"Prefiero que Scioli sea diputado"

"Prefiero que Scioli sea diputado"
No es un reportaje político a un candidato aunque aparecen algunas definiciones. Es una conversación con una mujer que ha vivido (y se nota que lo ha hecho). Sobre "Gran Cuñado" dijo: "Me hiere los sentidos porque lo veo feo. Y del mismo modo en que me rindo frente a la belleza, creo, y no hablo sólo de ese programa, sino de la televisión en general, que ha contribuido a la degradación del gusto en los últimos años.
—Nosotros nos conocimos hace 26 años, cuando ambos vivíamos en Nueva York y en la Argentina todavía gobernaba la dictadura. ¿En qué es distinta aquella Nacha Guevara de la de hoy?

—En los modales. Uno sigue con las mismas convicciones, creyendo en las mismas cosas, pero logra cambiar la manera en que lo comunica; es mucho más poderoso que estar a los gritos. Es el resultado de un trabajo muy largo que empecé en el exilio. Un viaje hacia adentro, que es la aventura más grande que una persona puede tener porque es un viaje infinito, lleno de curvas, de precipicios, de subidas, pero siempre maravilloso, y que hace que uno vaya encontrándose a uno mismo, y en realidad, en el fondo, todos somos iguales, y entonces cuando uno logra llegar más cerca de uno mismo, logra llegar más cerca del uno mismo del otro. Y ése sería como el gran cambio. Son como treinta años de estar trabajando para educar al monstruo, como yo lo llamo cariñosamente. Porque al monstruo no hay que rechazarlo, ni odiarlo, ni ponerlo bajo la alfombra. Hay que conocerlo, hay que comprenderlo, hay que perdonarlo y hay que educarlo.

—Todos los analistas dicen que Néstor Kirchner luego de oficializar su candidatura pronuncia discursos con tonos más amigables. ¿Tuvo algo que ver con ese cambio de su compañero de lista? ¿La consultó, o le sugirió Ud. que podía decir lo mismo con otros modales?

—No. Mis experiencias las conocen, saben desde dónde hablo y qué es lo que quiero hacer, pero no. Sí, todo el mundo percibe ese cambio (en Kirchner), creo que es un cambio para bien. Yo a lo que aspiro es a que todo el mundo hable desde lo más alto. Que desde nuestras posiciones, políticas, no políticas, en la empresa, en la escuela, en los hospitales, en todos lados, tratemos de hablar desde nuestra parte más alta y comunicarnos con la parte más alta del otro. No es una tarea sencilla, pero es posible. El esfuerzo de algunos en hacer eso puede ser una cosa que modifique y transforme. Digamos que los que tenemos más visibilidad tenemos la obligación de comportarnos como la gente.

—Cuando vivió en EE.UU. habrá escuchado hablar del psiquiatra norteamericano Albert Ellis (N de R: murió en 2003, con 93 años), creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual y padre de las terapias cognitivas actuales, quien tenía como una de sus especialidades el tratamiento de la ira. Pienso que a Ud. no le debió ser fácil dominar a su "monstruo".

—Es una tarea. Y para dominarlo primero hay que hacerse amigo, porque si empleamos las mismas armas que él emplea no podremos dominarlo nunca. Gandhi decía una cosa maravillosa: "Si para combatir al mentiroso, miento; si para combatir al ladrón, robo; si para combatir al asesino, mato, ¿cómo hará Dios para distinguir a los malos de los buenos?". Todos tenemos lo mejor y lo peor. Si no nos amigamos con esa parte y seguimos poniendo la que se le parece, no hay manera de transformarse. Y yo creo que nos olvidamos que estamos en el nuevo milenio, porque como pasó hace nueve años… es una antigüedad. Y hay que crear la nueva utopía, porque las utopías del siglo pasado no van más. ¿Y qué es una utopía? Es un sueño colectivo, un sueño imposible ahora, en este momento, pero no en el futuro.

—¿La soberbia es uno de los alimentos fundamentales de ese monstruo?

—Y sí, es como toda emoción negativa. Es enemiga de lo mejor de uno. En unos será la soberbia; en otros, el egoísmo; en otros, la ira; en otros, la culpa; en otros, el miedo…

—Me refiero a su mundo, el del espectáculo, y ahora el de la política, donde el ego es imprescindible y difícil de dominar.

—El ego es el personaje. Los actores que comprenden su tarea tienen una experiencia extraordinaria. Son el personaje y el que observa el personaje. Porque un actor no mata a Polonio en el segundo acto detrás de la cortina, ni Ofelia se ahoga y no puede salir a saludar. Es decir, tienen la capacidad de actuar y convencer en su rol, y la capacidad de observar al mismo tiempo y de guiar. Esa experiencia es la que deberíamos tener todos, no en el escenario, sino en la vida. Todos jugamos roles. Ahora usted está haciendo el rol de persona que entrevista y yo del entrevistado. Pero después, cuando termine esto, va a ser el director de la empresa y después va a ser el papá de su hijo. Pero hay alguien que no juega los roles. Hay alguien que observa. Y ése no puede ser el ego. El ego actúa, pero tiene que haber alguien, que es el ser más alto nuestro, que tiene que observar. Cuando está al mando el otro, pasa lo que habitualmente vemos cuando alguien está expuesto a la luz, al flash, etc. Esos desfiles de vanidades. Cuando alguien está más trabajado, puede actuar desde su parte superior y hacer el rol que le toca hacer en ese momento en particular sin creérselo del todo. Sin matar a Polonio en el segundo acto.

—Loco es aquel que se cree Napoleón, pero también habría estado loco Napoleón si no se hubiera dado cuenta de que hacía de Napoleón.

—Exacto. A él le tocó hacer de Napoleón. Y a todos nos toca hacer de algo. Ahora, cuando confundimos el personaje con el actor, ahí estamos en problemas. La prueba del poder es la más difícil que tiene que pasar una persona. Es evidente que el poder tiene una seducción, una fascinación, es la prueba más alta y muy pocos la pasan.

—¿En qué se parece la actividad política a la de los artistas?

—No hay que creérselo, porque si hay un lugar donde a una velocidad increíble se está en un puesto y al otro día no es nadie… es en la política. El arte es más estable. Si se hace una carrera consecuente, si se sigue trabajando… Al final paga, devuelve. Pero en la política todos quedan patas para arriba. Es muy momentáneo. Otra cosa es el deseo en los buenos políticos de crear algún tipo de armonía en la sociedad. Ese es un deseo del artista también, crear belleza. De sanar, de algún modo, a la sociedad. De sanar desde ángulos muy diferentes, con profundidades muy diferentes, pero en el político auténtico está esa voluntad de servir al otro.

—¿Nota la diferencia entre hacer política y gobernar?

—Gobernar es lo que se puede. Como dijo el otro día una persona muy inteligente: es la difícil elección entre lo que se puede y lo que se debe. Se puede hacer política sin gobernar. Ahora… ¿se podrá gobernar sin hacer política? No creo.

—¿Qué reflexión le merecen que en la Argentina los dos candidatos con mayores posibilidades de ser presidente en 2011 por el peronismo, Reutemann y Scioli, sean dos personas que llegan a la política por el deporte?

—Para el deporte hay que tener una rigurosidad, disciplina, códigos que se tienen que respetar. Hay que tener una constancia, una perseverancia increíble. Hay que saber ganar, hay que saber perder. No me parece un training nada malo para alguien que tiene que estar en la batalla cotidiana de gobernar, porque esto es una batalla. Creo que en la política tiene que haber gente de todos los sectores. No podemos estar gobernados por abogados. Ni por deportistas, ni por artistas. Supongo que tiene que haber gente de muchas disciplinas que se ha probado, que ha buscado la excelencia en su disciplina, y que desde ese lugar haga ese aporte a la vida, porque la verdad es que hay que gobernar para todo el mundo.

—En un reportaje en este espacio, Palito Ortega explicó que los deportistas tuvieron más éxito en la política que los artistas porque los artistas pueden continuar con su profesión casi indefinidamente, mientras que los deportistas, pasada cierta edad, están obligados a retirarse, y la política es una forma de canalizar el reconocimiento del público.

—El deportista está en otra posición. No tiene oportunidad de volver a correr, de jugar al tenis, lo que fuera.

—¿Su compromiso es más profundo porque no hay vuelta atrás?

—Sí, y tendrá nostalgia, pero no tiene posibilidad de volver. También hay otra diferencia, tal vez. La sensibilidad. Creo que es distinta la sensibilidad de un artista.

—¿Al artista le juega en contra?

—Puede jugarle en contra.

—Ortega decía: "Si Reutemann pudiese subirse a un auto de Fórmula Uno y volver a correr como yo puedo subirme al escenario con mi guitarra y cantar, no sé si querría ser presidente".

—Claro, no sabemos. Sólo él puede contestar eso.

—Scioli, además de haber sido el propulsor de su candidatura y él mismo provenir del deporte, ahora está entrenando a Guillermo Vilas para que desarrolle una futura carrera política. ¿Alguna vez habló con Scioli sobre su convicción en el trasplante de famosos a la política?

—El es pragmático, poca teoría y mucha práctica. Y siempre está trabajando, así que no tengo el placer de largas conversaciones sobre el tema. No es un teórico, no es una persona que va a dar muchas explicaciones. El es muy observador. Y observa mucho a la gente en sus comportamientos cotidianos y en cómo va resolviendo sus situaciones, si es creativa, si es responsable. Y es muy intuitivo, De repente hace esa síntesis y se la tira. Y ésa es la forma en que actúa. Y en cuanto a Vilas, yo lo respeto muchísimo, me parece una persona muy inteligente, una persona que ha evolucionado mucho en los últimos tiempos, que ha crecido. Sería interesante que pusiera esa energía, ese compromiso y esa disciplina, ese sentido de buscar la perfección que tiene que tener cualquier deportista, porque si no, no llega a esa altura.

—La fama acumulada tras una exitosa carrera, ya sea en el mundo del espectáculo o del deporte, es sin dudas un capital, se podría decir que es una marca. En el pasado, grandes deportistas cuando se retiraban capitalizaban ese recurso en la actividad privada, por ejemplo, Fangio con Mercedes Benz y otras actividades relacionadas con lo automovilístico. ¿Décadas de empobrecimiento económico en la Argentina hicieron que la actividad privada ya no brinde tantas oportunidades?

—(Fangio) No debe haber tenido vocación. ¿Usted cree que si Scioli no estuviera haciendo política no tendría empresas ni vinculaciones con negocios importantes…?

—Seguramente, pero la casa de venta de electrodomésticos de su familia quebró. Mi intención es llegar a Ud. Por ejemplo en Estados Unidos, Jane Fonda, quien le es comparable por su activismo político en defensa de los derechos civiles en los años 60, filmó sólo dos películas en los últimos veinte años (la última antes de su reaparición, en 2005, con "Una suegra de cuidado", fue en 1989, justamente dirigida por un argentino: "Gringo viejo", de Luis Puenzo), pero su imagen generó muchos ingresos con sus libros y videos o, recientemente, por los productos de L’Oreal que llevan su marca. ¿Aquí sería imposible?

—Es muy chiquito este mercado. Pero es chiquito para actuar, es chiquito para vender revistas. ¿Qué podemos hacer?

—Con su auspicio, el miércoles pasado la Presidenta otorgó a la Casa del Teatro un subsidio de 350 mil pesos. Allí viven decenas de personas que fueron actores y autores importantes del pasado que hoy no pueden sustentarse por sí mismos. Me cuentan que Carlos Petit, el mayor productor teatral de los años 70, vivió sus últimos años en la miseria.

—El desamparo de la clase artística es brutal.

—¿Se podría decir que la mayoría de los actores llegan más desamparados que otros profesionales a la vejez por la naturaleza de sus vidas, sin aportes jubilatorios ni ahorros?

—No hay jubilación, no hay seguro de desempleo. La inestabilidad, la incertidumbre en que vive… Sólo el que lo vive lo conoce. Y lo he vivido.

—Usted se fue del país con tres hijos y trescientos cincuenta dólares.

—Sí, y sin conocer a nadie. Pero a veces hay exilios internos. No sólo exilios de irse del país. Hay exilios dentro del país, y que son más dolorosos, tal vez. Esta profesión es absolutamente extraordinaria, las experiencias que se viven son imposibles de cambiar a otras disciplinas. Son muchas vidas en una vida. Es de una gran generosidad el actor con su corazón, con sus emociones. En general, los actores trabajan sobre la imaginación, pero la mayoría trabajamos sobre la propia historia, sobre la propia emoción. Sobre todo cuando se hace cine, televisión, que no hay tiempo de elaborar como en el teatro, tenés que recurrir a tu propia llaga, a tu propia alegría, como puedas. Y yo los veo tan generosos con su corazón y tan desamparados… Yo creo que es la profesión más desamparada. Es tremenda.

—Yo quería llegar a dos preguntas que le desagradarán, pero como política tiene que acostumbrarse a responder. La primera: ¿el sueldo de diputada y la jubilación de privilegio posterior pesó en su decisión de aceptar el ofrecimiento del kirchnerismo?

—Mire, yo tengo este entrenamiento en la incertidumbre que por años lo viví de una manera espantosa, con miedos al llegar al final del contrato, de la temporada, como ver venir un abismo. Hasta que entendí, al estudiarlo, que en la incertidumbre están las posibilidades infinitas. Y entendí que la incertidumbre no era tan tremenda, sino que era la capacidad de ser libre. Es en la incertidumbre donde realmente somos libres. Eso cambió muchas cosas. Me hizo más feliz, porque yo sufría mucho con eso, y cambió mi actitud con las cosas. Alguna gente me dijo: te vas a jubilar. La chica que trabaja en casa, que hace veinte años que trabaja conmigo, me dijo: "Señora, acéptelo, porque usted no tiene jubilación". Pero eso no juega, porque son cuarenta y cinco años de vivir de otra manera. Y de probar que se puede vivir de otra manera. Y que hay alguna fuente que nos va trayendo cosas y que nos permite vivir, si es que todavía tenemos que seguir viviendo. Entonces, no soy de pensar tan a futuro. Hay que salir del círculo de comodidad, que es cómodo hasta que es incómodo. Y nos encierra. Mi profesión me enseñó eso. Y se lo agradezco.

—Segunda: ¿es cierto que el patrocinio de la provincia de Buenos Aires de su espectáculo "Eva" fue de dos millones de pesos?

—No sé la cifra exacta, pero es mucho menos. Es el Instituto de Cultura el que patrocinó. Nosotros tenemos muchos sponsors, y buenos. Tenemos Telecom, Claro, Aerolíneas…

—¿El patrocionio de Scioli fue secundario o determinante?

—Sí fue determinante la voluntad de Daniel en eso. En empezar a entusiasmar a la gente, a venderles el proyecto, a conectar una cosa con otra, eso sí. Ahora, el espectáculo se tuvo que sustentar por él mismo. El (Scioli) echó la rueda a andar y le estoy profundamente agradecida. Y las cien mil personas que lo vieron también le tienen que estar agradecidas. Porque fue la primera vez que tuvieron la posibilidad de ver un espectáculo que no se había visto nunca en la Argentina.

—¿A qué atribuye que fue más exitosa la "Eva" actual que la de hace 22 años, cuando la estrenó en 1986?

—La obra estaba mejorada porque hay una tecnología que no teníamos. Por ejemplo, las luces. No había móviles. Se hizo con muy pocos recursos, la produjimos junto con la gente del Maipo y perdimos plata a lo perro. Yo tenía un video de la última función y lo volví a ver. La obra era muy moderna ya en ese tiempo. El planteo esencial no cambió, porque era muy moderno. La partitura era extraordinariamente bella, sigue siendo extraordinariamente bella y lo seguirá siendo en cien años porque es la obra maestra de Favero hasta este momento. Pero creo que lo que cambió son dos cosas: veintidós años de comprender el personaje, una fragilidad que en ese momento no le di (al personaje). Al ser (Eva) más frágil, por lo tanto, era más fuerte, y eso creo que hizo también que tuviera otra mirada el personaje.

—¿Cómo influyeron los cambios de la sociedad en estos veinte años?

—Hay una mirada diferente a Eva. No sé, será porque ya la hicieron otros, Madonna, el musical, película…

—En 1986 el alfonsinismo aún estaba fuerte así como también el recuerdo de Herminio Iglesias quemando un cajón fúnebre y el pacto militar-sindical. Además, se había juzgado a los ex comandantes y Perón era militar…

—Si quiere una respuesta rápida, no era el momento. Pero la obra era igual.

—¿Que ninguna de sus parejas haya sido una persona con mucho poder fue una casualidad o un acto premeditado?

—Nada es casualidad. Después de tantos años, miro para atrás y sí, es como una decisión consciente, yo sé que con cierta gente no podría ni estar. Pero no fue como una determinación, como hacen otras mujeres, u otras mamás con las hijas. No tuve plan, es evidente que no tuve plan en mi vida afectiva y de pareja. Yo me dejo llevar por la vida. Y la vida lo lleva a uno y a veces se elige bien y otras no tan bien. Pero tampoco me arrepiento de ninguna de mis elecciones. Pero a la pregunta, la repuesta es ninguna de las dos cosas.

—¿Alguna vez Jane Fonda, con quien además de una exitosa carrera como actriz comparte la militancia política de los 70 y un activismo por la vida sana, fue un espejo de algo?

—No. Ella se casó con alguien como Ted Turner y ya no tuvo más problemas económicos... Turner fundó la CNN, Ud. sería en la Argentina algo parecido a Ted Turner.

—¿Nota que sus colegas, los artistas, la tratan con un respeto diferente a partir del anuncio de su candidatura?

—Sí.

—¿Cómo lo nota?

—No sé, porque todavía no lo tengo muy categorizado. Mis colegas y mis no colegas… Todos. Se nota algo diferente, que no puedo todavía identificar bien qué es, a qué se debe. Noto más… como de hacerse amigos. Más de acercarse.

—Dijo: "Por primera vez en mi vida me interpreto a mí misma". ¿Se equivocan entonces los que apuestan a que hará de Eva?

—Muy desorientados.

—¿Perón usó a Eva?

—Yo creo que las relaciones de trabajo, de pareja, de lo que sea, son de uso. Ahora, hay que ver qué se usa. Uso en el buen sentido, no en el sentido de "te uso y te tiro". Y creo que en ese sentido ella también lo usó a él. Creo que no tenía bien claro, como él en un principio, a dónde había que ir, a dónde se tenía que llegar. Pero una vez que supo lo que quería, ella usó esa posibilidad de poder que le daba tenerlo a él al lado, y la usó con objetivos muy propios, muy personales de ella. Y hubo hasta como un cierto abandono de la pareja, porque su pareja pasó a ser el pueblo, la gente que ella veía todos los días, a la que le iba a llevar los colchones a las 3 de la mañana, el vestido de novia, la bicicleta. Dicen que… esto me lo contó Cámpora, que él la llamaba mucho a partir de las 8, las 9, las 10, y ella le decía: "Ya voy, ya voy, ya voy…", y llegaba a las 2 de la mañana. El ya estaba dormido, ella se sacaba los zapatos y entraba en puntas de pie porque él se enojaba muchísimo. Creo que cuando quería ser vicepresidenta, él no le dio el apoyo que ella esperaba, y que ella le dio a él, porque fue incondicional de él. Y él en un momento no fue incondicional de ella.

—¿Usted se tuvo que ir del país en 1975 por la persecución que sufrió del gobierno iniciado por Perón y continuado por su viuda y su secretario?

—Yo no soy exiliada militar. Yo soy exiliada de la Triple A, de López Rega y de una parte del peronismo.

—Además Ud. se exilió por primera vez en 1974, muy poco después de morir Perón, o sea que lo que Ud. ahora define "como una parte del peronismo" fue una obra del propio Perón.

—Su obra final, que no es la mejor. Nunca me puse antiperonista por eso. No me nació porque tampoco nunca fui peronista. Ni peronista ni antiperonista. Yo más bien estaba como a la izquierda, independiente sobre todo.

—Se le nota mucho mayor respeto por Eva que por Perón.

—Sí, en la última época. Pero también hay que decir esto: Eva sin Perón no habría sido posible.

—Vuelvo al presente. ¿Le parece que Néstor Kirchner usó a Cristina?

—No. Creo que siendo adultos, y estando en esas posiciones, nadie usa a nadie. Ella ha aceptado esa gigantesca responsabilidad y alguna vez lo ha dicho, en un discurso incluso, que el bastón de mando le pesaba mucho el día que lo tomó, porque es una tarea gigantesca. Para una mujer. Todavía. Porque es así: es la primera mujer que llega ahí. Yo veo acuerdos ahí. ¿A usted le parece que una mujer que fue inteligente, que militó en la política, va a caer como un chorlito en la trampa del marido? Yo no lo veo así.

—Usted misma sostuvo que los segundos períodos siempre son más difíciles que los primeros por el natural desgaste. ¿Néstor Kirchner le dejó a Cristina lo peor?

—Y ella aceptó el desafío. ¿Usted cree que lo hizo de mal marido?

—No tengo suficiente información, quien más ha escrito sobre ese tema y más tempranamente ha sido Jorge Asís…

—... Esa respuesta voy a usársela muchas veces. ¡Jorge Asís! No tengo química con él.

—¿No teme que Néstor Kirchner pueda estar ahora usándola a usted?

—Uno se deja usar o no se deja, siempre esas cosas son decisiones propias, no tiene responsabilidad el otro. Yo quiero dejar de echarles la culpa a los demás de todo, y es algo que está muy metido en nuestra cultura: tiene la culpa el gobierno, la policía, tiene la culpa mamá, el patrón… Si a mí me usan, yo no lo voy a dejar. Si en algún momento eso sucede, no le echen la culpa a Kirchner, no le echen la culpa a Cristina, a la comunidad política, a la prensa, a la burocracia. Es mi responsabilidad.

—¿Estamos frente a un avance en la cuestión de género, donde una mujer llega a la presidencia o, por el contrario, lo real es un anacronismo machista donde la esposa recibe el poder delegado del esposo, como ha sucedido con tantos caudillos provinciales, degradando así la figura femenina en lugar de ensalzarla?

—Interesante la pregunta. El avance es muy relativo porque todavía es obligatorio. Entonces, si existe la obligación de tener unas minas aquí para que no jodan... que sea el 30 por ciento, no el 50, porque si no se nos va a armar un quilombo terrible. Creo que así lo deben haber pensado. A las mujeres les va dando una experiencia, un aprendizaje en esta cosa tan compleja que es la política, meterse en el mundo de los hombres, un mundo de milenios con tradiciones masculinas. En eso hay un avance. Ahora, si viene por la mano del marido o del afecto, desvaloriza…

—¿Que sea "la esposa de..." no daña más de lo que fortalece al género femenino?

—Eso depende de cómo esa mujer que estuviera en esa posición hace su trabajo.

—Usted pidió a las mujeres una solidaridad de género con la Presidenta. ¿Esa misma solidaridad sería aplicable a personas que compitieron por la presidencia, como Elisa Carrió, o por cargos menores, como Gabriela Michetti, o es sólo aplicable a Cristina Kirchner?

—Deberíamos escuchar con mayor atención a las mujeres, cualquiera sea su partido. Pero también, siendo tan excepcional el hecho de tener a una mujer como presidenta, que significa muchas cosas más allá de su voluntad o de su persona... El rol de presidente ejercido por una mujer ha costado mucha lucha, muchas mujeres tuvieron que remar para que una llegue. Eso es lo que quisiera que se entienda. Remamos hasta aquí, ahora no es momento de soltar los remos, de remar para el otro lado. Acompañemos a esta mujer, acompañémosla para que pueda sacar lo mejor de ella, ese lado femenino que yo veo que no existe en la política. Hasta que no estén lo femenino y lo masculino, hasta que los opuestos no se pongan a bailar el tango, no vamos a avanzar. La sociedad no puede avanzar sin que estas dos cosas fundamentales estén en igualdad. Ella no llega porque la puso el marido: muchísimas mujeres vinieron remando, muchas mujeres soñaron con esto, notorias y anónimas. Ella es el emergente del deseo, de la voluntad de muchas mujeres por muchas generaciones. Eso es lo que hay que cuidar, ese logro.

—¿Hizo más por la cuestión de género en la política Elisa Carrió, que obtuvo como candidata presidencial un cuarto de los votos sola, sin un marido que le facilitara nada, y hasta incluso fundó su propio partido?

—En la política nadie está solito.

—En el sentido de que no tiene a nadie por encima.

—Creo que toda mujer que se pone a trabajar por el bien de los demás en un campo masculino como éste merece todo el respeto, no importa cómo llegue. Sí importa si es porque llega de cama en cama de los senadores. No es método de llegar. Pero si es una mujer como Cristina, que viene militando desde los 20 años, que ha ocupado cargos todo el tiempo y que todo el mundo ha dicho siempre que en el Senado ha sido una mujer súper trabajadora y comprometida, no veo por qué… Como decía Felipe González cuando lo acusaban de tener algunos familiares cercanos trabajando: "Yo no quiero beneficiar a mis familiares, pero tampoco quiero que porque sean familiares míos se perjudiquen". Si ésa es la persona adecuada, pero por ser "la mujer de" no puede, ¿cómo se llamaría eso? ¿Machismo, feminismo, boludismo?

—¿Votó alguna vez por Carrió?

—No.

—¿Por quién votó en las elecciones presidenciales de 2007, 2003, 1999, 1995 y 1989?

—En 2007, por Cristina; 2003, por Kirchner…

—En 1999, ¿por la Alianza?

—Estaba en España, no recuerdo.

—¿No recuerda haber votado por De la Rúa-Chacho Alvarez?

—No.

—¿Y por Duhalde-Ortega?

—No recuerdo, creo que no estaba. Mi generación no votó tantas veces, así que el momento en que entro ahí siempre lo tengo muy presente porque es una emoción.

—En 1995 no habrá votado por Menem. ¿Votó por Bordón, que estaba junto a Chacho Alvarez?

—No voté por Menem, pero no sé si no voté por una cosa más chica.

—Y en 1989, además de Menem, estaban Angeloz y partidos menores. ¿Por quién votó?

—Partidos menores me parece que voté en esas épocas.

—¿La primera vez que votó por el peronismo fue con Kirchner?

—Sí. Y habría votado por Alfonsín si hubiera estado en el país.

—¿Ayudó o perjudicó a Hillary Clinton que su marido haya sido presidente de los Estados Unidos?

—Frente a Obama… olvídalo, chico.

—En una sociedad como la norteamericana, ¿la perjudicaría o beneficiaría su marido?

—Si no hubiera tenido a Obama enfrente, era ella.

—Usted dijo en septiembre pasado a PERFIL: "Si algo he aprendido a lo largo de los años es que el artista no debe ser oficialista, porque pierde su esencia". ¿Se puede interpretar como que, aunque resulta electa por el kirchnerismo, no será una diputada oficialista, o sea que podrá votar en contra de lo que el bloque disponga sí así lo creyera conveniente?

—Sería como un absurdo decir que pertenezco al partido, como una insolencia. Soy una persona independiente, y es de esta manera que participo, y es como quiero seguir participando. Hay cosas que yo no puedo negociar, como mi libertad interior, que es ésta, quién soy, desobediente, decir que no, que nadie me dé órdenes. Y la libertad exterior.

—Entonces, ¿quienes la voten no estarán votando a una diputada oficialista, sino a una independiente?

—A una persona independiente que está comprometida con estos períodos finales de este mandato (de Cristina), para que esto vaya por el buen camino, porque el camino por donde va a mí me gusta, porque me acuerdo de cómo estábamos hace siete u ocho años. Ese es mi compromiso, pero desde ahí será con mi conciencia, con mis creencias, mis convicciones y mis principios.

—¿La oferta de Scioli fue posterior a ese reportaje de PERFIL de hace ocho meses?

—Tanto no me acuerdo. Lo que no se puede hacer es arte oficialista, porque no es arte, sencillamente. El comunismo probó que el arte oficialista no es arte.

—¿Qué opina de que alguien sea candidato a un puesto que no asumirá?

—Es legal, no se viola ninguna ley, es una estrategia política. Cada uno decidirá, llegado el momento, de acuerdo a su conciencia y de acuerdo a dónde crea que es más necesario.

—Personalmente, ¿prefiere que Scioli asuma el cargo de diputado para el que será electo o que renuncie a esa banca para cumplir su mandato como gobernador?

—Yo sí (que asuma como diputado), pero por una cosa personal, porque es amigo y yo me sentiría más acompañada. A lo mejor nos da una sorpresa, no lo sé. Hay que preguntárselo a él, y en su momento. ¿Qué dirían si dice que sí y deja a Balestrini, que es un súper buen vicegobernador?

—Si renuncia antes de las elecciones, se asemejaría a la situación de Michetti.

—Creo que las cosas hay que preguntárselas a él.

—Yo le pregunté qué prefería usted.

—Como amiga, lo prefiero a mi lado (que renuncie a la gobernación). ¿Sacó el título de esto?

—Sí, gracias. Aníbal Fernández dice que no miente quien anticipa que no asumirá. Se parece a un ejemplo usado en muchos libros de psicología: el dilema del mentiroso. Quien se para y dice: "Yo soy mentiroso", ¿miente al decir que miente y por tanto ahora dice la verdad?

—Las acciones son las que hablan. Se habla tanto, tanto... Ya me aburrió este tema.

—Pero quizá no al lector. ¿No cree que se enloquece a los ciudadanos con las candidaturas testimoniales?

—Están todos vacunados contra la locura. Ese es otro buen título.

—¿Realmente cree, como dijo hace unas semanas, que "si perdemos, el Congreso será una bolsa de gatos"?

—Será como una parálisis, porque nada va a ir para ningún lado, no se ve un panorama para nada agradable. Tal vez no sea una bolsa de gatos, tal vez todos aprendamos a convivir y a escucharnos. Lo que creo es que no podemos, en un ámbito de semejante responsabilidad y nivel, comportarnos como he visto comportarse muchas veces. Cuando se está en ciertos lugares, lo que se hace baja información inmediatamente hasta el comportamiento de los ciudadanos, y de los niños. Si nosotros vemos insultarse y tirarse cosas a los diputados, ¿qué va a pasar en la escuela mañana? Los hindúes dicen que no son las palabras las que educan a los hijos, sino la conducta de los padres. Es una cuestión de conducta.

—Un editorial del diario conservador "La Nueva Provincia", de Bahía Blanca…

—No conozco ese diario. Yo no leo diarios, le voy a confesar. No me eche.

—Hay cosas peores. Este diario menciona que usted dijo que la persona que más admira de nuestra historia es Roberto Santucho, el jefe del ERP. ¿Es cierto eso?

—Eso es una mentira. A quien realmente admiro es a Alfredo Palacios, y lo llegué a ver una vez. Yo era de la Juventud Socialista, muy jovencita, y una vez fuimos a la casa, creo que vivía por Palermo, y me acuerdo que tenía una mesa larga, una casa muy austera, con un mantel de plástico blanco. Yo estaba muy nerviosa, tal vez era como para una chica ver a Madonna, era mi ídolo. Le dejé un agujero en el mantel: estaba tan nerviosa por ver a este hombre que para mí era como un prócer.

—¿Y Alicia Moreau de Justo?

—Hermosísima mujer. No la conocí tan de cerca, pero yo iba a los mitines donde hablaban ella, Ghioldi...

—Volvamos a los 70. Alguna vez Jacques Derrida dijo que "la vida es afirmación alegre de la muerte". ¿Usted estuvo de acuerdo con la lucha armada de Montoneros y el ERP?

—No, pero cuando estaban presos iba por sus derechos.

—¿Pero nunca estuvo a favor de la lucha armada?

—No. Eramos más violentos que ahora, no nos poníamos en contra (de la lucha armada) como podríamos estar ahora, era otro momento. Pero nunca participé.

—¿El apellido artístico Guevara no tiene que ver con el Che?

—Tiene una doble historia. En principio, parecía que era por Ernesto, y después me di cuenta de que tenía una historia un poco más profunda. Yo conocí a mi padre muy tarde en la vida, y mi padrastro se llamaba Guerrero. Después me di cuenta de que era parecido a Guevara. La verdad es que si lo volviera a hacer hoy el homenaje a mi padrastro sería completo, y mi apellido sería Guerrero. Estuvo cerca, pero la relación estaba muy complicada en esa época con esta búsqueda del padre biológico y del no biológico, y me quedé en un medio terreno, y elegí como un tercer padre, que sería Guevara.

—Usted sostuvo: "Siempre busco la excelencia y no el éxito". El peronismo se caracterizó por buscar el éxito casi de cualquier forma.

—Como cualquier partido.

—El peronismo eleva el éxito al paroxismo.

—...

—¿Usted, que es socialista, no debería ser candidata con Binner?

—Binner me cae muy bien, sé que ha hecho cosas muy buenas, es una persona que observo con atención y me resulta una figura muy interesante dentro del panorama político. Yo tengo el corazoncito socialista desde la infancia, más bien es como un anarquismo.

—Quienes se peleaban con el peronismo.

—Palacios, que es mi ídolo, le dijo cosas tremendas a Perón, y la verdad es que las medidas de justicia social que implementó el peronismo estaban basadas en los proyectos de Palacios. Pero Perón las realizó, las puso en movimiento. Las propuestas vienen de ahí, tal vez en esa posibilidad de realizar que tiene, porque el peronismo realiza.

—¿Ud. es decisionista, ejecutiva, y eso es lo que le gusta del peronismo?

—Sí, eso me gusta. Yo soy ejecutiva, me gusta gestionar, lograr el objetivo, ir al objetivo que sigue. Es muy dinámico.

—¿Qué no funcionó cuando finalmente no asumió al frente del Fondo Nacional de las Artes, durante la presidencia de Néstor Kirchner?

—La directiva que recibí de él fue: "Vos, a transgredir". Yo me dije: "La vida da unas vueltas increíbles, estuve exiliada nueve años y ahora un presidente me dice que voy a transgredir". Eso (el Fondo Nacional de la Artes) no se pudo hacer porque la entidad no estaba preparada para hacer ciertas cosas que yo quería hacer. Yo necesito poder ejecutar. Le mandé una carta agradeciéndole y diciéndole que no era posible dentro de esa institución poder hacer eso. Y ahí quedó. Y ahora, cuando estuve con la Presidenta, le pregunté qué es lo que hay que hacer. El mandato esta vez es "sé vos misma". Esas son mis experiencias, y a mis experiencias nadie las invalida.

—Vuelvo con los dilemas lingüísticos y la neurosis kirchnerista: así como no puede mentir quien dice que miente, no puede transgredir aquel a aquien le piden que lo haga, porque para poder transgredir debe existir prohibición.

—Tal vez por eso no lo hice. Como para cantar canciones de protesta tiene que haber gente que no lo deje, porque si no, no tiene sentido. Es bueno, alguna vez en la vida, que alguien nos diga que se puede hacer lo que quiera, así es como yo leí: tiene la libertad de hacer lo que quiera y de romper las reglas del juego. Eso muchos presidentes no se lo dicen a las personas.

—¿Menem era peronista?

—Sí. El peronismo es tan amplio que caben muchas cosas, y a veces eso hace que se desvíe, y siempre hace que sea tan dinámico, que se transforme a sí mismo y siga en la historia. Su fortaleza es su contradicción.

—¿Qué diría Palacios de Moyano?

—Qué pregunta divertida. Los vi a los dos. Palacios no sólo era ese hombre extraordinario, también era muy individuo en sí mismo, con unos looks extravagantes, con unos bigotes de manubrio de bicicleta, con una especie de capa… Era todo un personaje. Entonces, ponerlo al lado del otro, que no tiene ninguna cosa de poético ni de bohemio… Don Quijote y Sancho Panza (Palacios y Moyano). Ahí está.

—¿A Palacios le habría gustado el movimiento sindical que encarna Moyano?

—No. Creo que no.

—¿Ud. se sentiría más cómoda como candidata junto a Pino Solanas?

—No, porque no tengo química con él y me resulta autoritario. En mi relación con él, lo siento así.

—La escuché decir que siempre ve el canal TN.

—Como no leo diarios, veo muchos canales de noticias...

—Pregunto porque Kirchner dice que miente. ¿Se equivoca?

—¿Entonces para los peronistas el canal TN se cancela? Todos los periodistas mienten, y se lo digo mirándolo a los ojos. Es parte del juego.

—Le puedo asegurar que si sé que algo es mentira, no lo publico.

—Por favor, defienden intereses, y así es el juego. No está ni bien ni mal. Es lo que hay, pero tampoco nos vamos a poner con que hay santos de un lado y demonios del otro. Hay santos y demonios en todas partes, y sobre todo, dentro de nosotros mismos. Usted no me puede asegurar que dentro de todas las publicaciones que tiene no haya mentiras. Usted no revisa todo lo que sale en sus revistas.

—Claro que no, y claro también que se publican informaciones equivocadas, pero una mentira es otra cosa, es un hecho que uno sabe que no fue verdadero e igual lo difunde.

—¿Los periodistas pertenecen a una raza diferente que no tiene la capacidad de mentir? Por favor. Como todo el mundo. Todos tenemos la capacidad de mentir y de decir la verdad, y todos mentimos alguna vez y todos decimos la verdad. Yo no soy mentirosa, pero alguna mentira habré dicho.

—Ese no es el punto, la mentira piadosa o la de cortesía, la que construye armonía, no tiene nada que ver con aquella que hace daño. Cuando Kirchner dice que TN miente, nos está diciendo que, según él, este medio miente sistemáticamente.

—Alguna vez todos mentimos. No coloquemos a ninguna clase en una categoría de no mentir, porque sería una irrealidad.

—No se trata de ser de una "clase" diferente sino de una profesión, el periodismo, cuya especialización es la certidumbre. Lo que en otra profesión puede ser un pecado venial, en el periodismo es más grave.

—Hay gente que está obligada a mentir (en ciertos medios) porque tiene la orden de hacerlo. Es todo muy complejo.

—Oscar Wilde decía que un artista no podía ver las cosas como son en realidad sin dejar de ser artista. ¿Es necesario para ser artista ver las cosas de otra forma?

—Sí, tiene razón. La belleza está en los ojos del que mira, entonces el artista ve las cosas de otra manera, le es inevitable, ha nacido para eso, o tiene un entrenamiento especial para eso y puede ver algo de una manera diferente a la de otra persona, y eso es lo que hace que pueda seguir recreando lo mismo. La verdad es que los temas de la creación artística son hace miles de años los mismos. Es su mirada la que hace que la realidad cambie.

—Dijo: "Quiero bajarme del escenario". ¿No trabajará de actriz o cantante mientras sea diputada?

—No, tal vez alguna cosa que se presente, corta. O cosas para mi gusto personal, como cantar tangos, que me hace muy feliz, pero sin compromiso de hacer grandes shows, grandes montajes, eso no. Yo tenía planeado, después de Eva, seis meses sabáticos. Por primera vez en mi vida me los iba a tomar. Me tomé diez días. Lo necesitaba después de un proyecto semejante, necesitaba que las aguas se asentaran después de esa excitación maravillosa que fue Eva, y pensar cómo sigue y qué quiero hacer, y un cansancio también. Eramos ciento y pico de personas y mucha exigencia vocal, emocional.

—¿El éxito deja más vacío que el fracaso?

—Sí, por eso quería esos seis meses sabáticos. Ahora lo que voy a hacer son cositas chiquitas, voy a seguir con mis clases de tango, mis clases de canto.

—¿Hay una parte de su tarea actoral que es laborterapéutica?

—Totalmente, y borra el estrés de todas las otras tareas. Es juego, es una necesidad de juego que todos tenemos.

—Aprovecho su experiencia actoral. Uno de los puntos débiles de Cristina Kirchner es que su discurso y apariencia lucen siempre sobreactuados. ¿Puede ser porque no se esté interpretando a sí misma, sino a lo que ella cree que los ciudadanos querían?

—Hay una diferencia muy grande en ella cuando está mano a mano, sobre todo en los discursos… Yo, la verdad, desearía que todo el mundo viera ese otro lado. Yo creo que es una cuestión de género. Es como que tiene que reafirmar que uno está en comando porque hay una mirada exterior muy fuerte que tiende a quitar autoridad a la mujer. Es como que hay que reforzar. Y en todo eso hay algo de la esencia de uno que se pierde.

—¿Una caricatura?

—No tanto como una caricatura, porque no estamos hablando de una caricatura.

—¿En un teatro, sería un personaje sobreactuado?

—Forzado más que sobreactuado. Es cuando se está haciendo un esfuerzo, cuando hay una tensión. Es algo sutil. Pero yo creo que es una cuestión de género. Debe ser muy difícil. Nunca nadie puede saber cómo se siente el otro en ninguna circunstancia de la vida. La verdad es ésa. Podemos aproximarnos, pero nada más… Debe ser muy abrumador ser una mujer y estar al mando de semejante responsabilidad.

—Dijo: "Tengo 40 años en el mundo del espectáculo, no creo que me asuste de nada". ¿El espectáculo es más terrible de lo que parece, o puede estar subestimando las maldades de los políticos?

—No, el mundo del espectáculo es para gente fuerte. No hay lugar para los débiles. Por lo mismo que le dije antes de estar al borde del abismo o manejando mundos emocionales muy complejos. Porque si se es actor, hay que estar viviendo no sólo la propia vida, sino también la de los personajes. Es un mundo terriblemente competitivo. Donde los egos están a full. Y es un mundo duro. Pesado. Es un mundo donde hay que pelear con los empresarios, donde muchas veces no pagan…

—¿Darwinismo puro, la ley de la selva?

—Es lo que venga. Nunca se sabe cómo se va a terminar dentro de media hora. Es el terreno de la incertidumbre total. Eso lo hace apasionante también, claro, porque es adrenalina constante de la vida. Pero es mucho menos idílico de lo que la gente se imagina. Hay conflictos muy duros y hay presiones muy grandes que la gente no imagina ni tiene por qué imaginar. No es para débiles el mundo del espectáculo.

—¿La política es el teatro del teatro?

—Muchos dicen que es el teatro dentro del teatro.

—¿Hay mucho teatro en la política?

—Hay toda una parte que es teatral. Es cómo se entrega un mensaje. Muchas veces se hace desde los escenarios. En los actos siempre hay desniveles. También tiene algo que siempre me habían dicho, y que ahora percibo, y es que a lo mejor se pueden (los políticos) pelear en un ámbito sin que sea nada personal porque después se encuentran y está todo bien. O sea que tiene parte de juego también. Tiene mucho de espectáculo, también. Porque una cosa es lo teatral y otra cosa es el espectáculo. Y con los medios y el avance de los medios… Antes era un trabajo más privado. Era una tarea personal.

—¿Hay más espectáculo?

—Están mucho más expuestos en que si se casan sus hijos; dónde van de vacaciones; qué hacen, o cosas que antes no eran importantes.

—Sobre "Gran Cuñado" dijo que "si la gente se ríe, está bien". ¿Seguro que siempre que la gente se ríe está bien?

—Bueno, depende de qué se ría. A mí, las cosas cómicas no son las que más me gustan. A mí me gusta el humor, que es algo muy diferente. El humor implica elaboración, talento, inteligencia, ser muy culto… Porque hay referencias de todo tipo que se asocian en el momento de tener una reflexión humorística. Pero esto es televisión, que tiene una elaboración de cinco días como máximo, y está bien. Si a la gente le gusta, está bien. Pero a mí me gustaría que se rieran de otra cosa. A mí me conmueve mucho la belleza. Me conmueve y me atrae, y por eso me gustaría que hubiera más belleza. Más armonía…, más equilibrio.

—Se acuerda de que en "El nombre de la rosa", Umberto Eco le hizo decir al bibliotecario que custodiaba una versión apócrifa de la segunda parte de la "Poética" de Aristóteles –casualmente sobre la comedia, ya que la primera fue sobre la tragedia– que la risa era muy peligrosa porque era "la embriaguez del pobre que lo hacía conformista".

—Por eso lo que se necesita es más belleza. Yo veo que eso es feo. Me hiere los sentidos porque lo veo feo. Y del mismo modo en que me rindo frente a la belleza, creo –y no hablo sólo de ese programa sino de la televisión en general– que han contribuido a la degradación del gusto en los últimos años. El gusto del público ha sido completamente degradado a partir de hacer lo más fácil. Hay excepciones, claro, pero son excepciones. La regla es que el mal gusto impera.

—Los artistas, en palabras de George Bataille, precisan un "arrebato de divina embriaguez, que el mundo de los cálculos no puede soportar (…), el impulso espontáneo de la infancia con su preferencia por el instante presente (…) capaz de emanciparse de todo prejuicio de orden moral o social". ¿No teme ser de una estirpe antitética con la de los políticos o la de los funcionarios? ¿No son mundos opuestos?

—No, no son opuestos. Yo pienso que una persona creativa puede ejercer su creatividad en cualquier área de la vida. La creatividad, que es el don de los artistas, puede ejercerse siempre. Ordenar una biblioteca, acomodar las flores, hacer un espectáculo o una ley. El tema es a dónde se enfoca esa creatividad.

—Los científicos también son creativos, pero no son artistas. Lo artistas, además de creatividad, tienen también una alta dosis de sensibilidad…

—En mi caso particular, creo que se trata de aplicar la creatividad y la sensibilidad en buscar soluciones no convencionales a los problemas. Y es la sensibilidad de escuchar, la sensibilidad de conectarse con la gente y comprender cuál es su necesidad y cómo poder llevar esa necesidad de la base hacia arriba. Porque yo creo que se gobierna de abajo hacia arriba.

—¿Coincide con la afirmación de que el artista es mediocre cuando razona en vez de sentir?

—El proceso es sentir y después organizar con la mente. La primera conexión con un problema es con el sentimiento. El sentimiento le va a dar la solución, y el sentimiento después se organiza con la mente. La mente no está para crear, sino para organizar –además–. A mí no me ponen para gobernar. En todo caso, si gano las elecciones, estaré dentro de un grupo grande de personas con las que intentaré sacar leyes adelante.La tarea de los legisladores es profundamente creativa. Ahora, otro problema que tenemos es cómo llevamos adelante los proyectos, porque yo me pregunto: ¿cómo hacemos los argentinos para hacer cumplir las leyes?

—Los países desarrollados y los países subdesarrollados tienen leyes bastante similares, la diferencia está en que unos están preparados para cumplirlas y otros no.

—Ejemplo: la educación.

—¿Está iniciando una carrera política definitiva?

—No sé. Ahora estoy haciendo esto. Hace tres meses, ésta era una posibilidad y ahora es real. Mañana, no sé. Esto es lo que yo llamo mi libertad. Lo que sí le puedo asegurar es que mientras lo haga voy a poner toda mi pasión. ¿Pero cómo voy a saber a dónde me lleva la vida? En esto, quizás políticos y artistas se parezcan. Como decía Lennon: "La vida es lo que pasa mientras nosotros hacemos planes".

—¿Es mejor no tener planes?

—Es mejor tener sueños. Pero la vida sorprende siempre.

—La poesía, como toda la emoción literaria, permite describir cosas que muchas veces el discurso racional no puede explicar. ¿La disciplina partidaria no terminará ahogando su espíritu libre?

—No sé, yo creo que a la política le hace falta un poco de poesía.

—El artista siempre busca la belleza; el político, no.

—Dijimos con Wilde que el artista ve belleza en donde no hay.

—"Los artistas piensan según las palabras. Los filósofos, según las ideas", decía Camus. ¿Y los políticos?

—No sé, pero seguro que se rinden frente a la belleza.

—Es mucho más fácil alcanzar la belleza en la creación artística.

—¿Cree que es fácil?

—No dije que fuera fácil, sino mucho más fácil que en la política.

—Lo que tiene la política es que si alcanza la belleza, porque la verdad y la belleza son la misma cosa, puede llegar a mucha más gente y mejorar sus vidas y transformar las cosas para ir, aunque sea un poco, hacia adelante.

—Cuando me tocó vivir en Estados Unidos, al fin de la dictadura, me sorprendía Ronald Reagan como presidente; imagino que a usted, siendo actriz, más aún. El fue un político exitoso. ¿Podrá un buen actor, como usted, ser un buen político?

—Schwarzenegger es malo como actor y como político.

—Pregunto si la sensibilidad para ser un buen actor es contraproducente para ser un buen político.

—Puede ser.

—Un actor mediocre conoce la técnica, pero no tiene sensibilidad, y no le da vergüenza mentir.

—Un buen actor no miente: actúa. Hay una diferencia entre actuar y fingir, que es algo que los actores muchas veces confunden. El buen actor no finge, actúa. El buen político actúa. Y actuar quiere decir acometer acciones todo el tiempo.

—¿El auténtico no finge?

—Exacto.

—¿Y cómo es fingir?

—Yo, con tantos años de actuar y de dirigir, pienso que la relación que se tiene con el personaje es la relación que se tiene con uno mismo.

—¿Quien finge se finge primero a sí mismo?

—Claro. Yo me refiero a tomar la actuación como un arte. Y eso requiere mucho valor. Un buen actor es alguien que primero se descubrió a sí mismo. Se descubrió quiere decir que se encontró con sus verdades, con sus miserias, con sus grandezas, con sus mentiras, con sus dolores. Es alguien que llegó al fondo de sí mismo. Tiene que llegar al fondo y desde ahí volver. Esa es la generosidad que yo veo en el actor. Porque lo que hace atractivo a un actor es lo que ha vivido. Todo lo que hacemos en la vida es autobiográfico. Un pan, un poema, un personaje… Todo.

—El actor que finge, entonces, se finge.

—No sé a dónde me quiere llevar con todo esto. Usted será muy inteligente pero no se olvide que yo soy mujer.

—¿Eva fue mejor política que actriz?

—¿Quién sabe? Ella fue muy poco tiempo actriz porque dejó de actuar muy temprano. Por lo tanto, si pensamos que un actor se enriquece con su experiencia y ella dejó la actuación tan joven… Más allá de que ella haya tenido una infancia tremenda. Porque en la vida de todo buen actor hay una fractura emocional tremenda en la primera infancia. Yo tengo una teoría: quienes son buena gente (y pasaron por una experiencia traumática en la infancia) se hacen actores, y el resto se hace delincuente.

—¿Para ser buen actor hay que ser buena persona?

—Ajá. De todos modos, para interpretar un rol como el de Eva Perón es un error llamar a una persona de la edad de Eva Perón. Tiene que ser una actriz de un talento inmenso. Tiene que haber vivido más porque, seguramente, no tiene las vivencias suficientes para comprender semejante vida. Entonces, ella no era buena actriz, pero si hubiese continuado con eso, quizás habría llegado a ser una buena actriz. Yo, cuando empecé, hice cosas horribles, hasta que encontré el rumbo. Hice cosas fingidas o mal hechas. No se me escuchaba bien o no se me entendía. He hecho obras en las que me gritaban: "Más fuerte porque no se escucha". El camino hacia la excelencia es un camino. Creo que no se puede juzgar a Eva por eso.

—En la Edad Media se había colocado a la locura en el lugar de los vicios, también a los actores porque, según sus mentes retrógradas, "como los locos, hacían de lo que no eran". Se dice que Kirchner es loco: ¿le gusta a usted que él sea un poco loco?

—Me encanta. Sí. Esa es su parte más sana y carismática. Más libre. Hay una libertad en eso, una cosa de jugar que es muy interesante. Muy pocos políticos tienen eso. Porque hay una especie de solemnidad en la política.

—¿La solemnidad es una forma de fingimiento?

—La solemnidad es una forma del aburrimiento.

—¿Pero también de sobreactución e inautenticidad?

—¿A eso me quería llevar?

—No. Se dice que la locura esta excluida del sujeto que duda, que quien duda no puede alcanzar la locura.

—Yo creo que es al contrario, y en eso Shakespeare estaba en lo cierto.

—¿Cómo es eso?

—Claro, porque Hamlet se vuelve loco y es el príncipe de la duda. La duda vuelve loca a la gente. La duda es vanidad a full. ¿Hago o no hago? ¿Voy o no voy? ¿Me caso o no me caso? ¿Está bien o está mal?

—Al pobre Hamlet lo volvió loco el asesinato de su padre, el rápido casamiento de su madre con su tío: la duda no es la causa sino la consecuencia.

—La duda lo lleva a cometer errores tremendos. Pero la duda no es mala en sí. Uno puede razonar cosas, pero vivir en la duda es un tormento y es causa de parálisis. Si se vive en la duda, no se hace nada.

—Yo le pregunto sobre la razón irrazonable de la locura, la que es necesaria para la toma de decisiones porque si no, siempre habría un motivo para posponer la decisión hasta tener más seguridades.

—Sí, para mí, eso es creativo. Son momentos en los que las personas se vuelven creativas y se lanzan a algo que desconocen.

—En su discurso en la presentación como candidata, dijo que fue afortunada porque nada le había sido fácil. ¿Sabía que "he sido un hombre: nada me ha sido fácil" es una cita de Freud?

—No, no sabía.

—Conociendo su perfeccionismo, le leeré una lista de libros clásicos sobre política, y le pido que me diga si le parece útil o no leerlos, y cuál de ellos leyó o piensa leer en el futuro: "La república", de Platón; "Etica a Nicómaco", de Aristóteles; "Ciudad de Dios", de San Agustín; "El Príncipe", de Maquiavelo; "Leviatán", de Thomas Hobbes; "Dos tratados sobre gobierno", de Locke; "El espíritu de las leyes", de Montesquieu; "El contrato social", de Rousseau; "Filosofía del derecho", de Hegel; "Sobre la libertad", de Stuart Mill, y el "Manifiesto del Partido Comunista", de Marx y Engels.

—El único que leí es el Manifiesto.

—¿Y le interesaría leer los otros?

—Platón y Aristóteles, sí.

—¿Y los demás?

—Sí, supongo que sí.

—Scott Adams pensaba que "a la persona que se permite cometer errores se la llama creativa y a la que sabe con qué errores quedarse se la llama artista". ¿Piensa igual?

—Esta bueno eso, claro. Mire, el director que más me ha enseñado se llama Meek Gordon, que es un director inglés muy joven, que con sólo 30 años era director del Teatro Nacional inglés.

—¿En qué obra?

—Una obra que no se hizo, pero eso tiene que ver con el folclore de la vida. Es la persona que más me enseñó sobre el arte de actuar. Y su primer mandato era Go wrong: "Equivóquense". Porque cuando uno va a lo seguro para hacer lo correcto se autoimpone límites. Parece fácil, pero no lo es.

—¿Hay algo que no le haya preguntado y le interese agregar?

—No, nada. Gracias.

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