Del Pont y Boudou ya tienen tarea: frenar la disparada de los precios

Por: Alcadio Oña

El primer, gran cambio que se dice habrá con el "nuevo Banco Central" es que coordinará políticas con el Ministerio de Economía. Claro que eso tiene, en principio, una condición necesaria y hasta ahora ausente: que haya políticas.

Otra es que se admita tocar el riguroso sistema de gestión radial que siempre termina en una persona: obviamente, Néstor Kirchner, el verdadero ministro de Economía. Imposible.

Los ejemplos sobre ese modelo son tantos como cada cual quiera buscar. Pero alcanza con uno reciente. Martín Redrado, entonces jefe del BCRA en funciones, se enteró de que iban a sacar arriba de 17.000 millones de dólares de la entidad cuando la decisión estaba tomada y al filo del anuncio formal. Justo Redrado, que hasta entonces nunca había sido díscolo con las resoluciones del poder político.

No hubo allí que se diga mucha coordinación, sino más de lo conocido. Que el ex presidente pone y saca, mete para adelante o frena, según su parecer. ¿Alguien de verdad cree que esto puede cambiar?

Hay otro ejemplo de lo mismo, todavía caliente. Miguel Pesce supo que había dejado de ser titular interino del Banco Central cuando la Presidenta anunció, por tevé, el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont. Apenas hubo una deferencia tangencial hacia el hombre que en estos días había hecho cuanto se le pidió: después de la noticia, Cristina Kirchner lo llamó para decirle que no existía nada contra él y que no le anticipó la decisión para preservar el secreto.

Pesce jamás podía pretender que le consultasen el cambio. Pero habría sido un gesto de cortesía adelantarle que iban a poner a alguien por encima de él. Nuevamente, el modelo K del destrato. O una teoría conspirativa: que se hubiese sospechado una entente Pesce-Julio Cobos.

Pero si fuese posible cierta articulación entre Amado Boudou y Marcó del Pont, ya pueden arremangarse para encarar un trabajo que urge: controlar la espiral inflacionaria. Que viene en ascenso desde el último trimestre de 2009 y ahora marcha rumbo a la cota del 20 % anual.

Esa tarea implica sintonizar las políticas cambiaria, monetaria, la fiscal y por derivación las tasas de interés. Puesto más clarito: instrumentar una verdadera política antiinflacionaria, hacer lo que hasta ahora no se hizo.

De todos modos, sería un trabajo innecesario: si según el INDEC la inflación ni llega al 8 % anual.

Marcó del Pont es una entendida en la formación de los precios, y ha cuestionado en privado las maniobras del INDEC. ¿Tendrá la misma suerte que Sergio Massa, Boudou o todos los que quisieron meter mano en el organismo? Para el caso de que intente una cosa semejante, el desenlace cae de maduro: seguro que fracasará. Entonces, deberá convivir con el realismo mágico del INDEC.

Si entre Economía y el Central efectivamente hubiese coordinación y políticas coordinadas, hay otro resorte clave e intocable. Es la estrategia fiscal, que Kirchner monitorea al día y consiste en apelar a cuanto recurso haya disponible para sostener el gasto público. Crucial, además, en cualquier plan antiinflacionario.

Otra pata suelta es Julio De Vido. El ministro de Planificación dispone de una caja enorme, administra subsidios por más de 30.000 millones de pesos y teóricamente las tarifas públicas son de su estricta incumbencia. Todo ligado a la inflación.

Aún así, no integra el Consejo Económico. Y como además sus funciones tocan sociedades políticas, De Vido reporta sin escalas a Olivos.

La lista de los ausentes sigue con Débora Giorgi. Es raro un Consejo Económico sin el Ministerio de Industria, así no sea sólo por pura formalidad.

Sin embargo, el caso de Giorgi es nada comparado con otro. Guillermo Moreno se mete en todos los rincones de la economía, hace y deshace según disponga Kirchner. Y hasta se permite decir que el caso Redrado habría salido mejor si lo hubiese manejado él, en vez de Aníbal Fernández.

Seguirá siendo de museo que "el otro yo de Kirchner", como lo llama un ex funcionario que lo enfrentó por el INDEC, depende de Boudou. Todavía puede cliquearse hasta el cansancio Comercio Interior, en el sitio del Ministerio de Economía: no se entra a ningún lugar.

Se sabe: en 2007 Marcó del Pont presentó un proyecto para reformar la Carta Orgánica del Central. No había nada temible, al menos en la letra. Pretendía que la entidad coordinara sus políticas con el Poder Ejecutivo y que, además, se aplicara a sostener en el tiempo un alto nivel de actividad económica.

Es seguro que quien ordenó cajonearlo ahora lo reflote. Y que incorpore el uso de las reservas, ausente en ese proyecto.

Sólo por el ruido que podía meter, Redrado se opuso y convenció a Kirchner. De todos modos, Kirchner estuvo, está y estará en cada paso del Central. Es un jugador empecinado, pero si hay algo a lo que le teme es a las corridas bancarias y a la disparada del dólar.

Marcó del Pont llega al Banco Central con la ventaja de que sus ideas coinciden a pleno con las del matrimonio presidencial. Es una cualidad que sin duda aprecian en Olivos. No es igual, aunque suene parecida, a la que tiene Boudou, un ex ucedé siempre predispuesto a acatar las razones del poder político.

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