Postales de una visita

Postales de una visita
Más banderas que gente: la convocatoria al acto de Cristina en la plaza fue bochornosa. Si a los asistentes se les restaban los militantes rentados de José C. Paz, Pilar, Merlo, General Rodríguez, unos ex conscriptos y los funcionarios municipales, sobraban las cuencas de un ábaco para contar los presentes. Por eso, estratégicamente, todas las banderas se colocaron adelante, tapando una plaza casi desierta.

Los guapos de la plaza: en momentos de crispación social por el duelo entre el campo y el gobierno, ellos supieron irrumpir en la Plaza de Mayo a fuerza de bombos, cánticos y trompadas. El lunes, en son de paz, caminaron la plaza; otra plaza, el funcionario Guillermo Moreno y el ¿docente? ¿piquetero? ¿ex piquetero? kirchnerista Luis D’Elía.

A 5 pesitos: el hombre pensó en una multitud vivando a su líder. Cargó los pósters de Evita y de Eva y Juan Domingo y salió hacia la plaza pensando en una suculenta ganancia. Al llegar se dio cuenta que tendría que remarla para juntar unos pesos. Hubo muy pocos compradores para las láminas que se ofrecían a la módica suma de 5 pesos.

Llamáme cuando llegue Cobos: llegó temprano, caminó la plaza y se cansó. Vio un paño verde entre tanto pórfido patagónico y pensó: si me tiró acá y duermo una siesta no molesto a nadie. Se tiró a reposar y despertó cuando la combi con la presidenta se alejaba con destino al helicóptero. Respiró aliviado al enterarse que durante el sueño no se perdió nada.

Paredes de bienvenida: las cuadrillas de “graffiteros” están siempre listas. Un día los llaman para escribir que Clarín miente y TN desinforma. Otro día para pregonar la candidatura de algún dirigente. Y esta semana para un pedido muy especial: pintar “Cobos traidor” en una pared que Cristina vería en su paso por Luján.

El banderillero: se ofendió cuando alguien osó preguntarle si sabía cuál era el motivo del acto. El señor sabía que su trabajo era otro; que nadie le pidió estudiar la lección de historia. Él tenía que cargar las banderas desde el colectivo hasta la plaza, repartirlas entre los militantes y bregar porque todos los funcionarios vieran que José C. Paz estaba presente.

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