Es posible preservar el autoabastecimiento de hidrocarburos

Por Alieto Aldo Guadagni. Ex representante argentino en el Banco Mundial

Si no se invierte en exploración seguirá cayendo tanto la producción de gas como de petróleo, como hemos visto en los últimos años. Ya perdimos la capacidad exportadora y también el autoabastecimiento que apenas nos duró 20 años

En nuestra historia petrolera se destacan tres etapas. La primera se inicia cuando Frondizi asume la Presidencia en 1958 y las importaciones significaban el 60% del consumo total, cuando los militares lo derrocan en 1962 estas importaciones se habían reducido drásticamente ya que apenas representaban el 7% del consumo, gracias a la nueva política petrolera (Frondizi-Frigerio) que en pocos años casi triplica la producción. Pero en los años siguientes trepan los niveles de dependencia de las importaciones que se mantienen hasta la década del ochenta, a partir de cuando comienza, con el Plan Houston de Alfonsín y se consolida con Menem, la segunda etapa de expansión productiva que transforma a nuestro país en exportador petrolero. Hacia fines de los noventa la exportación de petróleo representaba la tercera parte de la producción nacional. El gas también acompañó este proceso de consolidación del autoabastecimiento energético, en el cual la abundancia de las nuevas reservas no solo permitió expandir la penetración del gas en nuestra matriz de consumo energético a uno de los máximos valores mundiales, sino también aportar divisas con exportaciones a países limítrofes.

La tercera etapa, que es la que que hoy vivimos corresponde a la administración Kirchner que implementa una política de estimulo al consumo energético a través de precios subsidiados, pero también de disminución de la producción como de desaliento a la exploración de hidrocarburos. Nuestra producción de petróleo cae desde fines de los noventa (27% de reducción), mientras que la de gas también cae desde el 2004 (4%). Pero la pérdida de reservas es aun más grave, en petróleo la merma equivale a dos años completos de producción (15% del stock) y en gas a casi 7 años de producción (43% del stock). Esta pérdida de reservas no se debe a una maldición geológica, sino que es simplemente el resultado del desaliento por parte del gobierno a la exploración. En los primeros cinco años de la década del noventa se perforaron un promedio anual de 113 pozos exploratorios, en los siguientes cinco años -con precios del petróleo tan bajos como 10 dólares el barril- se perfora un promedio de 75 pozos por año. Pero en el 2007, con muy altos precios por encima de los 100 dólares la perforación exploratoria cae al mínimo histórico de los últimos 30 años con apenas 45 pozos. Esta tendencia de caída en el esfuerzo por buscar nuevas reservas, lamentablemente se acentúa también durante este año, es así que en los primeros nueve meses se llevan perforados apenas 27 pozos. Si no se invierte en exploración seguirá cayendo tanto la producción de gas como de petróleo, como hemos visto viene ocurriendo en los últimos años. Ya hemos perdido nuestra capacidad exportadora pero también el autoabastecimiento que apenas nos duro 20 años. Pero no estamos geológicamente condenados a ese destino de perdida de nuestra seguridad energética, un valor critico en el convulsionado mundo moderno.

Es alentador saber que es posible diseñar una política energética mucho mas sensata que la vigente, para ello es imprescindible instaurar un nuevo régimen institucional previsible y estable, es decir con seguridad jurídica y sin impuestos volátiles que desalienten la producción. La producción de hidrocarburos tiene un alto riesgo geológico, por ello es muy negativo además añadirle un riesgo institucional asociado con la inestabilidad normativa. Hay que convocar a genuinos capitales de riesgo para expandir nuestra frontera de petróleo y gas, pero no tendremos éxito si insistimos con el decadente y arbitrario capitalismo de ‘amigos’, el sendero de la expansión se podrá recorrer únicamente con un capitalismo competitivo y sin manipulaciones, acompañado por un estado con visión estratégica. Reconozcamos que ingresar en una cuarta etapa y remontar nuevamente la cuesta exigirá comprensión del problema y gran decisión política, es decir atributos similares a los del presidente Frondizi en 1958.

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