Post elección: tiempo de replanteo.

Por: Carlos Melconian.

Acorde a nuestras estimaciones, la economía está en recesión. Macro, porque lo demuestran dos trimestres consecutivos de caída. Micro, porque cada vez se la puede identificar más en la foto caso por caso. Pero ahora empieza a importar tanto o más cómo sigue la película: la magnitud y duración del frenazo.

En el cuarto trimestre de 2008 el PBI se dio un porrazo muy fuerte. Cayó más de 4% contra el tercer trimestre y dejó de subir en forma interanual, según estimaciones de M&S Consultores. El primer trimestre de 2009 confirmó la recesión. El nivel de actividad siguió cayendo aunque no con tanta fuerza, pero el retroceso interanual se profundiza a caídas del orden del 3%. El segundo trimestre del año luce parecido. Se va a votar con el nivel de actividad golpeado. Y también con la creación de empleos estancada y el desempleo en alza.

Dejando la foto y pensando en la película, la recesión va al ritmo de la desmonetización real de la economía y del derrumbe exportador. O sea, la cantidad de plata en la calle y el volumen de crédito bancario en términos reales (descontada la tasa de inflación) están cayendo fuerte. Al mismo tiempo, la exportación se está desplomando. El meollo de la desmonetización es que el Banco Central compra dólares a cuentagotas y a espasmos o directamente vende. Y ésa es la tendencia que continúa. Mientras que la exportación está parcialmente "compensada" con otro derrumbe, el de la importación. Por lo tanto, hasta que no se revierta este mar de fondo macro, el escenario de que la recesión siga es el más probable. Más allá de la absurda discusión de dos centavitos más o menos del tipo de cambio, la volatilidad en la compra- venta de dólares hace que la economía se siga moviendo con un volumen de liquidez insuficiente al cual al nivel de actividad le costará reponerse. O sea, no se trata sólo de si la presión en el mercado cambiario por el faltante de divisas puede ser relativamente manejada en el corto plazo vendiendo dólares. Se trata de que es una política cambiaria pseudo alimentadora de la recesión.

Por supuesto las responsabilidades son abarcativas. Que en los próximos meses se regenere la liquidez dependerá de lo que pase con cuatro factores clave: i) el mundo, si ayuda o entorpece; ii) la política económica, si pilotea bien la recesión o "se enloquece"; iii) la producción agropecuaria que, en Argentina, es capaz de sacar adelante la economía, y iv) la política, si echa o no más leña al fuego en un año electoral. Si estos cuatro factores juegan a favor en forma simultánea, la recesión podría ser fuerte pero corta, y la salida, vigorosa y rápida. Es lo que pasó en el "post tequila". Por el contrario, si los cuatro factores juegan todos en contra, la recesión será persistente. Es lo que sucedió en 1999-2000.

Parados a hoy, será difícil que el mundo ayude demasiado. En el mejor de los casos habría que contentarse con una mejora moderada. La política económica viene caminando al filo de la navaja. El campo está trabado, en parte por la propia política económica, pero el agro cuenta con potencial para salir si las condiciones internacionales mejoran un poco y el clima ayuda. La política está enrarecida y lo estará aún más a medida que se acerque la elección. En el mejor escenario, hoy el cuadrilátero no parece alinearse a una salida rápida y vigorosa como en 1996. Está con más parecidos a 2000.

Por lo tanto, no puede descartarse que la recesión se prolongue. Y una recesión persistente puede, con el paso del tiempo, ir gestando deterioros que terminen metiendo a la economía en un círculo vicioso que dispare a futuro cimbronazos peores que los de hoy.

El intento del oficialismo de adelantar las elecciones a junio tiene una explicación ciento por ciento económica. La foto de junio será peor que la actual y la de octubre peor que la de junio. No es lo mismo votar con tres trimestres de recesión a cuestas que con cuatro y pico y cuando todavía juega a favor la inercia positiva de los cinco años previos.

El adelantamiento de las elecciones acorta el período de desgaste que arrastra la economía pero también achica los tiempos de definición para el seguro replanteo de la política económica.

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