En Posadas el 35% de la población apenas sabe reconocer las letras

El bajo nivel de escolaridad de estas personas se traduce en escasas posibilidades de tomar empleos genuinos. Viven de changas y subsidios y conforman hogares empobrecidos con niños en riesgo social
Posadas. Sólo en la ciudad capital, el 35 % de la población tiene un pobre nivel educativo o no fue nunca a la escuela. El dato es parte de un informe del Sistema de Información Socioeconómica de la Municipalidad de Posadas (Sisep) sobre la situación educacional de sus habitantes.

Estas personas conforman además hogares empobrecidos; ven estrechadas sus posibilidades de inserción en el mundo del trabajo formal y regularmente se dedican a la changa. Sus hijos almuerzan en comedores y reciben algún subsidio estatal.

“Este deterioro sostenido de la calidad de vida, impacta en la permanencia de los niños y adolescentes en las escuelas, que cada año se ven impelidos del sistema por razones socioeconómicas y culturales”, evidenció Nelly Adorno, trabajadora social que integra el voluntariado en el comedor de la chacra 141, en la zona Oeste.

De esta manera, “el círculo de exclusión e injusticia se repite para los hijos de estas personas que cargan ya con una historia de pobreza y privaciones”, explicó. Es la situación en que viven muchas familias en los barrios, se agrava además cuando se instalan en terrenos ajenos y no pueden acceder a los servicios básicos, “el riesgo sanitario se dispara y en estas cabezas no cabe la preocupación por el estudio porque antes hay que vestirse y mucho antes hay que comer y esto sólo lo puede entender el que tuvo hambre”, señaló.

Oportunidad y esfuerzo

Villa Hollywood, entre Aguado, Ituzaingó, Eldorado y Chacabuco es un barrio entero de obreros de la construcción. Viven alrededor de 220 familias y el 80 por ciento son pobres, mientras que el 65 por ciento recibe planes sociales, según un relevamiento encarado por vecinos del lugar que integran la Asociación Civil Renacer por un Futuro. “El problema del analfabetismo es marcado, somos un barrio de gente que se dedica a la albañilería y por eso también sufre los vaivenes del sector de la construcción que ahora está parado y eso se siente mucho en el barrio”, explicó Rolando Florentín, presidente de la organización civil.

Son las amas de casa las que toman la iniciativa de volver a los libros y es para poder ayudar a sus hijos. Generalmente cuando los chicos alcanzan el segundo grado los papás ya no le pueden ayudar con las tareas, “yo fui a la escuela cuando era chica, pero sólo fue por unos meses, después ya no pude volver, porque en mi casa éramos muchos y había que trabajar y la escuela quedaba lejos”, recordó Irma López (34) mamá de siete hijos que comenzó esta semana a tomar las clases del Plan Nacional de Alfabetización para Jóvenes y Adultos que se dicta en la sede de la ONG.

Rosa Fagundes (38) es también ama de casa y reconoció que estudiar siempre fue en su vida “una deuda pendiente”, dijo. “Pasa que cuando uno es pobre, las cosas son más difíciles, pero aprendí por experiencia lo importante que es estudiar y hoy quiero que mis hijos terminen la escuela para que puedan conseguir un buen trabajo y nadie les haga sentir de menos”.

Las mujeres aseguraron que en el barrio es alto el abandono escolar, “esto se ve llegando a la mitad del año, porque primero empiezan entusiasmados”, dijo Rosa. Adjudican a las historias personales de sus padres que tampoco hicieron la escuela, la irregular situación escolar de los chicos y jóvenes del lugar que se nota en la sobreedad.

El peso de la vergüenza

“Cuando uno apenas se sabe las letras, se siente inferior, siente que lo discriminan”, apuntó Irma. “Por eso muchos papás tienen hasta miedo de entrar a la escuela, de hablar con una maestra y prefieren a veces no mandarlos a estudiar y evitarse la vergüenza de tener que explicar que no saben”, completó.

“Justamente”, comenzó Rosa Pelinski, estudiante de letras y voluntaria del plan alfabetizador: “La vergüenza es un componente que conforma la identidad de los jóvenes y adultos que no fueron a la escuela y cuesta mucho que reconozcan que no saben leer y escribir y pidan ayuda”. En estos casos, son las mujeres, “las más valientes y se animan a enfrentarse con sus miedos y así pueden progresar”.

También Judith Arias, licenciada en tecnología y referente del Plan Familias, asentó: “Estudiar es una deuda consciente para estos jóvenes y adultos que ya formaron familias”. Y agregó, “Pagar esa deuda implica reconocerse con carencias y es un paso superador para no repetir la historia con sus hijos”.

Sin embargo, Arias planteó que hay que liberar a las personas de las culpas y ayudar desde las instituciones a que recuperen su autoestima, “es pesada la carga, son los que deben enseñar a sus hijos y no están en condiciones, pero los padres tienen que darse cuenta de que los chicos pueden ser su apoyo en el estudio”, expresó la docente con trayectoria en escuelas de adultos. “De esta forma se disminuye el riesgo de abandono en chicos en edad escolar”, concluyó.

Puertas cerradas y satélites

Pese a esfuerzos de voluntarios y docentes, el acceso a la educación no está garantizado al total de la población. “Las aulas satélites son una herramienta para acercar la escuela a los lugares donde se la necesita, pero con todo no son suficientes y además con abrir aulas no basta, hay que concientizar a la gente sobre la importancia de estudiar”, subrayó el profesor de matemática, Marcelo Cano.

La Escuela de Adultos 20 de Itaembé Miní tiene aulas satélites en el Porvenir II y en San Isidro. El pasado año, diez alumnos egresaron del EGB 3 y se espera que funcione a partir de este año un programa semipresencial para completar el secundario. “Era gente con ganas de estudiar, pero sin colectivos ni recursos quedaban fuera de la escolaridad”, dijo Arias. “La gran deuda de la educación y especialmente en adultos, es tener la flexibilidad suficiente para trasladarse donde falta”, reflexionó.

“La escuela tiene que ejercer su función liberadora, las personas sin estudios sufren la doble violencia de la pobreza y de la culpa de la pobreza, tiene que devolverle la dignidad junto con el abecedario”, indicó Cano.

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