La prensa escrita tampoco es inmune

La prensa escrita tampoco es inmune
Por Mario Diament

MIAMI.- Quien quiera asomarse al futuro e imaginar un mundo sin diarios puede visitar cualquiera de los foros de los diarios online . Allí, una rara mezcla de participantes, cuya identidad es tan incomprobable como sus credenciales, se da cita todos los días para hacer comentarios y exponer sus opiniones.

El fenómeno es absolutamente novedoso. Nunca antes tuvo tanta gente la posibilidad de hacerse escuchar públicamente y sin ningún tipo de tamiz. Pero el producto de estos foros pertenece más al mundo del debate de café (y, en ocasiones, al de la psicopatología) que al de la información. Las especulaciones se combinan libremente con las verdades a medias; la desinformación es tan rampante como los errores ortográficos.

Al mismo tiempo, la industria de la prensa escrita enfrenta una de las crisis más graves de su historia. A la progresiva pérdida de lectores y anunciantes por la competencia de los medios electrónicos, se suma ahora la severa recesión internacional.

En estos días es difícil encontrar un periodista que no esté preocupado por la posibilidad de quedarse sin trabajo. Razones no faltan. Según un análisis de Barclays Capital, las empresas editoras de diarios en Estados Unidos registrarán este año una caída del 40% en sus utilidades publicitarias. Los diarios reducen sus redacciones con la tenacidad de los jíbaros.

Los Angeles Times tiene hoy menos de la mitad de los periodistas que siete años atrás y su compañía madre, Tribune Co., propietaria del Chicago Tribune , está en convocatoria de acreedores. La corporación McClatchy, que publica unos 30 diarios, como el Miami Herald , despidió a una cuarta parte de su personal en 2008 y se dispone a anunciar una nueva reducción.

USA Today , el de mayor circulación en el país, impuso una semana de trabajo no pago a sus empleados; Wall Street Journal , recientemente adquirido por Rupert Murdoch, congeló salarios. Hasta el venerable New York Times vio sus acciones depreciadas a la categoría de junk y debió ser rescatado por el multimillonario mexicano Carlos Slim.

Como muchas otras industrias en la presente economía, el único camino previsible es hacia abajo. A menos que los diarios se renueven y reconsideren su estrategia, su supervivencia se torna seriamente cuestionable.

¿A quién le importa? La gente joven raramente compra diarios y lee cada vez menos. Un estudio del Fondo Nacional de las Artes en 2004 determinó que los hábitos de lectura de los norteamericanos de entre 18 y 34 años declinaron un 55% más que el resto de la población. Ese sector no lamentará la desaparición de los diarios.

Los políticos seguramente celebrarán haberse quitado ese tábano del cuello y la oportunidad de publicar sus panfletos sin competencia. Y los medios electrónicos se convertirán en los beneficiarios del volumen publicitario. De modo que después de 400 años, los diarios podrían pasar al olvido sin que nadie lo lamente realmente, excepto que su ausencia serviría, tal vez, para que la gente tomara conciencia de su extraordinaria importancia. Porque la perspectiva de vivir en una sociedad donde la información está en manos de bloggers , foristas y operadores políticos equivale a renunciar al derecho a saber.

Los diarios, tanto como los periodistas, son productos imperfectos, muchas veces tendenciosos; otras veces, instrumentos de intereses no explícitos. Pero en la mayoría de los casos, desarrollaron mecanismos de verificación y control que aseguran que la información llegue al lector con la mayor veracidad posible. Podrán representar y exponer puntos de vista diferentes, pero su multiplicidad garantiza la pluralidad de ideas y el equilibrio.

Imaginar un futuro sin diarios es como imaginar un futuro sin poesía o sin conocimiento. Un amplio foro online donde, parafraseando a Shakespeare, todo "es como un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y de furia y carente de significado".

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