Se pospone la fiesta de Wall Street, Boudou y los Kirchner

Banqueros y responsables de fondos de Wall Street se relamían con los negocios que pensaban hacer próximamente con el ministro de Economía, Amado Boudou, que anteayer cumplió medio año en el cargo.
En uno de los principales bancos de EE.UU. reconocen que el "único mérito" de Boudou fue haber convencido a los Kirchner de que primero debía reabrir el canje de deuda y, después, volver a endeudarse en el exterior. Asesores de Wall Street observan que, así como Carlos Menem empapeló el mundo con bonos en el final de su gobierno para financiar su anhelo de re-reelección, la presidenta Cristina Kirchner quiere tomar deuda afuera con tal de seguir promoviendo el gasto y lograr así la continuidad de su proyecto político.

No todos en Wall Street, pero más de uno se ilusiona con colocar y con comprar nueva deuda de la Argentina, un país que no les genera negocios desde la crisis de 2001 (con la excepción del canje de 2005). No podrán ganar como en Brasil, donde existen grandes emisiones soberanas y corporativas, fusiones y adquisiciones, pero algo en la Argentina es menos que nada. El problema es que la crisis institucional por la presidencia del Banco Central y el uso de las reservas para pagar deuda pública retrasa la reapertura del canje y la posterior emisión de nueva deuda.

"Les vamos a prestar a los Kirchner y nos van a pagar Cobos o Macri", se ilusionaba una parte de Wall Street (otra seguía escéptica). En Nueva York, algunos están tranquilos porque los Kirchner, con tal de sostener su proyecto político, están dispuestos a seguir gastando, pero sin entrar en default, por temor a que esta opción acabe con su gobierno. Por eso, la Presidenta estuvo dispuesta a pelearse cuatro meses con el campo para aumentarle las retenciones, a anunciar a mediados de 2008 que le pagarían al Club de París y los holdouts con la ilusión de conseguir después fondos (esta idea quedó trunca por la crisis mundial y sólo ahora se resucita), a acabar con las AFJP, a transferir ganancias contables del Banco Central al Tesoro, a ampliar la capacidad de préstamo de la autoridad monetaria y del Banco Nación, a colocar un récord de deuda a organismos públicos, a gastar los derechos especiales de giro que entregó el FMI y a usar las reservas.

El conflicto por el BCRA de esta semana reavivó el debate en los bancos y en los fondos sobre si es posible confiar o no en la Argentina para hacer negocios. Muchos no quieren hacerlos porque recuerdan la fuerte quita de deuda de 2005 y la poda que les propinan los Kirchner en los bonos indexados por la subestimación de la inflación. Por caso, el Royal Bank of Scotland, atribulado por la crisis financiera, advirtió que el seguro antidefault que suponía el Fondo del Bicentenario era algo positivo para los acreedores en el corto plazo, pero en el largo creaba riesgos para sus intereses porque daba rienda suelta al gasto público.

"El pago con reservas era más una señal para seguir bajando el riesgo país", comenta el ejecutivo de un banco europeo desde Nueva York. Más de la mita de la deuda pública está en manos de organismos públicos, se tranquilizan en la Secretaría de Finanzas. En Wall Street consideran que la prima de riesgo comenzó a bajar, es decir, el temor a un default empezó a caer, porque en la economía mundial arrancó la recuperación, EE.UU. mantiene la tasa de interés en cero y hay pocos países que ofrezcan bonos con rendimientos interesantes. También contribuyeron a disminuir algo el riesgo país las señales, algunas de humo, que viene emitiendo Boudou. "Fuimos a la Argentina y volvimos muy positivos -contaba un agente de un fondo de Wall Street que visitó el Ministerio de Economía en septiembre-. Tuvimos una reunión muy explicativa de cómo van a cerrar la brecha fiscal y de que están muy cerca de cerrar con los holdouts y el artículo IV del FMI."

Boudou dio la señal de crear el consejo asesor del Indec, pero no ha normalizado las estadísticas; se acercó a Dominique Strauss-Kahn y recibió al hombre del FMI para la región, Nicolás Eyzaguirre, pero la revisión anual del Artículo IV sigue sin hacerse; prometió arreglar con el Club de París, pero necesitará de un acuerdo con el FMI para reestructurar la deuda con los países acreedores; anunció que "mantendrá" el superávit fiscal, aunque en 2009 hubo déficit; pero dio un paso concreto en la SEC para reabrir el canje. Aún no aclaró cuán generosa o tacaña será la oferta. También anunció el uso de reservas para pagar deuda... Formado en una escuela ortodoxa, Boudou valora la creación de expectativas, quizá más que los hechos, pero el Fondo del Bicentenario puede resultarle un bumerán.

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