Vox populi, vox Dei: ¿Qué opinan los juninenses sobre Abel Miguel?

El jueves, mientras todos se preparaban para el brindis de fin de año, La Verdad salió a la calle y realizó una encuesta en la ciudad. Más de la mitad de la muestra está a favor del fallo.
Ahora bien, muchos de esos encuestados que están conformes no se refieren al fallo en si sino a la situación en la que quedó el ex intendente. ¿Qué significa esto? Simple: tienen una buena valoración de la gestión de Miguel y nunca lo consideraron un "ladrón". Aceptan que "puede haber tenido sus cosas" pero, en comparación a otros ejemplares de la política nativa, no es nada significativo.

Conocí a Abel Miguel hace un tiempo, cuando el juicio estaba en su peor momento. Fue el ex intendente quien pidió entrevistarse conmigo. ¿Las razones? Quería que el diario le diera un trato justo (extraoficialmente se quejaba por el tenor de algunas notas). El hombre que gobernó a Junín veinte años se mostró respetuoso y, más allá de "reclamar" en buenos términos un tratamiento objetivo de la información, no hizo ni dijo nada que pudiera incomodarme. De hecho, aunque yo sabía de su disgusto, esquivó cualquier referencia directa al tema y sólo recalcó el asunto de la objetividad. La entrevista duró poco y si bien se lo notaba perturbado por la situación que atravesaba, parecía entero. Me quedó la imagen de un político a la antigua; definición que, según el contexto, puede ser un halago o una crítica feroz.

Primera impresión

Confieso que su tono discursivo me resultó algo "pesado", típico de los hombres públicos que se suben a una tribuna y no paran de hablar (me costó meter algún que otro bocadillo), como si en cada palabra imaginaran un destino de revista Billiken. Claro que entendí que atravesaba una situación compleja y, dentro de ese marco, juzgarlo por su verborragia era una crueldad mayúscula. Desde el punto de vista político, el caso Miguel tiene una enorme trascendencia simbólica. Por un lado, a partir de su absolución se convirtió en uno de los pocos ex funcionarios criollos que tienen certificado de buen comportamiento. Por otro, queda "libre de culpa y cargo" (nunca estuvo detenido) dentro de un país en el que muchas instituciones (la Justicia, por ejemplo) están desacreditadas.

Lo que la gente

piensa de la

Justicia

Y en este punto se plantea una enseñanza brutal para la clase política que, de una u otra forma, contribuyó con ese descrédito: la falta de credibilidad puede volverse en contra. Porque la clave en la recuperación de la imagen del ex intendente absuelto, pasa por decodificar si la gente cree o no en el Poder Judicial (algo parecido les toca a los Kirchner con su declaración de bienes). Si Abel Miguel piensa que ganó la guerra, se equivoca. El mundo que él, en su rol de funcionario público, contribuyó a crear es sinuoso y resbaladizo. ¿Es necesario mantenerse 20 años en el poder? No. Tampoco es serio que nos gobierne un matrimonio. En un punto, ambas cosas se parecen y están bien lejos de contribuir al establecimiento de una sociedad mejor. Si la clase política permanece sin cambiar seguirá metiéndose en problemas. Este fin de año que pasó debe haber sido uno de los mejores en la vida de Abel Miguel. Con el correr del tiempo se dará cuenta de que aún le falta librar la madre de todas las batallas: la opinión pública.

Pero no por haber sido difamado injustamente, sino porque las instituciones (y con ellas la sociedad) atraviesan una crisis de credibilidad salvaje.

Encuesta

Mientras el planeta se disponía a brindar, La Verdad salió a la calle con el objetivo de encuestar a los juninenses y escuchar qué dice la voz del pueblo. Los resultados de la encuesta son relevantes (450 casos, edades entre 20 y 60 años, todos los niveles socioeconómicos). Se realizaron cuatro preguntas básicas:

A) ¿Está conforme con el fallo que absolvió a Abel Miguel?

B) ¿Cree que tiene chances de volver a ser intendente de Junín?

C) ¿Usted lo votaría?

D) ¿Su figura mejoró respecto de la de Mario Meoni?

Conformidad con el fallo:

Vamos primero a los números fríos: el 51% afirma estar conforme con el fallo, un 42% expresa disconformidad y el 7% se niega a contestar. En términos numéricos es una buena performance (especialmente porque la encuesta fue hecha con el fallo aún "caliente"). Más de la mitad de la muestra está a favor del fallo. Ahora bien, muchos de esos encuestados que están conformes no se refieren al fallo en si sino a la situación en la que quedó el ex intendente. ¿Qué significa esto? Simple: tienen una buena valoración de la gestión de Miguel y nunca lo consideraron un "ladrón". Aceptan que "puede haber tenido sus cosas" pero, en comparación a otros ejemplares de la política nativa, no es nada significativo. Además, destacan su rol de "hacedor" que prevalece por sobre cualquier otra cosa.

Intendencia de Junín:

Mientras el 55% afirma que no, un 42% dice que sí (el 3% se niega a contestar). Acá aparece algo muy importante: si bien aquellos que lo votarían siguen siendo "muchos". La realidad es que la gente parece más conforme con la idea de que haya quedado absuelto, que con la idea de que vuelva al poder. Hay una diferencia notoria entre los niveles de conformidad y la visualización de Miguel como futuro intendente.

¿Lo votaría?

De nuevo, el 51 % de los consultados asegura que no (43% sí y 6% no sabe no contesta). ¿En qué se diferencia de la pregunta anterior? Esta última es más personal "usted lo votaría". La referida a la intendencia apunta a lo que se supone pasaría en Junín en caso de que Miguel se postulara.

Con relación a Meoni:

Acá los números cambian mucho. Un 39% dice que no; es decir, que su figura no mejoró en nada con respecto al actual intendente. El 34% opina que sí, que algo mejoró, y un 27% se niega a contestar. ¿Qué supone esto? No hay una fuerte vinculación entre Meoni y Abel Miguel. Sus caminos no parecen cruzarse como en el pasado.

Conclusiones:

Resulta claro que el tiempo dirá. Sin embargo, por lo que se ve hasta ahora, la situación es la siguiente: Independientemente del fallo judicial en si, buena parte de la sociedad juninense considera que el resultado es positivo. ¿Las razones? Teniendo en cuenta su trayectoria, Abel Miguel no merecía semejante escarnio público. Si algo pasó no fue tan grave y el ex intendente tiene bien ganado un "agradecimiento" (observen que la imagen del personaje en cuestión está por encima de la credibilidad o no en el sistema judicial). Sin embargo, en términos de futuro político, el panorama es más complicado. Si el hombre que gobernó dos décadas a la ciudad busca reincidir, deberá remontar una cuesta empinada. La sociedad parece más dispuesta a agradecerle los servicios prestados que a votarlo nuevamente.

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