El precio que pagan los Kirchner por peleas y alianzas perimidas

Por: Eduardo Van der Kooy

Habrá que hurgar mucho también fuera de las razones políticas para intentar comprender la derrota que se autopropinó ayer Néstor Kirchner y el Gobierno de Cristina en las elecciones provinciales de Catamarca.

La calificación de autoderrota suena casi literal. Sólo la obstinación del ex presidente por intervenir en un comicio de segundo orden -en el cual no hubo en juego ningún cargo Ejecutivo ni banca nacional-- podría explicar el triple golpe que recibió.

A saber: la pretendida nacionalización de las elecciones -ese fue el carácter que Kirchner le concedió ayer- podría ser un búmeran en octubre; la alianza con los vejestorios de la política argentina (Ramón Saadi y Luis Barrionuevo, entre otros) genera rechazo en las grandes urbes pero, está visto, también en el interior hondo; la creencia de que el kirchnerismo se mantiene invulnerable en esas regiones del país podrá ponerse desde ahora en duda. Otro timbre de alerta para las elecciones que vendrán.

Empecemos por este punto. Kirchner se animó el jueves a intervenir en el cierre de la campaña catamarqueña. Hubo kirchneristas y funcionarios que pensaban que era más prudente la prescindencia pero como siempre no se lo dijeron. Antes habían desfilado Alicia Kirchner, la ministro de Desarrollo Social, José López, el secretario de Obras Públicas y Amado Boudou, el jefe del ANSES. Los tres aterrizaron con promesas y billetera bien abundantes.

Semejante despliegue fue en vano y terminó desnudando, en realidad, que los catamarqueños tuvieron claro que ninguna mano mágica -menos la de Kirchner-- podrá ayudarlos a sortear los problemas de su vida cotidiana.

Esa advertencia popular surgida de la elección en Catamarca tal vez permita descubrir alguna pista que ayude a comprender los motivos extra políticos de la participación de Kirchner. El ex presidente se supone una figura salvadora. La única capaz de combatir la diabólica confabulación que pretendería dañar mortalmente el Gobierno de Cristina. Pues bien, en ese derrotero disparatado Kirchner se abrazó a Saadi y Barrionuevo. Al senador, cuyo ingreso al Congreso fue rechazado alguna vez por Cristina, maculado por sospechas de corrupción y castigado socialmente por el asesinato de María Soledad Morales. Al líder gastronómico, que siempre renegó del matrimonio y que hace tiempo pretende destronar a Hugo Moyano de la cima de la CGT.

No se trata de conjeturas caprichosas. Tanto Saadi como Barrionuevo confesaron antes de las elecciones que el kirchnerismo saldría vencido. El gremialista chanceó incluso entre sus íntimos: "Los diarios del lunes (por hoy) van a decir que Cobos derrotó a Kirchner".

La parábola de Kirchner, al cabo de seis años, resulta incomprensible y denota quizás una época de ocaso. El hombre que proclamó la transversalidad, que ensayó luego la concertación, exhibe ahora como sus socios principales a aquel par de lastres en Catamarca y a la maquinaria partidaria mas cuestionada del PJ, la bonaerense.

Así como la concertación resultó en el 2007 una herramienta importante para la victoria de Cristina podría convertirse ahora en señal de malos presagios. El triunfo de Brizuela del Moral, el gobernador de Catamarca, es la expresión de uno de los mandatarios que adhirió hace mas de un año al kirchnerismo pero que, desde el conflicto del campo, resolvió emigrar. Emigró detrás de la estela que dejó Julio Cobos cuando votó en contra de los resolución 125.

Brizuela del Moral fue más ducho que Kirchner, Saadi y Barrionuevo. Tal vez, también mas que Cobos, con quien convino su ausencia expresa en la campaña. Apeló el sentimiento provincial de los catarmarqueños contra aquel trío cuya promesa fue que Catamarca tendría ayuda de la Nación si ganaban ellos. Sobre Saadi hace rato que existe un juicio formado. Barrionuevo es un oportunista. Kirchner casi un convidado de piedra. El gobernador pudo celebrar con una cómoda ventaja. También celebró Cobos, aunque hasta anoche no se había atrevido a abrir la boca. A Cobos lo puso Kirchner otra vez en el centro de la escena. El vice volvió a triunfar quizás sin quererlo, marcando otro hito en su sorprendente trayectoria polìtica.

La sombra de Cobos extendida por la robustez de Brizuela del Moral fue la razón que empujó el inaudito protagonismo de Kirchner. El ex presidente supuso que un mazazo en Catamarca podía tronchar su escalada. Y convertirse en una onda expansiva para las elecciones que vienen. Deberá repensar la fórmula que puso en práctica en su laboratorio inaccesible. No fue el de anoche el primer equívoco político de Kirchner. Es casi un lugar común recordar su apuesta en Misiones en favor del entonces gobernador Rovira que iba en pos de la reelección indefinida. Allí fue vencido por el obispo Joaquín Piña. El ex presidente hizo un giro, se amigó con el cura y deshaució a Rovira. ¿Podrá repetir la experiencia con Catamarca?. Como poder, podría. Aunque será díficil. Aquellos eran otros tiempos. Y parecía otro Kirchner.

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