Un año no positivo

Hace un año que votamos. Y optamos por un candidato que prometió de todo, recorrió la provincia cinco veces de punta a punta, se sacó fotos instantáneas con la gente a modo de “cheque en blanco” de su gestión, y hasta aseguró que era capaz de bajar un 30% los índices de inseguridad, promesa fallida por la que incluso después pidió perdón. A un año de las elecciones y a poco de cumplir el mismo período de gestión, es poco lo que se ha hecho, sobre todo si se lo compara con lo mucho que prometió.
Un Celso Jaque feliz dejaba Malargüe hace exactamente un año. Ese domingo 28 de octubre, por la mañana, había votado por la Lista 2 del PJ. Y a la tarde se instalaría en Mendoza a disfrutar de las mieles del triunfo electoral más resonante de su carrera, el que lo convertiría en gobernador. Desde aquel día imaginado y soñado por los máximos arquitectos políticos y financistas del peronismo hasta hoy, se produjeron una serie de impericias, desprolijidades, improvisaciones, contradicciones, ocultamientos -cuando no mentiras- y carencias de sentido común, que han cubierto estos diez meses de gestión de una gruesa pátina contra la que las expectativas de los mendocinos han chocado de frente.

En tren de no ser injustos, hay que decir que no son muchos los logros que se le pueden exigir a un gobernante en 10 meses de tarea y a un año de ser votado. Pero sí se le puede pedir un plan, una estrategia, ideas, coherencia, humildad, planificación, y que al menos cumpla parte de lo que ha prometido. Por el contrario, y hasta aquí, Celso Jaque se ha convertido en una desilusión.

La explicación es más o menos sencilla: Jaque no cumplió sus promesas electorales. En este trabajo especial, contrastamos sus “caballitos de batalla” y su plan de gobierno 2007-2011 con la realidad, y el resultado es decepcionante. El gobernador no resultó ser el soplo de aire fresco que necesitaba la política de Mendoza. No está modernizando la provincia, ni sus estructuras económicas, ni el funcionamiento del Estado, ni mejoró las políticas sociales básicas como salud, educación, empleo. Tampoco le dio un grado de madurez a las relaciones con el gobierno federal. Por el contrario, Celso Jaque ha pagado altos costos políticos por alinearse con la presidenta Cristina Fernández y el ex presidente Néstor Kirchner.

Muchos mendocinos esperábamos del gobernador más que lo que exhibe hasta ahora. En diez meses de gobierno podría haber marcado un norte, un destino, en función del que podría haber efectuado reformas, modificado políticas, removido bolsones de ineficiencia. Podría haber ocupado parte de su gestión instrumentando decenas de nuevos proyectos. Y creando nuevos paradigmas a partir de los cuales Mendoza pudiera crecer, destacarse, recuperar el lugar que nunca debió perder.

Poco de eso ha ocurrido

El gobierno de Jaque es conservador en el sentido más estricto de la palabra, porque por inacción acepta el “status quo” en el que las cosas se mantienen como están para que nada cambie. No sólo no ha modificado casi nada, sino que daría la sensación de que apenas está tomando el control de algunas áreas.

La administración Jaque es un gobierno que no arranca, que se devoró la transición, que se dejó cooptar por internas de poderes ajenos a los que la gente votó, que cambió a medio centenar de funcionarios en 10 meses porque no sabe lo que quiere, que no pudo explicar determinados hechos sospechosos, y que no fue capaz de lanzar convocatorias amplias al crecimiento de los mendocinos. Y cuando lo hizo –como en el pacto Social por la Inseguridad- no pasó absolutamente nada. Pareciera que algo tiene maniatado al gobierno, con una Legislatura multicolor, finalmente crítica, con la que tampoco hay muchos puentes tendidos, al igual que con los intendentes, propios y ajenos, atónitos de esta realidad.

El partido del poder lo sabe. Los intendentes lo saben. El nudo central es que el gobernador se de cuenta, y abra los ojos y los sentidos a lo que Mendoza necesita para cambiar el rumbo.

En este trabajo especial, que dividimos en una serie de notas, analizamos la gestión, la transición, la elección, la campaña, y contrastamos cada promesa, cada escenario de aquel octubre, con la realidad mendocina de hoy, surcada además por una crisis global y regional atemorizante, y que requiere de soluciones muy creativas, de una verdadera incubadora de ideas y trabajo consecuente y constante, para que no ocurra un desastre de proporciones con nuestras industrias, nuestros comercios, nuestra agricultura.

Esta impronta de un gobierno sin rumbo, tironeado por sus sectores internos y por las demandas del poder kirchnerista, terminó de empastar los mecanismos de la administración, al no contar con ministros ejecutivos y capaces de resolver problemas. A los inconvenientes en áreas claves como la Dirección General de Escuelas, Salud o Economía, se suman la concentración de tareas y poderes de la Secretaría General, o de Infraestructura, conformando un esquema de gestión desequilibrado, cuyos ejemplos son la más que tardía designación del responsable de la OSEP o la abrupta salida de su ministro de Gobierno, que además es presidente del PJ.

Por estos días y próximo a cumplir un año en el ejercicio de su función, el gobierno debe sumar a todos estos inconvenientes la presencia acechante de una crisis internacional inédita. La provincia, sin embargo, aún no sabe muy bien cómo hacerle frente, más allá de algunas declaraciones oficiales, ni del pobrísimo plan de catorce puntos anunciado días atrás, ni ha planteado cómo resolverá el cierre de mercados externos, o cómo compensará las deficiencias cambiarias, la caída del precio de los commodities y del precio del petróleo. O lo que tal vez es más cercano: cómo mantendrá caliente una economía que se encamina a la recesión.

Bajo estos nuevos desafíos, impensados cuando asumió, y en un contexto político nacional que se puede agravar con la discusión del proyecto oficial de estatización del sistema provisional y el debilitamiento del poder K, Jaque debe imperiosamente concentrar su energía y modificar conductas si quiere encarar con éxito la próxima etapa de su gestión.

La oportunidad

La primera obligación del gobernador, de cara a lo que viene, es construir un proyecto estratégico amplio y serio para insertar a Mendoza en la región y el mundo. Claro, a causa de la crisis global, a la que de paso el gobierno nacional nos ha empujado de golpe, no sabemos con claridad en qué mundo nos va a tocar vivir. Y es por eso que Jaque tiene que convocar a los mejores, salir de la estrechez intelectual de una gestión anodina, incapaz de ejercitar un pensamiento estratégico, y prepararse para ser el piloto de tormentas de la crisis. Al mismo tiempo, debe detectar las oportunidades que van a surgir en el nuevo orden global, en un planeta que –hay que reafirmarlo- necesita alimentos, energía, petróleo, minería, todos bienes de los que Mendoza dispone.

En la etapa que se inicia hoy, el gobierno debe apostar a la educación, a la profesionalización, y al capital humano abundante que tiene esta provincia. Hoy, con un destino global casi incierto, una de las pocas apuestas posibles y firmes que puede hacer el gobierno es mejorar la calidad de la educación, para apostar a la formación más exigente de recursos humanos capacitados y aptos para insertarse en el mundo laboral. En Mendoza son muy pocos los que tienen acceso a Internet, lenguas extranjeras, enseñanza avanzada de las ciencias, y contenidos con alto valor agregado. Hay que extender la base educativa.

Además, las dificultades financieras obligarán a Jaque a ser doblemente eficiente para cobrar los impuestos y gastar los recursos de una manera extremadamente controlada. Tendrá que ser imaginativo y capaz de obtener nuevas fuentes de financiamiento, y canalizar el ahorro mendocino, nacional e internacional hacia la provincia. Necesita atraer las inversiones con mejores condiciones legales, impositivas, y marcos jurídicos apropiados con reglas de juego claras y permanentes, para evitar que colapsen algunas actividades productivas, entre otros motivos, por falta de capital de trabajo, de mercados, de condiciones para crecer.

Entendemos, como entienden la mayoría de los mendocinos, que gobernar una provincia como Mendoza, en la que la riqueza y la desidia han crecido juntos, y donde el poder está repartido y cambia de manos de un día a otro, no es una tarea sencilla. Pero Celso Jaque asumió una serie de compromisos formales con los mendocinos –los que lo votaron y los que no- hace hoy exactamente un año. Y tiene que cumplirlos, hacer su máximo esfuerzo y convertirse en el líder que la provincia le pide que sea. Hasta ahora, ha dilapidado el tiempo con acciones aisladas, descontextualizadas, producto de la falta de equipos capaces y de una gran cuota de improvisación, por un lado, y de sumisión al poder central; por el otro. El gobernador tiene que entender que si no rompe esas ataduras y pasa al frente como corresponde, los mendocinos se lo van a facturar con creces.

Esperemos que cambie, para que algo cambie.

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