El polvorín que precedió a la intervención.

José Domato encabezó tres actos durante su paso por el Gobierno y en todas las oportunidades generó polémica. El 5 de abril de 1988 (la fecha prevista por la Constitución fue postergada por Semana Santa), el justicialista aseveró que Tucumán atravesaba una grave crisis y que la comunidad tenía la sensación de vivir horas de angustia.
Respecto de la gestión de su antecesor, Fernando Riera, la responsabilizó de haber provocado el desorden y la desmesura.

En 1990, la reunión del Senado y de Diputados fue sacudida por el proceso de reforma constitucional, en el que Fuerza Republicana impuso su mayoría en la Convención Constituyente. Domato desconoció la decisión de conformar una sola Legislatura y pidió una semana de plazo para cumplir con el requisito constitucional de abrir el período de sesiones y rendir cuentas.

El 8 de abril, el gobernador acusó a los bussistas de no haber interpretado el mandato histórico para cambiar la Carta Magna y los culpó de imponer y avasallar con sus ideas. FR pidió su renuncia y desde el propio justicialismo le solicitaron que rectifique el rumbo. La crisis se agravó con los meses y derivó en la intervención federal de enero de 1991, año en el que no funcionó el Poder Legislativo.

Penas y alegrías de gobernar

- Vuelta de la democracia. El gobernador Fernando Pedro Riera se presentó ante los diputados y ante los senadores provinciales para abrir el período ordinario de sesiones el 1 de abril de 1984. Habían pasado sólo 100 días desde la vuelta de la democracia por lo que el acto estuvo envuelto en un clima festivo. El caudillo peronista prometió en aquella oportunidad gobernar con un plan de austeridad y firmeza. No obstante, reconoció que el deterioro de Tucumán revestía caracteres dramáticos. Antes de dejar el poder, tres años después, utilizó una expresión similar.

- Después de la intervención. En 1992, Ramón Bautista Ortega volvió al rito de la apertura de sesiones, pero esta vez con el régimen unicameral fijado por la Constitución en 1990. Acompañado por el contexto nacional de los tiempos de la convertibilidad, anunció la privatización de las empresas públicas durante ese año como su principal objetivo y prometió que la inserción en la transformación nacional no se realizaría sobre el hambre y la desocupación de los tucumanos. En abril de 1995, el cantautor cerró su gestión enfrentado con la Legislatura y afirmando que existían “tres Tucumán: el pasado, el presente y el soñado”.

- Entre lagrimas. Antonio Bussi abrió su primer período ordinario de sesiones en 1996. El fundador de Fuerza Republicana cerró su discurso entre lágrimas, después de haber informado que había recibido una provincia endeudada y deficitaria en todos sus niveles. “El desorden es tal que en cinco meses no hemos podido determinar cuál es el monto real de la deuda pública”, afirmó ante los legisladores. Dos años después, desde el mismo lugar y con la voz quebrada, el general retirado negó su renuncia a pocos días del inicio de un juicio político que lo dejaría fuera del cargo por el escándalo de las cuentas suizas. En su última alocución ante la Legislatura, en abril de 1999, Bussi dijo que ninguna gestión fue tan controlada como la suya y reivindicó como logro el haber consolidado la convivencia política.

- El karma de la desnutrición. En abril de 2000, el gobernador Julio Miranda evitó los agravios al pasado, pero instó a trabajar con coraje para reformar la Constitución e incluir la reelección para los cargos electivos. En 2003, el gremialista abrió el último período ordinario de sesiones de su gestión reconociendo errores, pero no falta de compromisos por la crisis que se generó a partir de la muerte de 21 niños por desnutrición.

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