idea que el diálogo no debe ser un ejercicio de fuerza sino una herramienta imprescindible de la política. Este primer logro está apenas hilvanado y corre riesgos. Sería sabio, entonces, no rifar de nuevo esta oportunidad.

Quizá el acierto del Gobierno haya sido elegir bien los interlocutores y que los dirigentes del campo, también, hayan advertido que las ausencias en las filas oficiales ya era un gesto que mostraba una voluntad de acercamiento, antes que un concurso inútil de chicanas y prepotencia.

No estuvo Moreno pero sí Randazzazo, ambos del equipo titular kirchnerista y ejecutores de las directivas del ex Presidente.

Los ruralistas, también, quisieron demostrar que también pueden ser moderados. Como al Gobierno, les cuesta admitir cambios y no dejan de mirar su propio frente interno. La calificación del jefe de la Federación Agraria ("A la reunión le pondría un cuatro") hay que leerla en la clave de no aparecer como un componedor, frente a los ánimos muy alterados de los productores.

Hay otro dato político: la ausencia de Massa, el jefe de Gabinete, en la mesa de negociaciones. Tiene un sentido distinto a la de Moreno.

En el anterior capítulo, Alberto Fernández fue el interlocutor del campo. Y a veces fue desautorizado, directa o indirectamente, por el propio Kirchner.

Quizá ahora la intención sea mantener el diálogo al nivel actual, sin arriesgar otras jerarquías y eso explique que Massa no haya estado. O tal vez sea una interpretación benévola.

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