Preocupan las divisas en fuga

En los últimos dos años salieron del país US$ 37.500 millones, tantos como los que se fueron entre 2001 y 2003, en la agonía y el colapso de la convertibilidad; el fenómeno le restó anticuerpos a la economía para evitar su actual crisis
Tras largos meses de mostrar evidentes signos de fatiga, no debidamente atendidos, la economía argentina se volvió a enfermar. Llegó con defensas bajas al momento en que el clima internacional, inéditamente benigno en los últimos 6 años, comenzó a enrarecerse y poblarse de remozados virus.

Y lo pagó con una crisis que, aunque la presidenta Cristina Kirchner intentó el viernes declararla abolida desde un estrado ("de ninguna manera vamos a entrar en recesión", dijo, en ocasión de recibir al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en Casa Rosada), a esta altura sólo no existe para las increíbles mediciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

La fatiga que creó las condiciones para un contagio (que muy probablemente hubiera sido ineludible, pero seguramente menos gravoso) fue producida por el extendido cuadro "anémico" con que convivió la economía, básicamente, desde marzo de 2007 en adelante. No perdió glóbulos rojos, pero sí demasiados "glóbulos verdes".

Según el informe cambiario que elabora el Banco Central (BCRA) a partir del registro de las operaciones en el mercado local, en los últimos dos años la Argentina sufrió una salida de capitales que superó los 37.500 millones de dólares, cifra similar a la que se fue con la sangría iniciada en 2001 y que sepultó a la convertibilidad.

Si se considera etapa de colapso del régimen de cambio fijo el período que va de 2001 a buena parte del 2003 se observa que, en ese tiempo, salieron del país US$ 37.600 millones, una cifra financiada en su mitad por las reservas del BCRA y la deuda asumida meses antes del estallido final de la crisis mediante el "blindaje". Se trata de una suma aun superior a los US$ 29.500 millones que el sector privado había ingresado al país de 1992 al año 2000, según cifras oficiales.

Pero según el balance de pagos que elabora la Dirección Nacional de Cuentas Internacionales (dependencia cuyo titular fue desplazado por el Gobierno como parte de la "limpieza" derivada de la intervención al Indec), desde el tercer trimestre de 2007 a la fecha ?el primero con fuga neta de capitales del sector privado no financiero según este cómputo?, las transferencias netas al exterior totalizan 13.175 millones.

La diferencia entre ambas mediciones oficiales tiene razones cronológicas (el balance de pagos tiene datos sólo hasta el fin de 2008) y metodológicas. Mientras el Central se rige por los movimientos del mercado cambiario, Economía estima los flujos sobre el balance de pagos (según criterio del monto devengado). En cualquier caso, es mucha, mucha plata...

¿Por qué, afortunadamente, si la fuga ya es similar a la de entonces, el daño no fue el mismo? La explicación queda para los economistas. "Si la pérdida fue menos dañina que la de la última gran crisis en la memoria popular -a pesar de haber sido más elevada- fue sólo porque el sostenido ingreso de dólares comerciales por el saldo positivo que la balanza de pagos mostró hasta mitad de 2008 (gracias a los altos precios internacionales), y en la primera parte de 2009 (por el fenomenal derrumbe de las importaciones) financió más del 75% de la fuga y evitó tener que recurrir en exceso a las reservas internacionales que habían sido las que se esfumaron en 2001 y dieron lugar al descalabro", explica Nicolás Bridger, economista de la consultora Prefinex.

"En la convertibilidad, al tener déficit crónico de la balanza comercial en virtud del atraso cambiario, la economía era dependiente de la entrada de capitales. Para sostener el crecimiento, el Gobierno importaba ahorro externo, con lo que aumentaba la deuda pública en más de US$ 80.000 millones en todo el período. Pero cuando el sector privado se dio cuenta de que ese endeudamiento era insostenible, comenzó la salida de capitales y el régimen se derrumbó solo. Entonces, la sociedad se vio obligada a pagar mayores impuestos para abonar intereses por el error del Estado de financiar la salida de capitales privados con deuda pública", diagnostica, por su parte, Ramiro Castiñeira, de Econométrica.

"En la posconvertibilidad -prosigue-, al contarse con superávit comercial, producto del tipo de cambio competitivo y excelentes precios externos, la salida de capitales privados se financia con el propio superávit comercial que genera la economía. Se podría decir que se autofinancia", detalló.

Que tenga un costo menor no quiere decir que sea gratuita. Nada más alejado a la realidad. El éxodo de capitales agregó costos a la economía argentina y, en definitiva, la hizo volver a trastabillar.

Además, si en algo coinciden todos los economistas (aun los que consideran que la salida de capitales responde al juego de roles que parece haber definido la globalización en beneficio de las grandes potencias), es que se puede convivir con un goteo, pero no con una filtración continua y de semejante magnitud si la verdadera apuesta pasa por crecer.

Historia larga y repetida

La fuga de capitales no es un problema nuevo para la economía argentina. Se ha hecho tan habitual en los últimos 40 años que Miguel Broda se atrevió a considerarla un "deporte nacional con más arraigo entre los argentinos que el fútbol" sin que nadie se atreviera a desdecirlo.

"Es casi un fenómeno idiosincrásico del argentino que hace difícil pensar en que pueda revertirse rápidamente o con una medida en particular", dice Bridger.

"Es el reflejo de un fracaso histórico de largo plazo", admite Jorge Gaggero, un estudioso del tema que actúa en el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (Cefid-Ar), financiado por la banca pública y cooperativa local.

"Una cuestión de larga data, pero que se ha profundizado en las tres últimas décadas, precisamente gracias a la creciente globalización financiera", observa su colega Leonardo Bleger, del Centro de Ideas de la Universidad de San Martín, al apuntar a un componente estructural. Gaggero, por su parte, observa: "La transferencia de recursos que hubo de países periféricos a centrales llegó a los US$ 700.000 millones en 2006, un flujo del que, en la mejor hipótesis, se recupera apenas el 15% con los recursos que se inyectaron en este tipo de economía al haberse decidido la reciente capitalización en US$ 250.000 millones al FMI".

Empero, la sangría en el caso argentino también es la cara oculta de un fenómeno que explica el deterioro que la economía local mostró en ese lapso respecto de sus pares, y del fenómeno que hizo que hubiera en el exterior recursos de argentinos que representan más de la mitad del valor del PBI; e incluso llevaron al Gobierno a lanzar el actual blanqueo de capitales.

Además, una mirada algo más espaciada permite ver que no siempre estuvo activada por cambios en el escenario internacional (la Argentina siguió recibiendo capitales en la última parte de los 90, en tiempos de la crisis asiática -ver infografía-), que llevaron a empresas, ahorristas e inversores a buscar mayor seguridad para su dinero (como ocurrió con el advenimiento de la actual crisis global), sino que, muchas veces, es generado por causas locales.

En este sentido, conviene no dejar de tener presente que la tendencia dio señales de reactivación cuando el Gobierno intervino el Indec para dispararse cuando estalló el conflicto entre el Gobierno y el campo.

Desde entonces (ver infografía), el egreso se mantuvo constante, con nuevos picos tras la eliminación de las AFJP (un año después de haber validado el propio Gobierno su funcionamiento, al impulsar una reforma del sistema, con puerta de salida cada cinco años) y pese a que el Gobierno trató de reducirla incrementando progresivamente los controles a los movimientos cambiarios, aunque sin resultados.

"[Por el contrario], la suma de controles sin la puesta en práctica de una política simultánea que, mínimamente, ayudara a reencauzar la expectativas no hizo más que acrecentar la desconfianza", observó recientemente el economista Miguel Kiguel.

Para Bridger, la clave para combatir esta anemia está en no generar condiciones que favorezcan la salida de capitales, lo que traduce como "no tentar al diablo". "La política económica en los últimos años no ha sido un ejemplo. Los cambios constantes en las reglas de juego, como las modificaciones retroactivas en los impuestos (retenciones); la estatización de empresas y del sistema previsional, y la grosera manipulación de las estadísticas públicas aportaron mucho para que las fugas crecieran", insiste.

Desde el sector financiero agregan otra serie de factores que contribuyen a crear temor e incertidumbre. Recuerdan la amenaza que se dejó circular sobre una apertura compulsiva de las cajas de seguridad (luego, formalmente desmentida) o las propias invocaciones que el Gobierno hizo a una posible reedición de la crisis del 2001 si el resultado de las próximas elecciones hiciera menguar su poder, como repitió en varias tribunas el ex presidente Néstor Kirchner, antes de llamarse a sosiego para mostrarse más reflexivo y conciliador, en los últimos días.

Se trata de conductas que parecen ignorar que no hay nada más cobarde que el capital y pasan por alto la triste ironía que implica que un país que necesita recursos para crecer y desarrollarse no logre generar políticas para combatir semejante dispendio.

Las claves

1) Una salida silenciosa

El sostenido ingreso de dólares comerciales (gracias al "efecto soja") hasta la primera mitad de 2008 hizo que el impacto de la fuga de capitales fuera menor, al menos, para la percepción de la gente. El saldo comercial fue lo que financió 75% de la fuga, y no tanto las reservas internacionales, como había sucedido en 2001.

2) Tan popular como el fútbol

Los analistas reconocen que la salida de capitales no es un problema nuevo para la Argentina. Todo lo contrario, describen al fenómeno como "un deporte nacional", con más arraigo incluso que el fútbol.

3) La culpa es de la globalización

La fuga de capitales se ha intensificado en las últimas tres décadas. Muchos citan al proceso de globalización como uno de los grandes responsables.

4) Algo malo habrán hecho

El contexto externo no es la única causa. La sangría es, asimismo, la cara oculta del deterioro de la economía local, más cuando se la compara con el desarrollo de muchas de las principales economías de la región.

5) Hacer los deberes, la salida

Los expertos coinciden en que el Gobierno es quien debería generar las condiciones para evitar la fuga de capitales. Por lo pronto, una de las claves pasaría por respetar las reglas de juego. Peca de obvia, pero no por ello se trata de una receta sencilla.

De egresos e ingresos

* U$S 29.560 millones : ingresaron inversores privados a la Argentina entre 1992 y 2000; el grueso llegó luego de que la convertibilidad superó el test del tequila, lo que pareció volverla un esquema confiable a los ojos del capital internacional.

* US$ 37.600 millones : dejaron el país entre los años 2001 y 2003, cuando explotó el esquema de convertibilidad. La sangría, en el peor momento, dejó al Banco Central con US$ 8000 millones de reservas.

* US$ 9645 millones : arribaron entre los años 2004 y 2007. El pico se registró en 2005, ante la inminente finalización de la reestructuración de la deuda.

* US$ 9600 millones : se fueron en 2008; en apenas un año se dilapidó todo lo ingresado en los tres anteriores, siempre según cifras del balance de pagos.

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