Pollitos en fuga

A Néstor se le van adeptos; al Central, dólares; al pueblo, la seguridad; a los dirigentes, la coherencia. Por Rosa Bertino.
Parece que ya nada puede devolvernos la tranquilidad, personal e institucional. Ciertas cosas que favorecen a la televisión son perjudiciales para la salud. Las malas noticias, por ejemplo, esas que tanta gente gusta ver o leer, suponiendo que siempre le tocarán al de al lado.

Con el asesinato de un decorador y un profesor de gimnasia, ambos en Lomas del Mirador (Gran Buenos Aires), marzo impuso un clima de desgracia más apremiante que el eternizado conflicto campo-Gobierno nacional.

Por motivos insondables para el gran público, varios programas periodísticos y noticieros centrales creen que el único problema que tiene este país es el desencuentro entre la Mesa de Enlace y los Kirchner. La semana pasada volvieron a darle más espacio visual que al ingente drama de Tartagal, que tuvo que conformarse con un bloquecito entre declaraciones de Eduardo Buzzi (Federación Agraria) y Hugo Biolcati (Sociedad Rural).

Luego de la reunión oficial, de la cual participó de manera inesperada la Presidenta, sólo Palabras más/Palabras menos y un poquito de A dos voces (ambos por TN, televisión por cable) desafiaron el esquema que desde hace rato favorece al agro.

En el primero, Elisa Carrió minimizó el acuerdo porque “es lo que ya habían pactado Biolcati y (el ministro Julio ) De Vido”. Ante lo cual Marcelo Zlotogwiazda le hizo la pregunta que alguien tenía que hacerle a la oposición: “Si se eliminan las retenciones, ¿qué va a pasar con la economía?”. “Volveremos al déficit fiscal”, admitió Lilita, muy a su pesar, porque ella también prefiere abonar la teoría subliminal de “se van los Kirchner y esto será un jardín de rosas”. Cachito de espinas le van a quedar al jardín.

Verdes por las nubes. La opinión pública no ve la hora de que se terminen el problema del campo, los cortes en Gualeguaychú y el estupor actoral de Mariano Martínez, pero por razones que tienen que ver con el malestar general. Desearía ver otras caras, escuchar otras voces, algo que perfile una candidatura en serio y, sobre todo, un proyecto de país.

La crisis internacional y la inestabilidad local hacen que el dólar trepe más rápido y alto que María del Luján Telpuk, la vigilante que hizo carrera encontrando dólares venezolanos en una valija... y desnudándose después.

La fuga de divisas y capitales tiene preocupado al Gobierno, en especial a Néstor Kirchner, a quien además se le rajan los adeptos de otrora. En realidad, vienen a ser más o menos los mismos que antes se pasaron del menemismo y el duhaldismo al kirchnerismo, cuando el barco justicialista hacía agua bajo el peso de fundadas sospechas de corrupción y de un “punterismo” enfermizo en el conurbano bonaerense. O sea que hoy por éste, mañana por el que sea. Como dijo el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández en su reaparición televisiva: “Yo entiendo que Felipe (Solá) se aleje del oficialismo. Pero… ¿cambiarlo a Kirchner por (Mauricio) Macri?”.

Vidas por el suelo. Ni siquiera el dólar o los despidos tuvieron la preponderancia que nuevamente alcanzó la inseguridad.

Sin estadísticas ciertas, cunde la presunción de que en Argentina mueren dos personas por día en hechos de violencia delictiva. Dos inocentes, desde luego, como destacó en forma tácita Susana Giménez al pedir la pena máxima para los que matan. Tras sus polémicos dichos, proferidos al calor del asesinato de su decorador y amigo Gustavo Lanzavecchia, el mundillo mediático convirtió a la diva en un remedo de Juan Carlos Blumberg.

La Presidenta tomó el guante, renegando de la pena de muerte, obvio, pero de paso les dijo a los jueces que se pongan las pilas. Ahí nomás saltó Carmen Argibay, de la Corte Suprema de Justicia, diciendo que con este presupuesto y tan pocos magistrados no se pueden hacer milagros.

Por detrás de este escenario, Nelson Castro entrevistó a dos madres del paco. Sin titubear, una de ellas defendió la justicia por mano propia para con los distribuidores de la pasta base de cocaína (paco). “Yo le dije, a esa mujer: así como vos me matás a mi hijo, yo voy a matar uno por uno a los tuyos”.

Como no es Susana Giménez, ningún biempensante se atrevería a criticar tamañas declaraciones. Pero esa madre no es Susana Giménez sólo porque vive en una villa miseria y no se tiñe de rubio.

No tiene lujosos autos con patente dudosa, ni se ampara en obras de caridad, ni acapara toneladas de soja esperando que aumente el precio o afloje el Gobierno. En los países donde hay seguridad, la plata es más limpia.

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