PREOCUPANTE CUADRO SOCIAL . Las autoridades minimizan el problema y niegan que haya aumentado la cantidad de chicos en situación de riesgo

La incorporación al mercado de trabajo informal se acentúa y se incrementa la matrícula en escuelas nocturnas. Una buena cantidad de chicos (algunas cifras dan cuenta de medio centenar) llega cada día desde la ciudad de Santa Fe.
Cae el sol sobre la ciudad y en la esquina de Antonio Crespo y Ramírez un puñado de chicos y adolescentes serpentean entre los autos, dan pequeños saltitos entre la calle y el cordón de la vereda, se dan mañas con destrezas sin mucho afán con unos palos circenses.

Son casi las ocho de la noche del viernes. Dos nenes se pasan la posta en las piruetas frente a los autos, cerca del semáforo: mientras uno sigue con la faena, el otro pasea con la mirada sobre los parabrisas, esperando el guiño. En un momento la luz verde habilita el paso, y el chico que pide monedas zigzaguea habilidoso.

Allí, en ese punto de la ciudad, es un contingente de no menos de diez, de distintas edades, una Babel, que crece con el verano y, sobre todo, con la llegada sin control de chicos que cruzan el Túnel, desde Santa Fe, y que aquí han encontrado su modo de sobrevivir día a día.

A PIE. Gustavo Britos, un trabajador social de la Residencia Chicos de la Calle, que funciona en Cervantes al 300, alertó a fines de 2008 sobre un problema que en 2007 generó un duro cruce entre las autoridades de Entre Ríos y Santa Fe: la persistente llegada de chicos a través del Túnel Subfluvial para ejercer la mendicidad en Paraná.

Britos alertó que cerca de “cincuenta” chicos santafesinos son asistidos en forma diaria en Paraná, según un despacho de la Agencia de Informaciones Mercosur que reprodujo sus declaraciones.

A ellos se suman otros cincuenta, según las autoridades, que desde distintos barrios llegan y se instalan en esquinas clave, lugares estratégicos para ejercer un tipo de trabajo informal: cuidacoches, limpiavidrios, vendedores ambulantes o para hacer módicos números circenses para entretener a los automovilistas y ganar dinero a cambio.

Lelia Pérez, segunda jefa de la Comisaría del Menor, admite que hay más chicos en la calle, algunos incluso llegados de Santa Fe, muchos en compañía de sus padres.

Aunque aclaró que con la nueva legislación en materia de minoridad, la Policía ya no tiene potestad para actuar frente a ellos. “Antes los subíamos en el móvil, y los poníamos a disposición del Consejo del Menor. Pero ahora con la nueva ley ya no podemos”, dijo.

La Ley Nº 9.861 de Protección Integral del Niño, el Adolescente y la Familia, promulgada en septiembre último, buscó desjudicializar la problemática de la minoridad, y quitó facultades a la Policía y restó injerencia también a los jueces.

Aunque la ley no pone a salvo de las complejidades que el asunto genera entre las autoridades.

María Eleonora Murga, directora de Derechos y Programas del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia, apunta al otro lado del río, y dice: “Lo que nosotros venimos advirtiendo desde hace muchos años es la afluencia de chicos desde Santa Fe. Aunque hemos hecho coordinación con los organismos reseponsables, y este año hemos notado una mayor respuesta, por lo menos tenemos una referenecia adonde llevar a los chicos en la ciudad de Santa Fe”.

NO TANTOS. El mapa de la ciudad ocupado por los chicos ha venido creciendo, de forma notoria. Están en Soler y Antonio Crespo; en Ramírez y Antonio Crespo; en Ramírez y Nogoyá; en Cinco Esquinas; en Ramírez y Provincias Unidas, donde se ubican los de menor edad; en Santa Fe y Rivadavia; en Gardel y Rivadavia; en Urquiza y Corrientes; en Gualeguaychú y Palma, aunque a veces la geografía se extiende un poco más.

En una entrevista con EL DIARIO, un grupo de funcionarios del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia contó cómo se aborda la problemática de los chicos de la calle, y relativizó la magnitud del crecimiento.

“Nosotros no compartimos la estadística de que haya más chicos en situación de calle. Nosotros no trabajamos con estadísticas, trabajamos con nombre y apellido. No consideramos que hayan aumentado los chicos en situación de calle”, apuntó María Eleonora Murga, directora de Derechos y Programas del Consejo Provincial del Niño, el Adolescente y la Familia, acompañada de la abogada Andrea Suárez, la trabadora social Valeria Pérez, el director de la Casa Chicos de la Calle, Leandro Dionisio, y el subdirector, José Sobrero.

Luego, añadió: “El verano es una época del año cuando hay mayor afluencia de chicos. Pero esto no significa que esos chicos estén en situación de calle. La situación de calle se define como la permanencia de un chico que hace de la calle su circuito de subsistencia. Las otras situaciones se dan porque el chico no tiene en su zona acceso a recreación o a lugares donde pueda permanecer, y sale a otros lugares. Pero eso no es situación de calle. Lo que uno ve en el verano es mayor afluencia de chicos, que no está en situación de calle, sino fuera de su barrio, fuera de su familia”.

Y ponderó la hondura de la tarea que realiza el Estado en procura de solucionar la existencia de chicos en la calle, que vinculó con lo que denominó “procesos sociales” que, dijo, llevan su tiempo.

“Esto no es como asfaltar una calle o hacer una obra de potabilización. Son procesos de cambio social que llevan tiempo, y el trabajo con estos chicos lleva su tiempo”, razonó.

Ir a la escuela de noche

Las escuelas nocturnas han comenzado a incrementar su matrícula en los últimos años. Y una de las causas es, primordialmente, el abandono o la imposibilidad de continuar en las escuelas diurnas, ya sea por sobreedad o por la necesidad de trabajar, en el sector informal, o en otro más o menos formal. Joel Spizer, coordinador de Educación de Jóvenes y Adultos del Consejo General de Educación (CGE), admite que las escuelas han debido ser permeables en cuanto a la edad, y admiten chicos de entre 12 y 14 años en los establecimientos para adultos. “Nosotros, antes de que un alumno abandone, preferimos que esté en la nocturna. Y por eso le brindamos un lugar donde pueda asistir a la ecuela. Y esto ha provocado un aumento de la matrícula”, señala Spizer. Aunque no es nuevo, el dato sirve para entender que el problema tiene mucho más entramados de lo que aparece en la superficie. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en Paraná el 3 % de los menores de 10 a 17 años trabaja, índice que en Concordia sube al 6,7 %. El mismo sondeo mostró que en el primer semestre de 2006, el 82 % de esos menores trabajadores continuaba sus estudios en Paraná, pero al segundo semestre, ese porcentaje había caído al 39,37 %.

Roberto Schmidt, director de la Escuela Nº 157 Alberto Gerchunoff, que funciona de noche en el Complejo Escuela Hogar Eva Perón, cuenta: “Las escuelas nuestras se crearon para adultos, pero en la práctica van muchos chicos, de 14, 15 o 16 años. Algunos porque de día trabajan como cuidacoches, como cirujas o como verduleros. También chicas, que de día son domésticas”.

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