Poskirchnerismo a la santafesina

Reutemann apareció recargado. Movió el tablero del peronismo local y ahora empieza a tomar forma un nuevo mapa político en Santa Fe
Qué Nazarena ni Nazarena. Carlos Reutemann se terminó de ganar el título del “chico del verano”, por encima de cualquier otra vedette política y de las otras, con esa conferencia de prensa transmitida en vivo a todo el país en pleno posoperatorio. Más locuaz que nunca, apenas seis horas después de que le desobstruyeran una arteria, el Lole estrenó su condición de opositor hecho y derecho con palos al gobierno que supo acompañar, Binner, los “Rossi brothers”, y hasta lanzó desde el sanatorio el nuevo paro agropecuario con su mensaje a la dirigencia del sector: “Las bases están que arden”.

Tras su salida del bloque oficialista del Senado, Reutemann pretende jugar un nuevo rol en el teatro de la política argentina: el del caudillo federal, una especie de reencarnación de Estanislao López.

Su movida tuvo una impresionante onda expansiva a nivel nacional. Y puso directamente patas para arriba el tablero en la provincia, donde un nuevo mapa político empieza a tomar forma en el justicialismo de cara a las elecciones de legisladores nacionales de octubre de este año.

Los dos peronismos. Todos los esfuerzos de la actual conducción del PJ santafesino por mantener al partido unido se habían articulado alrededor de la oposición al gobierno de Hermes Binner. El portazo del Lole cambia el eje, o al menos agrega otro muy determinante: ahora hay una línea en la que de un lado están los que se plantan contra el gobierno nacional –y “quieren defender los intereses de la provincia de Santa Fe”, según sus palabras– y los que se mantienen fieles al kirchnerismo.

Con este panorama, parece imposible que se llegue a una lista de unidad, a pesar de que en la Casa Rosada hay quienes todavía creen viable un acuerdo con el Lole. Por eso demoran definiciones políticas concretas de cara a los comicios en Santa Fe, una provincia en la que Kirchner se soñó en el tren de los ganadores.

Pero tanto Reutemann como Rossi trabajan sobre la hipótesis de que es muy probable que haya dos listas peronistas que compitan en octubre con la del Frente Progresista, que encabezará Rubén Giustiniani como candidato senador. Uno con más tiempo que el otro.

A Rossi le urgen las definiciones: las demoras de la Rosada alientan los rumores de que se podría bajar de la carrera a cambio de un puesto en el gabinete nacional, puro desgaste para él que repite y repite que va a ser candidato a diputado. En los últimos días movió varias fichas: reclamó con vehemencia que se fije una fecha para la realización de internas y realizó una demostración de fuerza al reunir más de 200 congresales partidarios (en total son 440). El congreso debe definir una cuestión clave: si se va como PJ o como Frente para la Victoria, el sello electoral del kirchnerismo.

Por el contrario, Reutemann no tiene apuro. No irá a internas, porque entiende que es la única instancia en la que corre riesgos frente a Rossi, que aún perdiéndola se aseguraría el tercer lugar en la lista de diputados al obtener la minoría. Y como a diferencia del kirchnerismo, está en proceso de acumulación –por caso, el obeidismo ya avisó que jugará de su lado–, puede esperar hasta el límite. Igual, ya hay quienes arriesgan hasta el nombre de la agrupación por la que competirá en caso de que el Chivo imponga la mayoría que en los papeles tiene en el congreso del PJ: Frente Santa Fe Federal.

La utopía del consenso. Caída la apuesta máxima de Olivos, que era que Reutemann sea candidato a senador y Rossi encabece la lista de diputados, el consenso tiene un margen estrechísimo: Kirchner debería sacrificar al Chivo y negociar con un Lole que dejó en claro que hará campaña contra el gobierno nacional.

Es todo un dilema para el ex presidente. Apostaba a ganador y ahora, si se da lo de las dos listas peronistas, su sector irá por el tercer puesto. ¿Pero va a entregar a su jefe de bloque de diputados nacionales para que los votos que su sector pueda tener se repartan entre quien parece querer encarar el poskirchnerismo dentro del PJ y un candidato decididamente opositor como Giustiniani?

Las encuestas que maneja el rossismo muestran un altísimo nivel de indecisos y le dan 32 por ciento de intención de voto a Reutemann, 19 a Giustiniani y 7 a Rossi. Pero además, en el entorno del diputado hablan de un voto de apoyo a Cristina que no sale en las encuestas y de un sector, incluso peronista, que jamás apoyaría a Reutemann, el preferido del establishment santafesino. Con estos datos se entusiasman hasta con ganarle al Lole en Rosario y estiman que la cosecha provincial podría ser de entre el 20 y el 25 por ciento. Les falta algo central: un candidato a senador. María Eugenia Bielsa es la preferida, aunque no se descarta ni al Tigre Cavallero, cuyo PPS sigue fiel al kirchnerismo.

¿Y si Lole no corre? Varias veces repitió Reutemann que está cada vez más lejos de ser candidato. En rigor parecen fuegos de artificio. El hombre quedó plantado en una posición de fuerza y hace valer que es la única garantía electoral que tiene el justicialismo –kirchnerista o no kirchnerista– para ganarle al socialismo en Santa Fe. Además, está el 2011. Un triunfo lo posicionará para lo que quiera: pelear por la Presidencia e incluso, si vuelve a ver algo que no le gusta, la Gobernación. Aunque tratándose del Lole es difícil saber si le interesa algo de eso. E incluso sin competir en 2009 podría preservarse para dos años después, sin el desgaste que significa ocupar cargos públicos en el marco de una crisis que amenaza con ser fenomenal.

Sus detractores, sin embargo, agregan un dato: la necesidad de conservar fueros, sobre todo cuando su archienemigo Binner le sugiere que vaya a la Justicia para aclarar su rol en el diciembre trágico de 2001 y en las también trágicas inundaciones de 2003 en Santa Fe.

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