Preocupación empresarial por las protestas crispadas

Por: Marcelo Bonelli.

En sus reuniones, tanto la UIA como AEA coincidieron en deplorar la sucesión de manifestaciones de violencia. Este clima afecta negativamente a la producción y la inversión.

La cúpula de la Unión Industrial Argentina manifestó su preocupación por la creciente intranquilidad social, advirtiendo sobre los efectos negativos que provoca en las empresas la ausencia en las protestas de mínimas normas de convivencia democrática.

En una reunión privada, los dardos de los industriales estuvieron dirigidos a los piquetes, escraches violentos y protestas. Y hubo quienes directamente señalaron a la Casa Rosada: los empresarios responsabilizaron al Gobierno de promover y permitir las protestas en las calles. En esa línea se manifestó Miguel Acevedo, quien lideró la reunión. Hubo planteos similares de Luis Betnaza y Federico Nicholson, así como de Daniel Funes de Rioja. Coincidieron que resulta inadmisible que el Ministerio de Trabajo permitiera "actos ilícitos" como forma de presión.

Pablo Challú expuso otro argumento. Para el ex secretario de Comercio, el reclamo no obedece sólo a una cuestión política que podría alentar el kirchnerismo. Challú expreso que la agitación tiene origen también en el deterioro social, por efecto de la recesión y la inflación.

Un día después -el miércoles- hubo un encuentro similar de los principales referentes de la Asociación Empresaria Argentina, la entidad que aglutina a los titulares de los principales holding locales.

El diagnóstico y la visión fue casi idéntica. Los caciques que lidera Luis Pagani hablaron de tres episodios y un mismo hilo conductor: el uso de la violencia en Kraft, el escrache a la embajadora de Estados Unidos y el ataque a Gerardo Morales. Los líderes patronales coincidieron en expresar que tamaña movilización no se hace sin un "guiño" político desde el poder kirchnerista. También expresaron su preocupación por la desidia oficial que lleva a no cumplir ni respetar procedimientos institucionales, como ocurrió con la "fe de erratas" en la ley de Medios.

Ambas reuniones -UIA y AEA- fueron duras y criticas hacia la Casa Rosada. Hablaron de un clima de incertidumbre y desconfianza y expusieron en términos más crudos lo que dijo en un documento público la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en Argentina. En esas reuniones también se filtró un comentario persistente: la posibilidad de que deje su cargo Guillermo Moreno y sea trasladado a la Secretaria de Comunicaciones.

Jorge Zorreguieta, titular de Copal, admitió en círculos privados que fue el propio Moreno quien comunicó esa novedad a varios CEOs de la alimentación. Moreno pretendería trocar su cargo, pero dejando gente de su confianza en la Secretaria de Comercio, como ocurrió ya con el INDEC. Moreno enfrenta una feroz ofensiva del Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, el cual frenó duramente a Moreno en varias reuniones del Gabinete de la Producción.

Las coincidencias en la UIA y la AEA obedecen a temores compartidos: que se vulneren derechos elementales y que la incertidumbre que este proceso genera frene la incipiente recuperación económica.

En ambas entidades admiten una cuestión: que desde septiembre se percibe una leve recuperación, que acompaña a la bonanza financiera. El Banco Central logró dominar la inestabilidad financiera y ahora el mejor clima internacional beneficia a la Argentina.

La pericia que mostró Martín Redrado hizo que se escucharán sus opiniones en la Quinta de Olivos para archivar el proyecto de entidades financieras.

Amado Boudou interrogó sobre las versiones de esos cambios. Néstor Kirchner le respondió: no hay ningún proyecto concreto, pero la versión se va a "dejar correr." En la Quinta de Olivos igual hay dos "memos" con eventuales cambios. Está la propuesta de Carlos Heller y un pedido de Osvaldo Cornide basado en una realidad: los bancos pagan 12% por un depósito y cobran un interés del 30. Pero no existe voluntad política de abrir un debate financiero, cuando la Argentina lanza la reapertura del canje de la deuda.

La decisión política se adoptó el miércoles en la Quinta de Olivos, después de que Néstor Kirchner le introdujera cambios a la propuesta de los bancos que operarán la transacción: Barclays, Citicorp y Deutsche. El ex presidente censuró la negociación de Boudou porque había muchas concesiones a los bonistas y eso complica la aprobación del Parlamento.

Los bancos aceptaron los cambios, porque están ávidos por el negocio: las comisiones que cobrarán no se tocan. Un "paper" secreto de los banqueros detalla el verdadero impacto financiero de la medida. Ahora ese plan de pago establece:

Una quita mayor a la prevista por Boudou y por lo tanto un negocio menor para los bonistas. La operación igual deja margen y ganancias a los acreedores.

El esquema inicial establecía una paridad real del bono del 50% del precio nominal. Así, por cada bono en default de 100 dólares, Argentina iba a reconocer en la realidad 50 dólares.

Ahora ese valor real será del 40%. En otras palabras: por cada 100 dólares en default, Argentina pagará realmente 40 dólares. Igual será atractivo para los bonistas, porque hoy el precio de mercado reconoce unos 34 dólares por bono.

Los bancos anticipan una aceptación de 15.000 millones de dólares. Sería del 75% del total en juego y ya hay confirmados 8.000 millones de dólares de inversores institucionales.

El anunció pone en marcha un complejo proceso. Antes se requiere el aval del Parlamento y de la SEC de EE. UU. Pero es una medida trascendente para que Argentina normalice su situación financiera internacional y pueda volver a endeudarse para suplir la flaqueza de las cuentas fiscales.

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