Preocupación y reclamos de mayor certidumbre

Por: Alejandra Gallo

Los mensajes de la mayoría de los hombres de negocios al Gobierno coinciden en subrayar las consecuencias negativas del conflicto con el campo en su propia actividad.

A un mes de las elecciones, la mayoría de los hombres de negocios aumentaron sus mensajes de preocupación y sus pedidos de mayor certidumbre en la economía. Les preocupa el efecto combinado de la crisis internacional y la Gripe A; pero, sobre todo, la baja productiva que dicen presenciar en todos los sectores porque permanece el conflicto con el campo. Son preocupaciones compartidas por un sector de los economistas del Gobierno y por un grupo, cada vez más amplio, de gobernadores (incluso K), quienes miran cómo desciende el empleo regional, pero se sostienen los puestos de trabajo con asistencia fiscal de la Nación.

Desde estos sectores políticos consideran que los dirigentes agropecuarios tienen un compromiso partidario con la oposición y mucha presión en sus bases para enfriar la relación con la Casa Rosada.

Y creen que si la situación fiscal en las provincias se complicara, habría una nueva alianza inevitable entre productores y gobernadores. Por eso, todas las miradas apuntan al encuentro que hoy tendrá el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, con la Mesa de Enlace (la primera reunión del Gobierno y el campo luego de las últimas elecciones y con aires renovados en el Gabinete).

"Miremos para adelante con optimismo y ganas, aunque en eso haya poco de realismo", se sinceró un poderoso empresario, que hasta anoche, aún buscaba aplacar los ánimos del campo. Fuentes oficiales y del campo, coincidieron en que a lo sumo podrá salir de allí una invitación a la Mesa de Enlace para integrar el Consejo Económico y Social. A juzgar por la situación actual, las mismas fuentes concluyeron en que difícilmente los dirigentes del campo acepten sentarse a esa mesa. Al margen de eso, en los hechos, desde que la Presidenta anunció la convocatoria a un diálogo económico-social el 9 de julio, hasta ahora no se formalizó ni siquiera la foto inaugural.

De hecho, los borradores del discurso que dará mañana en el tradicional acto de la Rural el presidente de la SRA, Hugo Biolcati, no augurarían palabras de acercamiento. "Él no se ahorra nada", lo definió un estrecho colaborador, en alusión a que habría en sus palabras futuros matices similares a sus recientes palabras en otro acto de la Exposición.

Aquello causó mucho malestar en el Gobierno de Cristina Kirchner; pero igual desconcierto en otras entidades empresarias, que venían pidiéndole al Gobierno que sume al campo a las mesas de diálogo. Y lo mismo pasó con la posición del titular de CRA, Mario Llambías. Por eso, hasta anoche aunque todas las entidades empresarias que componen el G-7 aseguraron su presencia en el acto de mañana, no estaba confirmado si irían sus presidentes o segundas líneas.

En la Rural hubo múltiples excusas protocolares para hacer llegar esos dichos. Con la excusa de intercambiar opiniones sobre la suba del salario mínimo, que se cerró el martes casi a la medianoche en el Ministerio de Trabajo, los técnicos del Grupo de los Siete habrían definido una reunión la semana próxima. Estarían Carlos de la Vega (Cámara de Comercio), Héctor Méndez (Unión Industrial), Jorge Brito (Adeba), Carlos Wagner (Cámara de la Construcción), Adelmo Gabbi (Bolsa). No confirmaron si asistirán Biolcati (SRA) y Mario Llambías (CRA). En un exclusivo VIP de Eduardo Eurnekián la mesa chica de la CAC, coincidió en que "la necesidad de un arreglo en el conflicto del campo excede lo estrictamente sectorial, abarca a toda la economía".

En los días que pasaron, desde el Gobierno buscaron recrear la relación con la industria, el sector que hasta que se instaló la crisis el año pasado venía siendo el motor del crecimiento económico en las gestiones kirchneristas.

El jefe de Gabinete almorzó en la Unión Industrial, el miércoles, y prometió (previo llamado al titular de la cartera laboral, Carlos Tomada) que el Gobierno enviará en diez días un proyecto de Accidentes de Riesgos de Trabajo (ART) al Congreso.

La semana pasada había visitado a los mismos comensales, el ministro de Economía, Amado Boudou. Ese funcionario seguirá los agitados pasos de Fernández en estas horas. Ayer se reunió con la CAME, que preside Osvaldo Cornide, y el martes próximo lo hará con la CAC.

En todos los casos y a ambos funcionarios, los mensajes de la mayoría de los hombres de negocios van en la misma dirección: cada sector le expone al Gobierno las consecuencias del conflicto con el campo en su propia actividad.

Para los bancos hay una limitadísima demanda de crédito y una espada de Damocles en la salida de dólares mensuales del sistema. En el interior del país, las industrias están casi paradas, en especial las vinculadas con la maquinaria agrícola. En las grandes ciudades del país, la actividad en los comercios cayó un 15% pero en las pequeñas, la baja llegó hasta el 40%.

Justo cuando los funcionarios intentaban recrear los vínculos con la industria, la AEA (que funciona como un 'think thank' del empresariado) difundió el documento más duro en la era K, advirtiendo sobre las inversiones y las expectativas.

Además, el titular de la AEA, Luis Pagani (Arcor) reforzó esos contenidos. En un acto conjunto de esa entidad con la UIA realizado en Córdoba, enfatizó que hay que fortalecer las señales "para impulsar las inversiones postergadas en el sector privado". Lo que la AEA, en definitiva, remarcó es algo que, aunque se lo difunda a un mes de las elecciones, ocurre en la economía desde mucho antes del 28 de junio. Así lo creen todas las entidades del G-7, aunque sólo la UIA se haya pronunciado públicamente a favor de ese documento.

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