"Practico arte escénico y declamación"

"Practico arte escénico y declamación"
Los padres del diputado nacional del PJ disidente soñaban que su hijo fuera médico. Pero dejó la carrera en tercer año para dedicarse a la actividad gremial. Admite que para las tareas del hogar es un inútil: "No hay una planta que plante que sobreviva".
El diputado nacional justicialista Alfredo Atanasof tiene los bigotes blancos, el cabello color betún y una camisa almidonada. En cuanto se inquieta, lanza una risita corta y desliza los dedos por la cadena y la cruz que lleva alrededor de su cuello. "¿Qué fue lo peor que hice en mi vida?", se asombra. Después de algunos balbuceos, ensaya una respuesta: "A veces, uno trata de no registrar las cosas que hizo mal, por eso cuesta recordarlas... Seguramente he cometido muchísimos errores, pero a todos los asumí".

–¿A qué jugaba cuando era niño?

–Al fútbol y a otros juegos que había en ese momento, como los autitos y camioncitos. Mi padre me alentaba mucho a que jugara a las damas y al ajedrez.

–¿Le gustaba jugar en la calle?

–Cuando vivía en City Bell, todo eso era más bien campo. Había muchos potreros. Siempre había algún equipo del barrio que intervenía en torneos de fútbol.

–¿Era bueno jugando al fútbol?

–No. (Risas). No era de los mejores. Me mandaban cerca del arco.

–¿Qué recuerda de sus padres?

–Mi mamá estaba permanentemente encima mío para que estudiara. Ella se había planteado el desafío de que fuera buen alumno.

–¿Lo logró?

–Sí, en general fui buen alumno. Fui abanderado del colegio primario. Mis padres siempre estaban buscándome actividades complementarias; entonces estudié declamación. Me recibí como profesor de arte escénico y declamación. También me mandaron a estudiar dibujo fuera del colegio.

–Cuénteme un poco más sobre sus estudios extracurriculares.

–Creo que a mis padres les gustaba más que a mí que recitara poesías. Después me entusiasmé y estudié una carrera durante cinco años y me recibí como profesor. Participé de actividades en la que había que recitar poesías en algunos lugares o en compañías de teatro vocacional.

–¿Usaba la poesía para conquistar chicas?

–A veces sí. Había algunas poesías españolas conmovedoras.

–¿Escribía poesía también?

–No tanto. Algunas escribí, pero no era mi fuerte. Lo que más me gustaba era interpretar. Cuando hay alguna reunión de amigos, me piden que diga alguna poesía.

–¿Quién es su autor preferido?

–Entre los españoles, Rafael de León; de los nacionales, Boris Elkin y Porfirio Zappa.

–¿A qué se dedicaban sus padres?

–Mi padre se dedicó a la política muchos años. Fue concejal en La Plata y senador provincial. En mi casa había bastante actividad política en épocas de mucha inestabilidad institucional. En mi casa se vivió el conflicto del 56, el Plan Conintes, el retorno de Perón.

–¿Usted admiraba a su padre?

–Seguramente la influencia de mi casa tuvo que ver en el camino que tomé. Cuando terminé el secundario, ingresé a Medicina, hice hasta tercer año, pero abandoné la carrera para dedicarme a la actividad sindical. Por supuesto, esa decisión fue bastante dura y traumática para mis padres. Creo que mi madre nunca me perdonó que no haya sido su "hijo, el doctor". Me acuerdo de que cuando mamá falleció encontramos que guardaba la caja con el instrumental y el guardapolvos.

–¿Se arrepiente de haber dejado la carrera?

–No. En realidad, la actividad sindical me permitió hacer cosas por los demás, con muchos errores y algunas virtudes.

–¿Era un joven tímido o extravertido?

–No me gustaba mucho bailar, y ésa era una limitación con las chicas. Excepto eso, no era tímido. Durante la conversación iba todo bárbaro, pero cuando llegaba el momento del baile, no me gustaba mucho.

–¿Era fanático de algo?

–Como platense, en materia futbolística, tenía sólo dos opciones: ser de Gimnasia o de Estudiantes. ¡Yo elegí sufrir mucho por el fútbol y escogí ser de Gimnasia! (Risas).

–¿Qué música le gustaba?

–Todos los sábados era religioso ir a bailar y escuchaba a los de aquella época: Palito Ortega, Sandro, el Club del Clan.

–¿Cuál es su debilidad hoy?

–Me gusta viajar, conocer otros lugares y leer.

–¿Cómo es su fin de semana?

–El sábado trabajo y a la noche participo de alguna reunión familiar; el domingo descanso. Me levanto temprano, leo los diarios, veo la tele y nado.

–¿Realiza alguna tarea en su casa?

–Ninguna. Como cocinero soy un desastre y como jardinero soy peor. No hay una planta que plante que sobreviva. No hago nada.

–¿Qué hace por obligación?

–Salgo a caminar todas las mañanas. El médico me dijo que tengo que hacerlo. Y a veces voy a algunas actividades políticas que a lo mejor no son lo que imaginaba.

–Si no se hubiera dedicado al ámbito político, ¿qué le habría gustado hacer?

–Imagino que habría sido médico.

–¿Alguna especialidad?

–Quizás habría sido cirujano.

La billetera del caballero

En su billetera, Alfredo Atanasof tiene la cédula de identidad; la licencia de conducir; tarjetas personales; dos fotos de sus hijos; una tarjeta de débito y una de crédito; las credenciales de la prepaga, del Hospital Italiano, de Emergencias Médicas y del seguro médico; tarjetas de dos aerolíneas aéreas y de puntos de un supermercado; una etiqueta de un vino con el nombre de su hijo; una estampita; dos servilletas con anotaciones; 301 dólares, y 1.217 pesos.

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