Precios y salarios: anticipos de una puja que viene caliente para 2010

Por: Alcadio Oña

El lucifuercista Oscar Lescano ya tiró 20 %. Y el mercantil Armando Cavalieri empezó a tantear lo mismo con la Cámara de Comercio, sólo que bajo la forma de una suma fija para evitar el ruido de ese porcentaje. Son los primeros escarceos sobre un tema que, en la percepción de los empresarios, se anticipa caliente: los reclamos salariales de 2010.

Es algo que, por su parte, los gobernadores conocen de sobra y temen. Como quien prepara el terreno, los docentes se adelantaron a advertir que sin una mejora satisfactoria las clases no empezarán en marzo. Detrás de los maestros, tal cual se estila, vendrán las demandas del resto de los empleados públicos.

Claramente, el problema atraviesa cuentas provinciales en mal estado. En reuniones de ministros de Economía, el comentario corriente es que muchas cajas no dan para más del 10 %, desde ya magro para las aspiraciones de los gremios, empezando por el docente. Todo un anticipo de un comienzo de año conflictivo.

Según estimaciones privadas, 2009 cerrará con una inflación real por lo menos cercana al 15 %. Y la impresión generalizada es que será sostenida durante el año que viene. El resultado da caída del salario real o, en su defecto, puja por los ingresos.

En este escenario se moverán las paritarias. Con lo conocido: las conducciones gremiales tradicionales peleando por no ser menos que otras, un espejo donde habitualmente se miran cosas así. Más un agregado de estos tiempos: no perder posiciones frente a sindicatos de base que, por fuera de las estructuras, les disputan crecientemente los espacios.

Y estará por verse cómo funciona la alianza entre el Gobierno y Hugo Moyano o, si se quiere, hasta dónde el jefe de la CGT está dispuesto o puede contener. Como es obvio, hay dirigentes siempre prestos a recortarle márgenes de acción. Y especialmente ahora, cuando la estrella de Néstor Kirchner camina hacia el ocaso.

Es bien sabido, por lo demás, que la inflación golpea sobre todo a los sectores menos protegidos. A los desocupados y a los trabajadores en negro, o sea, a quienes no tienen el resguardo de un convenio laboral ni por lo tanto pueden pelear por su salario. Y a cuento de lo mismo: el aumento de los precios, especialmente en alimentos, empezará a podar la asignación por hijo al poco tiempo de haber sido creada.

Si las estadísticas oficiales no fuesen lo que son, debieran registrar ya un crecimiento de la pobreza. Pero como el INDEC es lo que es, la intervención K y el ministro de Economía preparan cambios en la medición. Desde luego, para que arroje una tasa todavía menor.

Sin embargo, puede que el manejo arbitrario del organismo y de los números esté tocando a su fin. Tal cual informó Clarín, la oposición empezó a aglutinarse detrás de una ley que normalice el INDEC y lo saque de la órbita del Gobierno.

Tan escandaloso es el manipuleo, que un legislador no precisamente oficialista dice: "Se va a reproducir a escala ampliada lo que pasó el jueves". Habla, desde luego, de la sonora derrota del kirchenismo en Diputados. Y también de que, en un caso así, no hay fisura posible en la oposición, sino todo lo contrario. ¿Vetará la Presidenta una ley que pondría normalidad allí donde hace tiempo reina todo lo contrario?

En el entretanto, nadie toma en cuenta las cifras oficiales. Quizás con la idea de no alentar los reclamos salariales, algunos empresarios afirman que la inflación no va en ascenso. Sólo en público, pues hacia adentro han hecho otras proyecciones en sus balances y se manejan con los costos que les llegan de sus proveedores.

Tal vez para la historia inflacionaria argentina un 15 o un 18 % no parezcan gran cosa, pero dadas todas las variables que juegan alrededor resultan demasiado. Son tres veces el promedio de América latina, con un riesgo añadido: que las expectativas tiren para más arriba.

Todo señala que el Gobierno ha decidido utilizar al dólar como ancla antiinflacionaria, reparando en que este es otro dato que pesa en las decisiones privadas. En general, los economistas proyectan una suba del tipo de cambio de entre 10 y 11 % para el año que viene.

Pero al mismo tiempo otros factores jugarán en sentido inverso. Como el aumento de la luz y el gas, aunque quedará afuera de un índice oficial que sólo computa los consumos básicos: será también inflación invisible. En cambio, el eventual ajuste en los boletos del transporte público inevitablemente pegará en la que el INDEC sí reconoce.

Pasa, en ambos casos, que los subsidios han devenido insostenibles para las cuentas del Estado. ASAP, una entidad especializada en el análisis fiscal, calcula que en 2009 se gastarán por lo menos 21.427 millones de pesos en el sector energético. Y 15.002 millones en el transporte.

El año que viene la inflación será cualquiera menos el 6,6 % que Amado Boudou puso en el Presupuesto. Pero la que haya de verdad, dejará un rédito apreciable para el Gobierno que la ignora: inflará los ingresos fiscales.

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