Preocupan las secuelas que puede dejar la gripe A en los pulmones

En las terapias intensivas y cuando hace falta un respirador, al virus de la influenza A (H1N1) se le suman infecciones bacterianas resistentes que empeoran los cuadros. Los expertos hablan de "pulmones emparchados" y explican por qué un virus netamente respiratorio puede afectar a otros órganos como el riñón, hasta requerir diálisis. Para saber si las secuelas en los distintos órganos permanecerán en el tiempo se van a encarar estudios de seguimiento de pacientes.
¿Virus nuevos, secuelas nuevas? Aún no está claro y por eso se van a encarar distintas investigaciones para analizar qué tan afectados quedan los pulmones –y otros órganos– de los pacientes graves de influenza A (H1N1) que lograron recuperarse luego de la infección. Mientras tanto, los especialistas hicieron evaluaciones previas a pedido de este diario, aclarando que son provisorias hasta tanto se pueda arribar a conclusiones con más elementos a mano. "Los pacientes con más antigüedad estuvieron enfermos hace no más de 60 días, y ésa es toda nuestra experiencia", se excusan.

Entre las cosas que confiesan haberlos sorprendido de la epidemia es la apariencia "emparchada" de los pulmones en las radiografías. Y el modo en que otros órganos pueden ser afectados, como el caso del riñón, lo que a veces deriva en la necesidad de diálisis. El agente causal de esta gripe, como los de su prima "estacional", es un virus respiratorio, por lo tanto son los pulmones su blanco principal. Sin embargo, la misma sobrerreacción de esos órganos ante el ataque del intruso los lleva a producir un torrente de células llamadas citoquinas, que terminan afectando al riñón y a otros órganos, además de a los músculos.

Casos. Carlos Rubinstein es jefe de docencia e investigación del municipio Malvinas Argentinas, donde está situado el Hospital Abete, referencia en la lucha contra la epidemia de la nueva gripe. Según él, este virus no es como el bacilo de la tuberculosis que siempre, inevitablemente, deja secuelas. Pero debido en parte a la necesidad de que los pacientes tengan que ser conectados a un respirador y, en parte, a las sobreinfecciones bacterianas que se dan en los pulmones perjudicados, se han visto radiografías con problemas; incluso en pacientes con el alta médica otorgada. "El 50% de los pacientes en terapia intensiva necesitó asistencia respiratoria y ellos tienen secuelas, pero no sabemos si serán permanentes o no", dijo Rubinstein. Y agregó que el pulmón se pone duro, muy rígido y lleva tiempo recuperar su elasticidad, para lo que se necesita lo que se llama "rehabilitación kinésica respiratoria".

Otro tema anexo son los ataques que las bacterias hacen sobre los pulmones ya dañados. "Hay sobreinfección con bacterias, muchas con gérmenes gramnegativos difíciles de tratar, muy resistentes." Rubinstein también se refirió a la afección de otros órganos. "Hemos visto formas muy graves y muchas insuficiencias renales, con los túbulos renales infectados, lo que ha llevado a la necesidad de diálisis; pero, en general, los recuperados lograron también normalizar la función renal, aunque es algo que se verá en las próximas semanas con el seguimiento que haremos", señaló. También han registrado lo que se llama "rabdomiólisis", lesiones graves de los músculos.

Impresiones. Ana María Putruele, del Hospital de Clínicas, coincide con su colega. "Vemos dos modalidades de este virus: una, que funciona como la gripe común y que no tiene complicaciones; así es en la mayoría de los casos", dijo. "En la otra, un porcentaje menor de pacientes tiene complicaciones y presenta neumonía bilateral y la placa radiográfica da una imagen de pulmones emparchados", agregó. En general, se trata con antibióticos comunes y algunos se recuperan bien, pero otros no. "No sabemos qué va a pasar a largo plazo con la imagen del parche. Vamos a estudiar si la función pulmonar permanece alterada o no", adelantó. Lo cierto es que cualquier neumonía grave deja su marca en el pulmón, y se tarda no menos de un mes en volver a la normalidad.

Por último, Eduardo Schiavi, director del Hospital María Ferrer, especializado en enfermedades respiratorias, fue más optimista: "Mi impresión es que en la mayor parte de la gente el cuadro es totalmente reversible. La función respiratoria se recupera aunque la radiografía tarde en normalizarse". Sin embargo, remarcó que "si nos atenemos a lo que se sabe de las formas más graves, en esos pacientes es probable, al cabo de un año, una disminución de la función pulmonar de un 10 o 15%".

Gran Bretaña: fiestas para contagiarse

El principio sería igual al de la vacunación y al de la inmunización natural: estar en contacto con un virus para así, si llega una nueva ola de la enfermedad, tener los anticuerpos necesarios para que el propio sistema inmunológico la rechace.

Sin embargo, los especialistas miran con desconfianza y no recomiendan en absoluto ciertas prácticas que ya se detectaron en Inglaterra (y últimamente, también en los Estados Unidos), que consisten en reunirse adrede con enfermos de la gripe A (H1N1) para contagiarse. "Podría socavar nuestra lucha contra la enfermedad", le dijo Richard Jarvis, presidente del comité de salud pública de la Asociación Médica Británica, a la BBC.

"Los ingleses suelen hacer esto: desde hace años existe la rubéola party, en la que se juntan nenas de 11 o 12 años para contagiarse; eso ya es parte de la costumbre inglesa", contó a PERFIL Carlos Rubinstein, médico del Hospital Abete, escéptico de la utilidad de estas "fiestas". "No tienen sentido; es más grave el riesgo de exponerse y que todo termine en diálisis o con un pulmón inservible, o incluso con la vida arriesgada. Yo no lo recomiendo", concluyó contundente.

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