¿Preparados..?

Tanto en el oficialismo como en la oposición, el nuevo esquema electoral plantea mayor necesidad de acuerdos para formar las listas de candidatos.

Todos sorprendidos. Con el kirchnerismo gobernando se puede comprobar que, al menos en política, la capacidad de asombro nunca se agota.

Tal vez sea un tanto injusto responsabilizar sólo a esta porción del peronismo de la estrategia montada el jueves a última hora: en esta etapa democrática Alfonsín debió adelantar las últimas elecciones apremiado por la crisis económica de entonces, pero no pudo evitar la llegada de Menem al poder, y Duhalde tuvo que acortar su mandato provisional luego de la conmoción que creó el asesinato de Kosteki y Santillán.

Sin embargo, esta presidencia matrimonial, que no sabe de términos medios, porque genera amor u odio, se debía una jugada osada como la concretada para demostrar que mantiene intacta su capacidad para pelear. Hasta se puede llegar a asegurar que en esta instancia los Kirchner quieren jugar, a matar o morir, sin importarles tanto el resultado de la batalla electoral que afrontarán.

Aunque la posibilidad de que Néstor compita por la provincia de Buenos Aires está indicando que la supuesta retirada del kirchnerismo del escenario político nacional no se va a concretar en silencio y con bandera blanca de rendición, sino dando batalla hasta el último aliento, dejando bajas sensibles en uno y otro bando. Si asume como diputado, imaginemos a Kirchner debatiendo desde la banca...

Todo en una semana. El adelanto de la fecha electoral no le cae para nada mal al justicialismo mendocino. Hasta el jueves el desconcierto en el oficialismo era muy grande, porque lentamente sus funcionarios se reponían de los hirientes silbidos y abucheos recibidos por el Gobernador en el acto central de la Fiesta de la Vendimia.

Esta reacción golpeó duro al jaquismo, que hasta ese momento saboreaba éxitos importantes: acuerdo con los productores del Este y con el SUTE por los salarios, lo que le había garantizado al Gobierno un comienzo de clases bastante más ordenado que en gran parte del país. Por otra parte, los anuncios que trajo la Presidenta habían colmado las expectativas oficialistas.

Recién con el almuerzo del martes con los ex gobernadores provinciales Jaque había logrado superar el trauma post chiflidos. Encontró en sus antecesores, desde 1987 a la fecha, el respaldo institucional que necesitaba y una promesa de ideas para enfrentar la crisis que se avecina como efecto cascada de la debacle de las grandes economías del mundo. ¡Qué curioso y lamentable a la vez! Ex mandatarios asumiendo la tarea que la dirigencia política mendocina actual no realiza.

Y el martes el Gobernador también pudo superar otro trauma: Jaque dejó de ser Jake y se mostró sin temores junto a su actual gran rival, Julio Cobos. En el entorno del malargüino a este gesto, como a todo el amable almuerzo, lo definieron como la vuelta al “espíritu democrático mendocino”; la muchas veces pregonada convivencia política que excede posturas partidarias.

Barajar y dar de nuevo. Pero, también la decisión presidencial de adelantar cuatro meses las elecciones hizo cambiar la estrategia del oficialismo. Los tiempos tan cortos hacen variar los planes iniciales. En el Gobierno no ven una situación tan dramática.

“Ahora la que gana es la política, no la obra”, comentaba ayer un ministro. Esto significa que no se podrá apostar en lo electoral a lo que se pensaba inaugurar o poner en marcha de aquí hasta octubre. Tampoco queda mucho tiempo para ensayar cambios, si es que definitivamente Jaque pensaba remplazar a algunos de sus colaboradores.

En el PJ consideran que esta aceleración electoral los encuentra mejor parados que a la oposición. La idea pasa por “garantizar el proceso interno sin imposiciones”, según fuentes cercanas al Gobernador. Es decir, el oficialismo pretendería respetar la interna partidaria pero no descartando, en virtud de la premura, llegar a un acuerdo de sectores.

Hoy la estructura oficialista muestra al gabinete constituido en una suerte de muralla de contención de Jaque y con la pretensión de apostar a alguno de los integrantes como candidato nacional. Se habla de Francisco Pérez y Silvia Ruggeri, pero en el cuarto piso hay quienes se inclinan por Mario Adaro.

Un segundo sector está encabezado por los intendentes “azules”, que responden a Mazzón, uno de los artífices de la nueva estrategia electoral nacional. Y el tercer bloque tiene como cabezas visibles a los jefes comunales de Las Heras, Guaymallén y San Rafael.

Si la mencionada posibilidad de proceso interno con acuerdo se concreta, es probable que sean intendentes de ambos sectores los que encabecen las listas de candidatos nacionales (ver páginas 4 y 5). Habrá que ver qué grado de injerencia tendrán la Casa Rosada y Olivos en la confección de las listas en la provincia. Si Jaque puede tener voz y voto, habría que darle chance a alguno de sus ministros para encabezar listas. De lo contrario, el reparto priorizaría un acuerdo entre los sectores de los “caciques” territoriales.

La unidad del peronismo provincial ante la actual coyuntura es la herramienta más segura que posee el oficialismo para afrontar la campaña corta que plantea la Nación.

La oposición, a las apuradas. En la provincia, como también en el resto del país, la oposición tiene que tomar decisiones de urgencia más allá de los rezongos contra la guapeada kirchnerista. La alianza local entre la UCR y el cobismo puede llegar a concretarse pero mucho más forzada que como se venía gestando.

Un gran interrogante constituye la postura que adopte Iglesias, cuyo sector es probable que no negocie y vaya a la interna partidaria. Y la otra duda sigue siendo el posicionamiento de los peronistas cobistas, aquí representados en primer término por Enrique Thomas.

En ese marco, no es descabellado pensar que, lejos de un acuerdo, iglesistas y peronistas concertadores compitan en la elección general de junio a la par de la alianza radical-cobista, reflotando la división a la que el cobismo le atribuyó la derrota provincial de 2007

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