El no positivo de Montoya.

Por: Ricardo Roa.

El Gobierno sabía que Santiago Montoya no aceptaba ser candidato ficticio a concejal en San Isidro.

Lo sabía el ministro del Interior porque Montoya se lo transmitió no bien se enteró de que Randazzo estaba ventilando esa movida en la Provincia. Y lo sabía Scioli: Montoya también comunicó su negativa a dos de los ministros más cercanos al gobernador. Todo el mundo K estaba enterado. Pero igual siguieron adelante.Prevalecieron los usos y costumbres de siempre: omnipotencia, obediencia debida y no cambiar el rumbo aunque el viento sople en contra. Lo que nadie calculó fue que el recaudador bonaerense hiciera público su rechazo. Y encima se permitiera criticar el método kirchnerista de no escuchar a nadie.

El relato oficial para la prensa es que Montoya "no actuó con responsabilidad institucional" (Al final, echaron a Montoya por sus críticas al kirchnerismo) Así le llaman no someterse incondicionalmente y sin disensos al proyecto político. Como si fuese muy institucional obligar a Montoya a candidatearse para un cargo que jamás iba a ocupar. A obligarlo sin escucharlo.Está visto que por sobre cualquier cualidad profesional prevalece la subordinación a ultranza. El menú Todos Somos Moreno. El secretario de Comercio que arrasó con el prestigio y las estadísticas del INDEC y que no para de acumular poder pese a que no pueda acreditar solvencia técnica. En siete años de gestión, Montoya se construyó a sí mismo como personaje mediático. Casi un paladín de la lucha contra la evasión. Un tipo audaz al que no le faltaron polémicas ni críticas. Y al que Kirchner nunca quiso. Pero se va con un récord de recaudación en medio de la crisis. Seguro que le sonó a antipremio una concejalía en San Isidro. Y seguro también que el kirchnerismo y el propio Scioli pagarán costos por el despido.

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